Lección 8 Edición Adultos: “La esperanza del Nuevo Testamento” Para el de 19 Noviembre de 2022

Cuarto Trimestre de 2022

“La esperanza del Nuevo Testamento”

Lección 8 :- Para el 19 de Noviembre de 2022

Sábado 12 de noviembre

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: 1 Corintios 15:12–19; Juan 14:1–3; Juan 6:26–51; 1 Tesalonicenses 4:13–18; 1 Corintios 15:51–55.

PARA MEMORIZAR:
“Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida” (1 Juan 5:11, 12). Aunque escribieron en griego, todos los autores del Nuevo Testamento (salvo Lucas) eran judíos, y abordaron la naturaleza del ser humano desde la perspectiva holística hebrea bíblica, no desde la perspectiva pagana griega. Por lo tanto, para Cristo y los apóstoles, la esperanza cristiana no era algo nuevo, sino la prolongación de la antigua esperanza ya impulsada por los patriarcas y los profetas. Por ejemplo, Cristo mencionó que Abraham vio y se gozó de ver su día (Juan 8:56). Judas declaró que Enoc profetizó acerca de la Segunda Venida (Jud. 14, 15). Y los héroes de la fe esperaban una recompensa celestial que no recibirían hasta que nosotros recibiéramos la nuestra (Heb. 11:39, 40). Esta declaración no tendría sentido si sus almas ya estuvieran con Dios en el cielo.

Al enfatizar que solo los que están en Cristo tienen vida eterna (1 Juan 5:11, 12), Juan refuta la teoría de la inmortalidad natural del alma. Efectivamente, no hay vida eterna sin una relación salvífica con Cristo. Por ende, la esperanza del Nuevo Testamento es una esperanza cristocéntrica, y la única esperanza de que esta existencia mortal algún día llegue a ser inmortal.

 

Domingo 13 de noviembre
ESPERANZA MÁS ALLÁ DE ESTA VIDA
Herodoto, el antiguo historiador griego (siglo V a.C.), escribió sobre una tribu que, con cada nacimiento, iniciaba un período de duelo porque anticipaban el sufrimiento que enfrentaría el bebé si llegaba a adulto. Aunque este ritual nos pueda parecer extraño, tiene cierta lógica. Milenios después, un anuncio en Estados Unidos a principios del siglo XX decía: “¿Por qué vivir, si te pueden enterrar por diez dólares?” La vida puede ser bastante difícil, lo sabemos, incluso si creemos en Dios y en la esperanza de la Eternidad. No obstante, imagínate lo difícil que es para quienes no tienen ninguna esperanza más allá de la corta (y a menudo problemática) existencia en este mundo. Más de un escritor secular ha comentado sobre la falta de sentido de la existencia humana, ya que no solo morimos, sino además todos vivimos sabiendo que vamos a morir. Y ser consciente de esto es lo que hace que todo el proyecto de la vida humana, que en sí es duro y doloroso a veces, parezca nulo y sin valor. Un pensador hizo alusión a la humanidad como meros “trozos de carne en mal estado sobre huesos que se desintegran”. Bastante macabro, pero, de nuevo, es difícil discutir con su lógica.

Por supuesto, en contraste con todo esto, tenemos la promesa bíblica de la vida eterna en Jesús. Y esa es la clave: tenemos esta esperanza en Jesús y lo que nos ofrece su muerte y su resurrección. Por lo demás, ¿qué esperanza tenemos? Lee 1 Corintios 15:12 al 19. ¿Cuál es el mensaje de Pablo? ¿Cuán estrechamente relacionada está la resurrección de Cristo con la esperanza de nuestra propia resurrección?

Pablo es explícito: nuestra resurrección está inseparablemente ligada a la resurrección de Cristo. Y, si no resucitamos, entonces significa que Cristo no resucitó, y si Cristo no resucitó, entonces, ¿qué? “Vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados”. En otras palabras, cuando morimos seguimos muertos, y para siempre, y por lo tanto, todo es absurdo. Pablo prácticamente dice eso en 1 Corintios 15:32: “Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos, porque mañana moriremos”. Si nuestra existencia actual como protoplasma compuesto básicamente de carbono es todo lo que hay, y nuestros “setenta años” (Sal. 90:10) –con suerte, más, si no fumamos ni comemos demasiadas hamburguesas de McDonald’s– es todo a lo que alguna vez apuntamos llegar, estamos muy mal. No es de extrañar que Elena de White agregue: “El cielo es de mayor valor para nosotros que cualquier otra cosa; y si perdemos el cielo, hemos perdido todo” (HHD 351).

