Lección 7 Edición Maestros – Tu amor es grande hasta los cielos – Sábado 17 Febrero 2024

RESEÑA

Textos clave: Salmos 51; 103; 113; 123; 130; 136.

La definición de la palabra misericordia, según el Oxford Language Dictionary, es la siguiente: “Compasión o perdón mostrados hacia alguien a quien se tiene el poder de castigar o dañar”. Los ejemplos bíblicos citados anteriormente reflejan esta definición.

La misericordia es una palabra asombrosa que inspira esperanza y motivación al espíritu humano. Cualquiera que sufra las consecuencias de las malas decisiones siente que el aplastante peso de la culpa se disipa cuando se le muestra misericordia y gracia. Cuando se amplía un plazo o se perdona una deuda, experimentamos un alivio y una gratitud abrumadores ante la misericordia ofrecida.

Esta semana, aprenderemos acerca de la misericordia del Creador, tal como se revela en seis salmos diferentes. En los salmos, la misericordia está representada en su manifestación más elevada: la misericordia del Santo hacia el pecador, la misericordia de un Dios dispuesto a perdonar y redimir por su gracia.

Cuando leemos estos seis salmos en el hebreo original, descubrimos que los salmistas usaron cuatro palabras hebreas diferentes para referirse a lo que llamamos “misericordia”. Entender estas cuatro palabras y sus implicaciones nos dará una comprensión más profunda del amor de Dios. Al examinar estos términos hebreos, reflexionemos sobre la manera en que las percepciones que nos ofrecen mejoran nuestro concepto personal de “misericordia”.

 

COMENTARIO

Hesed

Hesed es la palabra hebrea más utilizada para “misericordia” en el Antiguo Testamento. Se entiende mejor como “bondad amorosa”. Salmo 109:12 y 16 relaciona hesed con la compasión hacia los pobres, los huérfanos y los necesitados. Debido a que Dios salva a su pueblo de desastres y opresores, el salmista alaba su nombre por sus acciones misericordiosas (Sal. 31:7, 21; 32:10; 57:3; 59:10; 94:18; 143:12).

Con este contexto en mente, comencemos nuestro estudio de hesed, o misericordia, viendo cómo se relaciona con la liberación. El salmista pide misericordia durante la calamidad, la persecución, el peregrinaje por el desierto, la enfermedad, la tormenta o la esclavitud (Sal. 57:1-4; 23:6; 40:11). El narrador de Salmos también considera hesed como un poder liberador, o como la capacidad de liberar (Sal. 31:17; 94:18; 109:26; 62:12, 13; 59:11, 17, 18). Por ende, hesed es, en esencia, el acto redentor de Dios en favor de su pueblo. En Salmo 119, el autor pide a Dios que lo perdone o lo libre según su hesed (Sal. 119:88, 149, 159).

También vemos que hesed se utiliza en relación con la protección. En Salmo 36:10 y 11 y 32:10, el autor pide hesed, o la protección de Dios, contra los impíos y los arrogantes. Hesed también se identifica con la fidelidad de Dios (ver Sal. 85; 90).

Además, en Salmo 6:4, hesed salvaguarda la existencia. En otros lugares, el salmista apela al Señor para que lo preserve (Sal. 119:88, 149), reconociendo sus amorosos preceptos como un factor importante en la preservación y la restauración de la vida (Sal. 119:159).

Por último, hesed es eterna (Sal. 89:2, 28, 33; 103:17; 117:2; 138:8) porque forma parte del carácter del Todopoderoso. Esta seguridad es una buena noticia para el creyente. “Porque el Señor es bueno, su amor es para siempre; su fidelidad por todas las generaciones” (Sal. 100:5; ver Sal. 106:1; 107:1).

Los salmos también nos dicen que el que pide el hesed de Dios está en buena relación con él. Los creyentes deben expresar confianza en Dios (Sal. 31:14, 17; 119:41, 42; 143:8) y esperanza (Sal. 33:18, 22; 147:11) para llegar a ser los receptores de su misericordia. La misericordia de Dios se concede a los que esperan en el Señor. Además, la fe es una condición para recibir la hesed de Dios.

