Lección 5. Fe contra viento y marea (2T 2024 El Gran Conflicto)
Textos bíblicos:Sal. 119:11, 162; Juan 16:13–15; 2 Ped. 1:20, 21; Efe. 2:8, 9; Rom. 3:23, 24; Rom. 6:15–18.
Citas
• Cuando nos aferramos a nuestra fe contra viento y marea, ocurre algo increíble.
Nos convertimos en fuente de inspiración para quienes nos rodean. Jm Raja Lawrence
• La fe es una confianza viva y audaz en la gracia de Dios, tan segura y cierta que
un hombre podría jugarse la vida por ella mil veces. Martín Lutero
• Que tu vida refleje la fe que tienes en Dios. No temas nada y reza por todo. Sé
fuerte, confía en la palabra de Dios y confía en el proceso. Germany Kent
• La fe, en el sentido en que aquí utilizo la palabra, es el arte de aferrarse a las cosas que tu razón ha aceptado una vez, a pesar de tus estados de ánimo cambiantes. C.S. Lewis
• Si no podemos creer a Dios cuando las circunstancias parecen estar en nuestra contra, no le creemos en absoluto. Charles Spurgeon
• La fe es la mirada de un alma sobre un Dios salvador. A.W. Tozer
• La fe nunca sabe adónde se la conduce, pero ama y conoce a Aquel que la
conduce. Oswald Chambers
Para debatir
¿Qué significa realmente el título de este estudio? Si fe significa realmente confiar en Dios, ¿cómo es esto contra todo pronóstico? ¿Cuáles son las razones para no
confiar? Si somos “salvos por gracia mediante la confianza en él”, ¿por qué caemos continuamente en la trampa de la justicia por obras? ¿Cómo podemos ayudar a los demás a ver que se nos juzga por lo que somos y no por lo que hacemos para ganar crédito?
Resumen bíblico
En Sal. 119:11 el salmista promete tener presente lo que Dios dice para no pecar. En el versículo 162 dice que la palabra de Dios lo hace feliz. Jesús habla de la obra del Espíritu Santo que nos guía a toda la verdad (Juan 16:13-15). 2 Pe. 1:20, 21 afirma que ninguna Escritura es fruto de caprichos humanos, sino que procede del Espíritu Santo. Somos “salvos por gracia mediante la confianza en él” no se debe a nada que hagamos, sino que proviene de Dios. (Ef. 2:8, 9). “Todos hemos pecado, y estamos muy lejos del glorioso ideal de Dios. Sin embargo, mediante el don gratuito de su gracia, Dios nos hace justos por medio de Cristo Jesús, que nos hace libres. Dios presentó abiertamente a Jesús como el don que trae la paz a los que confían en él”. (Rom. 3:23-25). No debemos seguir pecando porque no estamos bajo la ley sino bajo la gracia. (Rom. 6:15-18).
Comentario
“Una fe que no puede sobrevivir a la colisión con la verdad no merece muchos remordimientos”, escribió el escritor Arthur C. Clarke. Aunque estamos llamados a tener una fe que pueda sobrevivir a los ataques, ésta no debe ser una fe ciega que se niegue a ser investigada. Al contrario, debemos tener una “fe inteligente” que invite a la investigación.
Dios quiere una fe inteligente basada en la evidencia Que esto es exactamente lo que Dios siempre ha buscado lo confirman muchos pasajes bíblicos. “Venid, razonemos juntos”, pide Dios, pues invita a la discusión y a la reflexión sobre cuestiones de fe. También rechaza el culto irreflexivo, cansado de sacrificios sin sentido. Tras enumerar las virtudes positivas, Pablo invita a los creyentes a “reflexionar sobre estas cosas”. Pues son los paganos los que adoran “no saben qué”.
Al representar al Dios que inspira la fe, debemos asegurarnos de que lo que creemos refleja fielmente a este Dios que invita a nuestras preguntas y a nuestra adoración reflexiva. Porque el Dios que decimos conocer es el Dios que representamos ante los demás.
Por eso, en el único ejemplo de “cómo dar un estudio bíblico” -en el camino de Emaús-, Jesús se cuida de no inmiscuirse en el proceso de consideración reflexiva de las pruebas, sino de dar a sus oyentes la oportunidad de decidir por sí mismos. Antes de que los discípulos lleguen a Emaús y reconozcan finalmente que su mentor es Jesús, ya han encontrado sus corazones “extrañamente caldeados”, no por la autoridad de la presencia personal de Jesús, sino por la verdad y el acierto de las pruebas presentadas.