Piensa en lo preciosas que son nuestra esperanza y nuestra fe. ¿Por qué debemos hacer todo lo posible, por la gracia de Dios, para conservarlas?

 

Lunes 14 de noviembre
“VENDRÉ OTRA VEZ”
Lee Juan 14:1 al 3. Ya han pasado más de dos mil años desde que Jesús prometió volver. ¿Cómo podemos ayudar a otros a ver que, a pesar de la gran cantidad de tiempo (que, en realidad, no importa), esta promesa es relevante incluso para nuestra generación, tan distante de la época en que Jesús la pronunció? Cuatro veces en el libro de Apocalipsis Jesús declaró: “Yo vengo pronto” (Apoc. 3:11; 22:7, 12, 20). La expectativa de su pronta venida impulsó la misión de la iglesia apostólica y llenó de esperanza la vida de incontables cristianos a lo largo de los siglos. Pero, ha muerto generación tras generación, y este evento prometido aún no sucedió. Y así, muchos se preguntan: ¿Cuánto tiempo más tendremos que predicar que “Jesús viene pronto”? Estas palabras ¿han generado una expectativa poco realista? (Ver 2 Ped. 3:4.)

Muchos cristianos se han quejado de la larga “demora” (comparar con Mat. 25:5). Pero ¿cómo sabemos, de hecho, que se trata de una larga “demora”? ¿Cuál habría sido el momento “adecuado” para la venida de Cristo? ¿Hace 50 años, 150, 500? Lo que realmente importa es la promesa bíblica de que “el Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Ped. 3:9). A pesar de que han pasado tantos siglos desde que Jesús ascendió, la promesa de su venida continúa siendo relevante, incluso en la actualidad. ¿Por qué? Porque todo lo que tenemos es una vida corta (Sal. 90:10), seguida de un descanso inconsciente en la tumba (Ecl. 9:5, 10), y luego la resurrección final, sin ninguna oportunidad posterior de cambiar nuestro destino (Heb. 9:27). En cuanto a los muertos (como se indica en la lección 3), debido a que todos duermen y están inconscientes, para ellos la segunda venida de Cristo ocurre apenas un momento después de que mueren. Para ti, en tu experiencia personal (al igual que para todo el pueblo de Dios de todas las épocas), el regreso de Cristo está a un instante de tu muerte.

Eso es dentro de muy poco tiempo, ¿verdad? Cada día que pasa nos acercamos más a la gloriosa aparición del Señor Jesucristo en las nubes del cielo. Aunque no sabemos cuándo vendrá exactamente, podemos estar seguros de que lo hará, y eso es lo que realmente importa. En un sermón, un pastor argumentó que no le importaba cuándo sería la venida de Cristo; todo lo que le importaba era que Cristo viniera. ¿Cómo funciona esa lógica para ti, y cómo podría ayudarte si estás desanimado porque Cristo aún no volvió?

 

Martes 15 de noviembre
“YO LE RESUCITARÉ”
En uno de sus milagros, Jesús había alimentado a cinco mil personas con solo una pequeña cantidad de pan y pescado (Juan 6:1-14). Al darse cuenta de que la multitud tenía la intención de proclamarlo rey (Juan 6:15), Jesús navegó con sus discípulos al otro lado del mar de Galilea. Pero, al día siguiente, la multitud lo siguió hasta allí, donde él pronunció su poderoso sermón sobre el Pan de vida, con especial énfasis en el don de la vida eterna (Juan 6:22-59).

Lee Juan 6:26 al 51. ¿Cómo relacionó Jesús el don de la vida eterna con la resurrección final de los justos? En su sermón, Jesús destacó tres conceptos básicos en cuanto a la vida eterna. En primer lugar, se identificó como “el pan […] que descendió del cielo y da vida al mundo” (Juan 6:33, 58). Al declarar “Yo soy [griego egō eimi] el pan de vida” (Juan 6:35, 48), Jesús se presentó como el gran “YO SOY” del Antiguo Testamento (Éxo. 3:14). En segundo lugar, Jesús explicó que podemos obtener vida eterna en él: “El que a mí viene” y “el que en mí cree” tendrá esta bendición (Juan 6:35). Y finalmente, Jesús vinculó el don de la inmortalidad con la resurrección final, al asegurar tres veces a su audiencia: “Y yo le resucitaré en el día postrero” (Juan 6:40, 44, 54).

