RESEÑA
Texto clave: Lucas 24:44
El libro de Salmos, también conocido como el salterio, es la máxima expresión de la poesía hebrea. Los salmos expresan los múltiples sentimientos y luchas de los creyentes, y abarcan desde la Monarquía Unida de Israel (siglo X a.C.) hasta los días posteriores al Exilio (siglo V a.C.). Comprende una gran variedad de géneros: cánticos de acción de gracias, alabanzas, confesiones, oraciones de liberación, himnos de protección, imprecaciones, meditaciones acerca de las obras del Creador, y otros. Nuestro cuidadoso estudio de Salmos este trimestre tratará de reflejar esta rica diversidad.
Temática de la lección: A modo de introducción al estudio de este trimestre, tocaremos los siguientes temas preliminares:
(1) El trasfondo histórico del libro de Salmos;
(2) los diversos géneros o categorías de cantos de la colección; y
(3) orientaciones bíblicas para el culto. Además, ampliaremos nuestro estudio al examinar los siguientes temas:
(1) la estructura del libro,
(2) las diversas herramientas literarias que los salmistas utilizaron para expresar sus emociones, y
(3) las distintas divisiones de libros dentro del propio salterio.
COMENTARIO
Un “himnario eclesiástico” bien organizado
El salterio es una selección de cantos editado durante el siglo V a.C. Es muy probable que Esdras y sus compañeros escribas hayan organizado esta colección.
El libro se divide en cinco partes más pequeñas, lo que muestra la intención de los editores de organizar los cantos de forma temática, tanto cronológica como históricamente
En la actualidad, nuestra iglesia tiene su propia compilación de canciones para el culto, el Himnario Adventista. Si consultas el índice al final de nuestro himnario, encontrarás la distribución de los cantos por temas. El salterio tiene una organización similar, aunque es cronológica en lugar de temática.
El Señor se complace cuando reflexionamos en las actividades y los instrumentos que utilizamos para adorar su nombre. Debemos esforzarnos para ofrecerle solamente lo mejor de nosotros. Este principio es válido no solo para la presentación de nuestro culto de adoración, sino también para su planificación y organización.
El libro de Salmos muestra que debemos ser organizados y ordenados en nuestra adoración a Dios. Pero, al mismo tiempo, esto no excluye la variedad, y debemos tratar de incorporar ambos aspectos en nuestro culto. Para ayudarnos en esa tarea, vamos a considerar más detenidamente la distribución de los salmos. Comenzare- mos observando que cada una de las cinco secciones del salterio termina con un salmo doxológico, o expresión litúrgica de alabanza: Salmos 41; 72; 89; 106; 150. Salmo 1 se centra en el tema de la Torá, y Salmo 2 en el Reino del Mesías; ambos, temas principales del salterio, que constituyen la introducción de este himnario.
También observamos que ciertos salmos clave (Salmos 2; 72; 89) se sitúan en posiciones destacadas dentro del libro. Muchos teólogos consideran que Salmo 89 es el centro de todo el salterio, ya que se centra en la transferencia de la esperanza de Israel al Señor, tras el fracaso de la monarquía davídica. La quinta sección del salterio, compuesta por los cinco últimos salmos, se centra en la alabanza. Estos comienzan con “¡Aleluya!” (NBLA, NVI, DHH) como sobrescrito, y terminan con la misma expresión. También están repletos de expresiones apasio- nadas de alabanza: glorificar a Dios como acto de adoración (Sal. 146:1, 2; 147:12; 148:1-5, 7, 13, 14; 149:3, 6; 150:1-6); cantar al Señor (Sal. 147:7; 149:1); estar “felices” en el Señor (Sal. 146:5); regocijarse en el Rey de Sion (Sal. 149:2); y regocijarse por su gloria (Sal. 149:5).
¡Qué maravilloso privilegio el nuestro de organizar los cánticos que usamos para ofrecer alabanza a Dios! Nuestro arreglo de canciones debe manifestar una clara intención de adorar al Señor y exaltar su gracia.
Un salterio bellamente elaborado
Un estudio cuidadoso de cada salmo revelará su singular belleza. Los salmistas emplearon una variedad de técnicas literarias para crear su sublime poesía. Entre las expresiones que utilizaron con frecuencia, están las figuras retóricas, como el símil y el antropomorfismo. Un símil es una expresión en la que se comparan explícitamente dos cosas distintas, a menudo introducida por “ser como” (Sal. 1:3). El antropomorfismo es el acto de atribuir formas o atributos humanos a un ser o cosa no humana, especialmente a una deidad (Sal. 18:8-10).
Los salmistas también utilizaron recursos literarios o expresiones que implican sustitución, como la metonimia, una figura retórica que consiste en utilizar el nombre de un objeto o concepto por el de otro con el que se relaciona (Sal. 2:5); la sinécdoque, figura retórica en la que se utiliza una parte por el todo o el todo por una parte, o lo particular por lo general o lo general por lo particular (Sal. 44:6); y la maldición (Sal. 109:7). Los salmistas emplearon el acróstico (Salmo 119), una forma poética en la que las primeras letras de las palabras iniciales de cada verso, tomadas en orden, deletrean una palabra o frase.