Raham

Salmo 51:1 utiliza tres palabras para referirse a la misericordia:

“Dios, ten compasión [hanan] de mí, Conforme a tu amante bondad [hesed]. Conforme a tu inmensa ternura [raham], Borra mis transgresiones”.

Raham procede de un sustantivo hebreo que significa “matriz, vientre” (Gén. 29:31; Sal. 22:9), una palabra que contiene en sí la idea del tierno cuidado de una madre hacia su bebé (ver Job 24:20). Raham también representa una emoción que contrasta con la ira (Amós 1:11; Zac. 1:12-17). Esta emoción es una bondad que excede con mucho lo que alguien merece (Gén. 43:14; 1 Rey. 8:50). En este contexto, raham significa “mostrar compasión, favor” (Neh. 1:11; Sal. 106:46), como cuando alguien con poder en una posición superior decide mostrar favor a un subordinado. Esta explicación es la quintaesencia de la misericordia de Dios hacia nosotros.

La misericordia de Dios “significa una afectuosa compasión, una compasión que va más allá, que está dispuesta a perdonar el pecado, a sustituir el juicio por la gracia” (New International Dictionary of Old Testament Exegesis [Grand Rapids, MI: Zondervan, 1997], t. 3, p. 1091). Es más, el Señor muestra su compasión a aquellos que han sido afectados por el pecado y que le han fallado. Aunque no somos merecedores de su misericordia, él nos eleva por su gracia y nos restaura a su favor.

Hanan

Hanan es un verbo que significa “favorecer, ser misericordioso, generoso, apia- darse de alguien”. Por lo general, hanan se usa en el modismo “hallar favor a los ojos” de otra persona (Gén. 30:24; 39:7; Rut. 2:13; 1 Sam. 20:3). Este significado se aplica a la relación entre Dios y su pueblo. Hanan se utiliza principalmente con Dios como sujeto. Revela la disposición y las acciones de Dios hacia sus criaturas. Dios concede libremente su favor a quienes lo desean (Gén. 6:8, 9; Prov. 3:3, 4; Isa. 30:19), pero puede retener su gracia cuando se rechaza su ofrecimiento (Jer. 16:13) o cuando no hay indicios de arrepentimiento por parte de su pueblo (Neh. 9:17, 31).

Es frecuente encontrar en los salmos la súplica “ten misericordia de mí” (Sal. 4:1). El salmista hace esta súplica porque sabe que el Señor es misericordioso (Sal. 86:15-17) y escucha las súplicas del creyente (Sal. 6:9; Sal. 28:2, 6). El Creador proporciona graciosamente alimento (Sal. 111:4, 5), una buena cosecha (Sal. 67:1), vindicación (Sal. 103:6-8) y, especialmente, como hemos estudiado esta semana, perdón (Sal. 51:1; 123:3).

Veamos Salmo 103 para considerar lo que el salmista tiene que decir acerca de la naturaleza de la misericordia del Señor:

Compasivo [raham] y clemente [hanan] es el Señor, Lento para enojarse, y grande en amor [hesed]. No siempre reprende, ni guarda el enojo para siempre. No nos trata como merecen nuestras iniquidades, Ni nos paga conforme a nuestros pecados (Sal. 103:8-10).

Como vemos, el Salterio nos enseña que el amor de Dios es compasivo, tierno, ilimitado e infinito.

¿Cómo manifiestan y demuestran los seguidores de Dios su misericordia hacia los demás? El Salterio utiliza hanan para reflejar la bondad de una persona hacia su prójimo; concretamente, al ayudar a los pobres (Prov. 28:8), mostrar compasión por los que sufren (Job 29:21) y cuidar de los ancianos (Deut. 28:50). Estas acciones no son aisladas, sino una forma de vida para el creyente consagrado (Prov. 14:21).