Jesús también hizo esta asombrosa promesa: “De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna” (Juan 6:47). Por lo tanto, el don de la vida eterna ya es una realidad presente. Pero esto no significa que el creyente nunca morirá, porque la misma expresión “le resucitaré” (Juan 6:40) implica volver a vivir después de haber estado muerto. La imagen es clara. Sin Cristo, no tenemos vida eterna. Pero, aun después de aceptar a Cristo y tener la seguridad de la vida eterna, por ahora continuamos siendo mortales y, por ende, sujetos a la muerte natural. En la Segunda Venida, Jesús nos resucitará, y en ese mismo momento nos dará el don de la inmortalidad, que ya era nuestro. La garantía de este don no proviene de una supuesta inmortalidad natural del alma, sino de la justicia de Jesús que recibimos por la fe en él. ¡Medita sobre las palabras de Jesús de que, si crees en él, tienes (ahora mismo) vida eterna! Esta maravillosa promesa, ¿cómo puede ayudarte a afrontar la dolorosa realidad de nuestra mortalidad actual, aunque solo sea temporal?

 

Miércoles 16 de noviembre
AL SONIDO DE LA TROMPETA
Los tesalonicenses estaban convencidos de que se concedería vida eterna exclusivamente a quienes permanecieran vivos hasta la Segunda Venida. “Habían protegido cuidadosamente la vida de sus amigos para que no murieran y perdieran la bendición que ellos esperaban recibir al venir su Señor. Pero sus amados, uno tras otro, les habían sido arrebatados; y con angustia los tesalonicenses habían mirado por última vez los rostros de sus muertos, atreviéndose apenas a esperar encontrarlos en la vida futura” (HAp 212). Lee 1 Tesalonicenses 4:13 al 18. ¿Cómo corrigió Pablo este concepto erróneo? Existe una tendencia histórica a leer en la expresión “traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él” (1 Tes. 4:14) más de lo que dice el texto. Muchos que aceptan la teoría de la inmortalidad natural del alma sugieren que Cristo, en su segunda venida, traerá consigo del cielo las almas de los justos muertos que ya están allí con Dios, para que esas almas pueden reunirse con sus respectivos cuerpos resucitados. Pero esa interpretación no armoniza con las enseñanzas generales de Pablo sobre el tema.

Lee las palabras de este teólogo no adventista sobre el verdadero significado de este versículo: “La razón por la que los cristianos tesalonicenses pueden tener esperanza mientras lloran por los miembros muertos de su iglesia es que Dios los ‘traerá’, es decir, resucitará a estos creyentes fallecidos y hará que estén presentes en el regreso de Cristo, de modo que estarán ‘con Jesús’. La implicación es que estos creyentes fallecidos no tendrán ningún tipo de desventaja en la parusía de Cristo, sino que estarán ‘con Jesús’ de tal manera que compartirán por igual con los creyentes vivos la gloria vinculada con su regreso” (J. A. D. Weima, 1–2 Thessalonians, Baker Exegetical Commentary on the New Testament, p. 319). Si las almas de los justos muertos ya estuvieran con el Señor en el cielo, Pablo no hubiese necesitado mencionar la resurrección final como la esperanza cristiana; podría haber mencionado que los justos ya estaban con el Señor. Sin embargo, explica que “los que durmieron en él” (1 Tes. 4:14) resucitarían de entre los muertos al final de los tiempos.

La esperanza en la resurrección final llevó consuelo a los afligidos tesalonicenses. La misma esperanza puede ayudarnos a afrontar con seguridad los dolorosos momentos en los que las frías garras de la muerte nos arrebatan a nuestros seres queridos.

 

Jueves 17 de noviembre
EL ENCUENTRO ETERNO
Lee 1 Corintios 15:51 al 55. ¿Qué “misterio” (1 Cor. 15:51) está explicando Pablo? Algunos predicadores populares sugieren que este “misterio” (1 Cor. 15:51) es el “rapto secreto” de la iglesia, que ocurrirá siete años antes de la gloriosa segunda venida de Cristo. En este “rapto secreto”, los cristianos fieles son llevados al cielo en forma repentina, silenciosa y secreta, mientras que todos los demás permanecen aquí preguntándose qué les sucedió. Hay gente que podría ir en un automóvil y de repente descubrir que se quedó sin conductor, porque este fue arrebatado al cielo, y todo lo que “queda es su ropa”. La exitosa saga Left Behind [Dejados atrás], de 16 tomos, que se convirtió en cuatro películas, promovía esta falsa enseñanza, y expuso a millones a ella.

