Después de Noé y el Diluvio, el pecado una vez más había echado raíces firmes en la mayoría de la gente de los días de Abraham. Para detener los crecientes peligros de la apostasía y la idolatría, Dios eligió a su fiel seguidor Abraham para que fuera el primero en la Biblia llamado “profeta” (Génesis 20:7).
Para probar su fe e ilustrar el sacrificio supremo de Dios al proporcionar a su Hijo para morir por nuestros pecados, Dios le pidió a Abraham que ofreciera a su propio hijo Isaac. Este acto de fe ayudó a preparar al profeta para que se convirtiera en el defensor de nuestro pacto con Dios.
Hoy también estamos plagados de ideologías apóstatas que intentan silenciar el llamado de Dios a la salvación. Abraham “creyó en Jehová, y le fue contado por justicia” (Génesis 15:6). Este sencillo mensaje del evangelio de la justicia por la fe se encuentra en los mensajes de los tres ángeles de Apocalipsis 14 que debemos dar al mundo en los últimos días.