Su fe se basa en “pruebas incuestionables”, y como resultado están completamente convencidos antes de darse cuenta de que el extraño es realmente Jesús. Y antes de que puedan inclinarse en señal de adoración, ya se ha ido. Regresan a Jerusalén para contar a los demás discípulos su fe restablecida sobre la base de pruebas claras, y sólo después de su relato aparece Jesús entre ellos. Una vez más se demuestra el hecho de que Dios no desea forzar la fe, sino que quiere una fe inteligente basada en pruebas examinadas.
Porque la fe nunca puede ser una certeza absoluta basada en sentimientos o convicciones, ni siquiera en pruebas irrefutables. Más bien, la fe surge del
reconocimiento de que las pruebas presentadas tienen sentido, de que creer y confiar en Dios no viola los principios de un examen cuidadoso y reflexivo de todos los datos disponibles.
En una inversión de la verdad, algunos exaltan la “ceguera” de la fe como alta prueba de su autenticidad. Desde este punto de vista, el hecho de que dicha fe no se base en pruebas, que no pueda ver ni tener sentido, debe valorarse por encima de todo lo demás. El problema es, por supuesto, que esa “fe ciega” no permite otra evaluación que la del sentido personal. “Lo que funcione para ti” es una perspectiva que iguala todos los conceptos de fe y degrada el contenido, pues lo que se considera importante es el acto de ejercer la fe, no la sustancia de la fe. Esta no es la visión bíblica de la fe.
La fe no debe ser ciega o sin sentido, y la fe en las ideas equivocadas, en los dioses equivocados, está explícitamente condenada. Aquellos que no tienen una fe significativa e inteligente en el Dios verdadero y en sus caminos son condenados por adorar “no saben qué”. Así pues, al tener una fe inteligente, debemos ser capaces de explicar en qué creemos y por qué. Lo que Dios más busca es el pensamiento y la reflexión, la verdadera meditación sobre quién es y cómo actúa. La naturaleza y el carácter de Dios están en el corazón de la fe inteligente, y este Dios que es conocido, amado y apreciado se relaciona con nosotros, colectiva e individualmente.
Comentarios de Elena de White
Cuando Cristo ascendió al Padre, no dejó a sus seguidores sin ayuda. El Espíritu Santo como representante suyo, y los ángeles celestiales como espíritus ministradores, son enviados para ayudar a aquellos que están peleando la buena batalla de la fe con gran desventaja. Recordad siempre que Jesús es vuestro ayudador. Nadie entiende tan bien como él las peculiaridades de vuestro carácter.
Él vela sobre vosotros y si estáis dispuestos a dejaros guiar por él, os rodeará de influencias para el bien que os capacitarán para cumplir la totalidad de su voluntad respecto de vosotros. {La Maravillosa Gracia de Dios, p. 196}
Debemos aferrarnos a la fe ahora. Es hora de que todos estén bien despiertos… No puedo ver; pero el Señor tiene hombres preparados para las emergencias, y que, bajo Dios, llevarán a cabo las reformas; pero ahora puede ser sólo a un costo terrible y contra terribles probabilidades…” {PH146 17.4}
Podemos esperar que sufriremos; porque únicamente los que participen con él de sus sufrimientos, también participarán con él de su gloria. El ha comprado el perdón y la inmortalidad para las almas pecadoras de los hombres que perecen; pero a nosotros nos corresponde recibir estos dones por medio de la fe. Al creer en él, recibimos esta esperanza como un ancla segura e inamovible para el alma…Contemplemos la gloriosa esperanza que tenemos por delante, y por la fe aferrémonos de ella… {Exaltad a Jesús, p. 325}
El Señor no quiere que tengamos una credulidad ciega y llamemos a eso la fe que santifica. La verdad es el principio que santifica, y por lo tanto nos corresponde saber lo que es verdad. Debemos comparar las cosas espirituales con las espirituales. Debemos probar todas las cosas, pero aferrarnos sólo a lo que es bueno, a lo que lleva las credenciales divinas, a lo que pone ante nosotros los verdaderos motivos y principios que deberían impulsarnos a la acción…{2SM 56}
Preparado y escrito por: © Jonathan Gallagher 2024
Traducción: Shelly Barrios De Ávila