Por supuesto, ningún pasaje bíblico respalda una distinción tan artificial entre el rapto y la Segunda Venida. El “misterio” al que se refiere Pablo es simplemente la transformación de los justos vivos, que se unen a los justos resucitados en la segunda venida de Cristo. Este es el “rapto”. No hay un “rapto secreto” porque la Segunda Venida será visible para todos los seres humanos vivientes (Apoc. 1:7). Y, tanto la resurrección de los muertos como la transformación de los vivos ocurrirán al sonido de la trompeta en la venida de Cristo (1 Cor. 15:51, 52).

La segunda venida de Cristo dará lugar al encuentro más asombroso que jamás haya existido. Los justos vivos son transformados “en un momento, en un abrir y cerrar de ojos” (1 Cor. 15:52). A la voz de Dios, son glorificados; ahora se vuelven inmortales, y con los santos resucitados son arrebatados para encontrarse con su Señor en el aire. Los ángeles “juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro” (Mat. 24:31). “Santos ángeles llevan niñitos a los brazos de sus madres. Amigos, a quienes la muerte separó por largo tiempo, se reúnen para no separarse nunca más, y con cantos de júbilo ascienden juntos a la ciudad de Dios” (CS 628). Esta es una promesa tan asombrosa, algo tan diferente de todo lo que conocemos, que es difícil de comprender. Pero, piensa en la inmensidad del cosmos, así como en la increíble complejidad de la vida aquí. La Creación misma da testimonio del asombroso poder de Dios. ¿Qué nos enseña todo esto sobre el poder de Dios para transformar a los vivos y resucitar a los muertos en la segunda venida de Jesús?

 

Viernes 18 de noviembre
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Lee Elena de White, Los hechos de los apóstoles, “Las cartas a los tesalonicenses”, pp. 191-200; Llamamiento a alcanzar una norma más alta”, pp. 231-240. “Los romanos”, escribió Stephen Cave, “eran muy conscientes de la creencia de los cristianos de que algún día resucitarían físicamente de la tumba, y hacían todo lo posible para burlarse y obstaculizar esas esperanzas. Un informe de una persecución en la Galia en 177 d.C. registra que a los mártires primeramente los ejecutaban, luego dejaban pudrir los cadáveres sin enterrar durante seis días antes de quemarlos y arrojar las cenizas al río Ródano: ‘Ahora veamos si resucitan’, se informa que decían los romanos” (S. Cave, Immortality: The Quest to Live Forever and How It Drives Civilization, pp. 104, 105).

Esta pequeña lección objetiva sobre escepticismo teológico, aunque es dramática, no viene al caso; no demostró nada sobre la promesa bíblica de la resurrección. El Poder que resucitó a Jesús de entre los muertos también puede hacer lo mismo por nosotros, independientemente del estado en que se encuentre nuestro cuerpo. Al fin y al cabo, si ese mismo Poder creó el cosmos infinito y lo sostiene, ciertamente podría transformar a los vivos y resucitar a los muertos. “ ‘También traerá Dios con él a los que durmieron en Jesús’, escribió Pablo. Muchos interpretan este pasaje como si significara que los que duermen serán traídos con Cristo desde el cielo, pero según Pablo, como Cristo se levantó de los muertos, así Dios traerá de sus tumbas a los santos que durmieron, y los llevará con él al cielo. ¡Qué precioso consuelo! ¡Qué gloriosa esperanza!, no solo para la iglesia de Tesalónica, sino también para todos los cristianos dondequiera que estén” (HAp 194).

 

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. Alguien dijo: “La muerte acaba contigo. […] La aniquilación total, que no deja vestigios de nada, contribuye en gran medida a destruir el significado de la vida”. Y tiene razón. Entonces, ¿qué esperanza tenemos contra ese sinsentido en nuestra vida?
  2. ¿Cómo podemos armonizar la necesidad de crecer hacia la perfección (Fil. 3:12–16) con el hecho de que solo en la segunda venida de Cristo recibiremos una naturaleza incorruptible y sin pecado (1 Cor. 15:50–55)?
  3. ¿Cómo podríamos ayudar a alguien atrapado en la idea del “rapto secreto” a ver por qué esta enseñanza es incorrecta?
  4. Vuelve a leer 1 Corintios 15:12 al 19. Estos versículos ¿qué poderosa evidencia presentan de la enseñanza de que los muertos duermen, y no están arriba, en el cielo, con Jesús? ¿Qué sentido tienen estos versículos, si los justos muertos efectivamente estuvieran en el cielo con Jesús ahora?
Radio Adventista
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