Lección 10 Edición Maestros – Misión en favor de los no alcanzados – Sábado 09 Diciembre

RESEÑA

En su discurso de despedida antes de ascender al Cielo, Jesús les encomendó a sus discípulos que fueran sus testigos entre los pueblos de todas las naciones del mundo (Mat. 28:19). “Naciones”, en Mateo 28:19, no se refiere a Estados nacionales, sino a “grupos de personas”. Un grupo de personas se refiere a un grupo de individuos que comparten historia, idioma, creencias e identidad. No hay sociedad humana en la Tierra donde no se deba presentar el evangelio de Jesús y donde no se deban hacer discípulos para él. Hay agencias misioneras de primera línea, como Misiones Fronterizas Mundiales [Global Frontier Missions] y el Proyecto Josué, que estiman que hay unos 17.446 grupos de personas en el mundo, de los cuales más de 7.400 se consideran no alcanzados por el evangelio. En otras palabras, el 42 % de los grupos étnicos del mundo carece de comunidades autóctonas de cristianos capaces de evangelizar sin un testigo externo al resto de los grupos étnicos. El 95 % de los grupos menos alcanzados por el evangelio se encuentran en la Ventana 10/40, una zona poblada principalmente por tribus, hindúes, musulmanes, budistas y no religiosos. Algunos de estos grupos tienen poco o ningún acceso al evangelio. También hay personas que aún no han sido alcanzadas por el evangelio en las naciones occidentales, debido al impacto cada vez mayor del secularismo.

COMENTARIO

Pablo: Un misionero polifacético

El estudio de esta semana trata de la testificación a personas que tienen poco y nada en común con los cristianos en cuanto a creencias y valores religiosos. Per- sonas de orígenes étnicos diversos y compromisos religiosos muy distintos viven y comparten la vida pública. A causa de su cosmovisión única, estas personas tienen necesidades y aspiraciones espirituales diferentes. Es en este mundo multirreligio- so donde estamos llamados a compartir nuestra fe y hacer discípulos de Cristo. A primera vista, esta tarea es abrumadora. Requiere aventurarnos fuera de nuestra zona de confort religioso, con sus jergas y sus códigos; revaluar nuestras actitudes (estereotipos y prejuicios) hacia personas con perspectivas distintas de las nuestras; y aprender nuevos enfoques evangelizadores. Por si esto fuera poco, muchos no cristianos no ven con buenos ojos el cristianismo. Afortunadamente, en la Biblia tenemos antecedentes de esfuerzos misioneros para llegar a esas personas.

Tras su conversión al cristianismo, Pablo demostró un compromiso incansable con la propagación del evangelio a todas las naciones. Sin embargo, el apóstol se dirigía a su auditorio de manera diferente, según se tratara de judíos o de gentiles. Al comparar lo que dijo a los judíos en una sinagoga de Antioquía (Hech. 13:13-43) con su presentación del evangelio a un público gentil en el Areópago de Atenas (Hech. 17:16-33), vemos que Pablo mostró una gran sensibilidad por el contexto, como así también por el público. En Antioquía, Pablo cita las Escrituras para argumentar que las profecías del Antiguo Testamento se cumplen en Jesús. En Atenas, Pablo comienza con lo que su público gentil conocía bien: el altar al dios desconocido y los dichos de sus propios poetas, en lugar de una serie de pasajes bíblicos. Pablo utiliza lo que su auditorio conoce, para hablarle del “Señor del cielo y de la Tierra”, que lo creó todo. Sin aprobar las creencias de los atenienses, Pablo los elogia por ser religiosos. Esta afirmación positiva sobre su auditorio podría haber tenido por objeto despertar su interés por el resto de su discurso. Aunque le inquietaba profundamente la multiplicidad de sus ídolos, Pablo se mostró cauto en su comportamiento. Cualquier muestra de ira y acusaciones contra estas personas que no tenían conocimiento de la revelación especial de Dios lo habría privado de una preciosa oportunidad de presentarles el evangelio. Es importante señalar que la sensibilidad de Pablo ante la cosmovisión de los atenienses no le impidió llamarlos al arrepentimiento.

El punto anterior se ilustra mejor con la publicación de Mark Allan Powell en 2004 de los resultados de su investigación sobre el impacto de las realidades cotidianas de las personas en su lectura e interpretación de las Escrituras (ver Allan Powell, “The Forgotten Famine: Personal Responsibility in Luke’s Parable of the ‘Prodigal Son’ ”, en Literary Encounters with the Reign of God, Sharon H. Ringe y H. C. Paul Kim, eds. [Nueva York: T & T Clark, 2004]). En la primera fase de esta investigación, Powell encuestó a dos grupos de estudiantes seminaristas, uno en Estados Unidos y otro en San Petersburgo (Rusia). El experimento consistió en pedir a los alumnos que leyeran la historia del hijo pródigo de Lucas 15:11 al 32, cerraran la Biblia, y a continuación la relataran de memoria con la mayor exactitud posible a los demás miembros de sus respectivos grupos. Powell descubrió dos grandes diferencias en el relato oral de esta parábola. Por un lado, mientras que solo el 6 % de los alumnos estadounidenses recordaba la hambruna mencionada en el versículo 14, el 84 % de los alumnos de San Petersburgo se refirió a ella. Por otro lado, el 100 % de los alumnos estadounidenses hizo hincapié en el despilfarro de la herencia por parte del hijo pródigo, mientras que solo el 34 % de los alumnos rusos recordaba este detalle. Para los alumnos esta- dounidenses, la mención de la hambruna parecía ser un detalle extra que no añadía nada fundamental a la historia. Como no tenían recuerdos recientes de la hambruna, todos destacaron el despilfarro de la riqueza como un comportamiento irresponsable. Sin embargo, para los estudiantes rusos, que vivieron e interactuaron con algunos de los supervivientes del asedio de 900 días del ejército nazi a la ciudad de San Petersburgo, en 1941, que desencadenó una hambruna que mató hasta 670.000 personas, la mención de la hambruna fue un detalle significativo que añadió mucho significado a la historia. Este experimento es una buena ilustración de la necesidad de adaptar nuestro mensaje a nuestro público, tanto en estilo como en contenido, tal como hizo Pablo con los atenienses.