Los salmos delinean claramente la expectativa divina de que los seguidores de Dios sean misericordiosos, pues “el justo es compasivo y da” (Sal. 37:21, NBLA), y “en todo tiempo es compasivo y presta” (Sal. 37:26). Tal espíritu de generosidad caracteriza típicamente a los justos (Sal. 112:4, 5). La lección es clara: debemos ser bondadosos con los demás si queremos que Dios sea misericordioso con nosotros. Como dice Salmo 123:2:

Como los ojos del siervo miran a la mano de su señor, Y los ojos de la sierva a la mano de su señora, Así nuestros ojos miran al Señor, nuestro Dios, Hasta que tenga misericordia [hanan] de nosotros.

Selihah

“Hay perdón [selihah] en ti” (Sal. 130:4). Esta expresión procede del verbo hebreo salah (“perdonar, absolver”). El Señor es el único sujeto de este verbo en todo el Antiguo Testamento. Selihah significa que el perdón es un acto realizado únicamente por Dios. El fundamento de este perdón es la misericordia del Señor (Sal. 86:5).

Salmo 25:11 al 18 afirma que el perdón es la eliminación de los pecados. Daniel añadiría que el perdón también incluye evitar el castigo por el pecado (Dan. 9:16).

Éxodo 34:6 al 9 nos recuerda que “¡Dios [es] compasivo [raham] y bondadoso [hanan], lento para la ira, y grande en amor [hesed] y fidelidad! Que mantiene su invariable amor a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y no da por inocente al culpable”. Así, David dice que el perdón requiere confesión de culpa (Sal. 32:2-5). El Salterio también relaciona “perdón” con otras palabras, como “purificar o limpiar” (Sal. 51:2), “esconder” (Sal. 51:9) y “restaura[r]” (Sal. 103:3).

Imbuido de un espíritu de contrición y humildad, el salmista implora perdón a Dios con la plena seguridad de que su pecado será eliminado (Sal. 25:11-18). El salmis- ta alaba a Dios porque ha sido absuelto (Sal. 103:3, 4). Así, podemos concluir que el perdón llega a la humanidad solo por causa de la hesed de Dios hacia sus criaturas.

 

APLICACIÓN A LA VIDA

Hay lecciones claras para nuestra vida espiritual en el estudio de las expresiones hebreas para la misericordia, que hemos considerado en nuestro estudio de esta semana:

(1) La lección obvia es que el Señor nos brinda su asombrosa misericordia a pesar de que no la merecemos. La seguridad de este don debería liberarnos de la ansiedad, de una conciencia culpable y de las sombras de nuestro pasado.

(2) Hesed (misericordia) es más que un sentimiento tierno en el corazón de Dios. Es liberación y protección. Es una acción real por parte de Dios hacia su pueblo.

(3) La compasión del Señor es eterna; es decir, siempre está disponible para nosotros. Si no la aprovechamos, es porque seguimos en pecado y no porque hayamos agotado los límites del amor de Dios.

(4) La misericordia (raham) encarna el concepto de que el más grande de todos los seres está dispuesto a inclinarse para levantarnos y llevarnos en sus brazos. Desde su posición superior, condesciende a mostrarnos su compasión.

(5) “Hallar gracia ante los ojos de Jehová” implica que estamos dispuestos y abiertos a recibir la gracia de Dios.

(6) Por último, la selihah nos ofrece nuevas percepciones de la profundidad y la amplitud de la bondad amorosa de nuestro Creador. Pero el aspecto más importante que subraya es que debemos ser tan misericordiosos y bondadosos con nuestro prójimo como Dios lo es con nosotros.

Jesús reúne magistralmente todas estas lecciones en la parábola del “siervo que no perdona” (Mat. 18:23-35). Ilustra la hesed de Dios en el Antiguo Testamento hacia nuestra desesperada condición. La narración sugiere que nosotros, los creyentes, somos el hombre cruel e implacable de la parábola. Esta seria constatación debería hacernos reflexionar con gratitud y humildad sobre la gracia y la misericordia que hemos recibido gratuitamente de nuestro Padre celestial.

Radio Adventista
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