También vemos el uso de la anáfora, o repetición de una o más palabras al principio de dos o más versos de un poema o canción (Sal. 136). Además, observamos figuras que implican omisión o supresión, como la elipsis, un salto repentino de un tema a otro (Sal. 21:12); la aposiopesis, una interrupción repentina en medio de una frase, como si fuera por incapacidad o falta de voluntad para continuar (Sal. 6:3); y la erotesis, el uso de una pregunta retórica (que se emplea únicamente para producir un efecto o para hacer una declaración de afirmación o negación y no está destinada a obtener una respuesta [Sal. 106:2), etc.).
Todas estas figuras retóricas y otros recursos literarios utilizados por los autores del salterio demuestran una sofisticación literaria y una destreza sin parangón.
Diversos tipos de salmos
En el estudio del martes, se ofrece una clasificación general de los salmos. Lo que sigue es una agrupación más detallada de las melodías del salterio, aunque ciertamente es posible encontrar otras distribuciones aceptables:
1. Himnos
Himnos generales: 8, 29, 33, 100, 103, 104, 111, 113, 114, 117, 135, 136, 145-150.
Himnos históricos: 78, 105.
Himnos de Sion: 46, 48, 76, 87, 122.
Himnos de Reinado: 47, 93, 96-99.
2. Lamentaciones
Lamentaciones individuales: 3, 5, 6, 7, 12, 13, 17, 22, 25, 26, 28, 31, 35, 36, 38, 39, 43, 51, 54, 55-57, 59, 61, 63, 64, 69-71, 86, 88, 102, 109, 120, 130, 140-143. Lamentos comunitarios: 44, 60, 74, 77, 79, 80, 82, 83, 85, 90, 94, 106, 108, 123, 126, 137.
3. Formas diversas
Salmos reales: 2, 18, 20, 21, 45, 72, 89, 101, 110, 132, 144.
Acciones de gracias individuales: 9, 10, 30, 32, 34, 40, 41, 92, 107, 116, 138.
Acciones de gracias cias comunitarias: 65-68, 118, 124.
Salmos individuales de confianza: 4, 11, 16, 23, 27, 62, 84, 91, 121, 131.
Salmos comunitarios de confianza: 115, 125, 129, 133.
Liturgias: 15, 24, 134.
Exhortaciones proféticas: 14, 50, 52, 53, 58, 75, 81, 95.
Salmos didácticos: 1, 19, 37, 49, 73, 112, 119, 127, 128, 139. La organización de esta lista revela que los salmos se componen tanto de cánticos personales como comunitarios. En la actualidad, la cultura occidental hace hincapié en el individuo, mientras que la mente hebrea se centraba en la comunidad. Hoy en día no podemos permitirnos perder de vista este concepto, especialmente a la luz del hecho de que, como iglesia, somos una comunidad global con una misión mundial.
Una última observación es que hay salmos destinados a todas las diversas ocasiones de la vida: cantos para la adoración comunitaria y personal, cantos espirituales para las ocasiones reales, cantos para la peregrinación a la Ciudad Santa y cantos para los momentos litúrgicos. Para los escritores bíblicos, la adoración no es una actividad reservada únicamente para el templo. La adoración es una manera de vivir.
“Colecciones” en el libro de Salmos
La lección de esta semana alude a colecciones de cantos para ocasiones especiales, como “Los cantos de las ascensiones” (Sal. 120-134) y el “Halel egipcio” (Sal. 113-118). Años de estudio han desenterrado más conexiones entre los diversos salmos. Una de ellas se encuentra en Salmos 15 a 24. Este ensamblaje puede representarse en la siguiente estructura quiástica:
- A Salmo 15 (Liturgia de entrada)
B Salmo 16 (Canto de confianza)
C Salmo 17 (Oración de ayuda)
D Salmo 18 (Canto real)
E Salmo 19 (REVELACIÓN: la Creación y la Torá)
D’ Salmos 20, 21 (Cantos reales)
C’ Salmo 22 (Oración de ayuda)
B’ Salmo 23 (Canto de confianza)
A’ Salmo 24 (Liturgia de entrada)
Un quiasmo es un paralelismo ampliado (ver el estudio del martes para una breve explicación sobre el “paralelismo”). A modo de analogía, un quiasmo se asemeja a la imagen de una persona en un espejo, en el que la segunda parte (es decir, el reflejo) es la repetición de ideas de la primera sección (imagen original), pero en orden inverso. Normalmente, el centro del quiasmo señala la idea principal del para- lelismo. La idea, como se ve en la estructura quiástica formada por Salmos 15 a 24, es exaltar la revelación de Dios mediante su Creación y su Palabra. Esta estructura está encerrada por dos salmos relacionados con el Santuario, que comienzan con preguntas similares (Sal. 15:1, comparar con Sal. 24:3). Este quiasmo sugiere que los autores del salterio trabajaron cuidadosamente en su organización y presentación. Claramente, el Espíritu Santo inspiró su arreglo.
APLICACIÓN A LA VIDA
En los salmos, encontramos una amplia gama de emociones que abarcan toda la experiencia humana, desde la veneración hasta el dolor. Aunque fueron escritos hace más de 25 siglos, trascienden el tiempo de su composición y continúan siendo profundamente relevantes para nosotros. Anima a los miembros de la clase a orar por medio de estos cantos y a convertirlos en sus oraciones personales.