Necesidad de innovar en la praxis misionera

En comparación con sus contemporáneos, Pablo era poco convencional en su abordaje del ministerio, especialmente en Atenas. Incluso se lo podría calificar de vanguardista ante la necesidad de ser versátil y adaptable en la misión. Sus singulares cualidades misioneras son muy necesarias en la actualidad. El “Areópago” moderno existe en diferentes partes y formas en muchos centros urbanos. Puede ser una plaza de la ciudad, un parque, una esquina, un centro comercial, un anfiteatro universitario o una cafetería. La iglesia necesita miembros con dones, talentos, personalidades y creatividad acordes, competentes para el ministerio y dedicados al servicio en esos centros. A los miembros que están preparados para incorporarse en esferas no tradicionales se les debe confiar la libertad de explorar nuevas formas de compartir el evangelio, aunque estas formas parezcan poco ortodoxas al principio.

El hecho de que Dios pidiera a Abraham que sacrificara a Isaac, el hijo por medio del cual Dios le había prometido que lo convertiría en padre de muchas naciones, fue algo poco convencional (Gén. 22). El hecho de que Eliseo le dijera a Naamán: “Ve en paz”, después de que Naamán le hiciera dos extrañas peticiones (2 Rey. 5), fue, en el mejor de los casos, muy inquietante (ver la lección de la semana pasada). Que Dios le indicara a Isaías que vagara desnudo por las calles de la ciudad durante tres años, declarando un mensaje de perdición para los aliados de Judá, fue realmente extraño (Isa. 20:2-4). Piensa en la vergüenza que habrá sentido Miqueas cuando Dios le pidió no solo que anduviera desnudo, sino además que aullara como un chacal y gimiera como un búho (Miq. 1:8). A la luz de estos antecedentes bíblicos, “cuando se lee en su contexto, la Biblia ofrece muchas declaraciones y ejemplos que muestran la aprobación de Dios a métodos misioneros que pueden ir en contra de nuestras prácticas con las que nos sentimos más cómodos. La lectura del contexto más amplio y los pasajes claros de la Biblia […] sugieren que Dios es más abierto y creativo que nosotros. Si es así, no deberíamos apresurarnos a condenar lo que es diferente o nos genera incomodidad” (Jon Paulien, “The Unpredictable God: Creative Mission and the Biblical Testimony”, en A Man of Passionate Reflection, Bruce L. Bauer, ed. [Berrien Springs, MI: Departamento de Misión Global, Andrews University, 2011], p. 85). En lugar de seguir arando los campos misioneros con métodos tradicionales, necesitamos ser flexibles, ingeniosos y abiertos en lo que respecta a nuevos (y hasta desconocidos) enfoques respecto de la misión de Dios. La misión se originó en Dios y todavía es suya. Por lo tanto, debemos depender de él. Como hizo el rey Josafat, dirijámonos siempre a Dios, diciendo: “No sabemos qué hacer, pero a ti volvemos nuestros ojos” (2 Crón. 20:12). Si somos sinceros, Dios nos revelará su voluntad. Tal vez su camino no nos resulte convencional, así como a Josafat se le ordenó enviar a su ejército a la guerra cantando. Pero una cosa es segura: cumplir con nuestra misión y nuestro ministerio a la manera de Dios, y con el poder de Dios, logrará sus propósitos salvíficos de alcanzar a todos los segmentos de la sociedad.

APLICACIÓN A LA VIDA

Todos los seres humanos se ven influidos, y limitados, por las presuposiciones de sus culturas y sus cosmovisiones. Este importante hecho debe tenerse en cuen- ta a la hora de presentar el evangelio. El ministerio de Pablo nos ofrece un buen ejemplo de acercamiento a los no cristianos. A continuación, se presentan algunos principios básicos significativos para nuestra misión hacia quienes no han tenido contacto con el evangelio:

Las culturas de las personas, con sus arraigadas presuposiciones sobre el mundo, son su único marco de referencia. No se puede confrontar a las personas con cosas que están más allá de su marco de referencia y esperar que respondan positivamente a ellas. Por lo tanto, es esencial ser siempre sensibles a las realidades cotidianas de las personas a las que damos testimonio.

Debemos actuar con moderación y respeto en nuestra actitud hacia los no cristia- nos. Podemos obtener percepciones significativas sobre los no cristianos estudiando sus sistemas de creencias y hablando con ellos con el fin de encontrar temas en común que podamos utilizar como puntos de contacto para presentar el evangelio.

También debemos centrarnos en las necesidades y las aspiraciones de nues- tro público, y mostrarles cómo Cristo les da respuesta. No debemos permitir que nuestras perspectivas culturales se interpongan en el camino de cómo Dios quiere presentarse a los no cristianos por medio de nosotros. Es importante que, al presentar el evangelio, nos abstengamos de dar por sentado que nuestro público sabe lo que nosotros sabemos sobre Dios, que le interesa los valores que a nosotros nos importan, que entiende el concepto de pecado como nosotros y se siente culpable y necesitado del perdón de Dios.

Por último, tenemos que evitar diluir nuestro mensaje en el proceso de adaptarlo a nuestro público. La intención del evangelio es desafiar los aspectos de todos los supuestos de la cosmovisión que no están en consonancia con las Escrituras.

Radio Adventista
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