Lección 5 Edición Maestros – Fe contra todo pronóstico – Sábado 4 Mayo 2024

EL SÁBADO ENSEÑARÉ

Introducción:

El estudio de esta semana destaca tres principios centrales que caracterizan al Gran Conflicto: 1) el carácter de Dios es amor y justicia; 2) el único camino a la salvación se basa en su amor y su justicia; y 3) los dos primeros principios surgen de una sola fuente: la revelación de Dios manifestada en Jesucristo y en las Sagradas Escrituras.

Durante la época medieval, estos tres principios parecían estar sumidos en las mismas tinieblas del diablo, para nunca más ser defendidos ni proclamados. Pero Dios llamó a varios grandes guerreros, los reformadores, para que se levantaran en medio del campo de batalla y enarbolaran el estandarte de la verdad de Dios una vez más. Ellos eran pocos. Pero esto tenía la intención de mostrar que el movimiento no era humano, sino divino, tanto en sus orígenes como en sus operaciones. De la misma manera, nosotros, que estamos del lado de Dios en el Gran Conflicto, no ganaremos la batalla por nuestra sabiduría o fuerza. Al contrario, obtenemos la victoria solamente cuando damos testimonio de lo que proclama la Palabra de Dios y de lo que el poder de la gracia de Dios puede hacer, y hace, por nosotros y en nosotros. Por estas razones, los reformadores entendieron que su misión era proclamar las cinco grandes “solas”:

Sola Scriptura (sola Escritura).

Sola gratia (sola gracia).

Sola fide (sola fe).

Solus Christus (solo Cristo).

Soli Deo gloria (solo gloria a Dios).

Temática de la lección:

La lección de esta semana explora dos temas principales:

Ponerse del lado de Dios en el Gran Conflicto significa manifestar una fe inquebrantable en las Escrituras como la única revelación del carácter y el amor de Dios por nosotros.

Estar del lado de Dios en el Gran Conflicto también significa manifestar una fe inquebrantable en la gracia de Dios como la única fuente y camino de salvación.

COMENTARIO

Sola Scriptura, Sola gratia, Sola fide

¿Por qué el principio protestante de Sola Scriptura es tan importante para el Gran Conflicto? ¿Qué relación tiene con la salvación y con las otras “solas” protestantes, especialmente Sola gratia y Sola fide? (Nota: de acuerdo con Efesios 2:8, este comentario aborda Sola gratia y Sola fide como una sola).

Como hemos visto, el Gran Conflicto comenzó en el Cielo cuando Lucifer afirmó falsamente que Dios es malvado y que su Reino es dictatorial. Después, la lucha se trasladó a la Tierra, cuando Lucifer engañó a nuestros primeros padres haciéndoles pecar. En cada etapa de la historia humana, el diablo ha trabajado con malicia incansable para distorsionar el carácter, los planes y la Ley de Dios. La respuesta de Dios fue revelarse a la humanidad de dos maneras diferentes. La primera es a través de la naturaleza, la historia y nuestra conciencia, lo que se conoce como “revelación general”. Este forma de revelación no es proposicional; es decir, no se transmiten palabras directamente. Además, el pecado produjo cambios significativos en la naturaleza, en la historia, en el pensamiento humano y en nuestra percepción de la realidad, lo que dificulta nuestra recepción y apreciación de la revelación general.

Por estas razones, Dios se revela principalmente por medio de la revelación especial; es decir, se revela en forma personal y proposicional. Antes de la caída en el pecado, la revelación especial de Dios se manifestaba mediante su relación personal y sus conversaciones con Adán y Eva. Después de la Caída, aunque el pecado alteró gravemente su relación con la raza humana, Dios continuó su revelación personal con Adán y Eva, y con el resto de la humanidad, por diversos medios, como las teofanías (apariciones divinas en diversas formas) o los sueños y las visiones proféticos.

Durante milenios, Dios obró mediante los patriarcas y los profetas para llamar a la humanidad a comprenderlo correctamente, a confiar en él y a aceptar su plan de salvación. Pero la Deidad no se detuvo allí. Dios Hijo, la segunda Persona de la Deidad trina, se hizo humano para que Dios pudiera estar con nosotros en persona (Juan 1:1-3, 14) y manifestarnos su amor personalmente. Para salvarnos, Dios tomó sobre sí la culpa de nuestro pecado, haciéndose pecado por nosotros para que pudiéramos llegar a ser justicia de Dios en él (2 Cor. 5:21). Jesucristo, el Dios encarnado, fue la cumbre de la revelación especial y personal de Dios a la humanidad, e incluso a todo el universo (Heb. 1:1-3). Por medio de Jesús, Dios reveló plenamente su carácter de amor y su justicia, y su poder creador y salvífico. Tras la ascensión de Cristo, Dios continuó su revelación profética mediante la presencia y la actividad del Espíritu Santo.

La revelación especial de Dios incluye el proceso de inspiración, por el cual Dios trabajó directamente con y por medio de profetas y apóstoles (Efe. 2:20), a fin de registrar por escrito su revelación divina especial, de modo que pudiera publicarse y proclamarse a todo el mundo (2 Tim. 3:16; Mat. 28:20). Este registro de la revelación divina es la Sagrada Escritura, compuesta por el Antiguo Testamento y el Nuevo Tes- tamento, y enfocada en la revelación de Dios en Cristo (Juan 5:39, 40; Luc. 24:27).

La Escritura es, pues, parte integral de la revelación especial de Dios, y posee plena autoridad divina como Palabra de Dios. Mediante ella, Dios anhela que todos los hombres sepan quién es él en verdad y lo que ha hecho y está haciendo para su salvación.

Ataques

Satanás empleó diversas estrategias para socavar la revelación especial de Dios. Una de ellas fue hacer que las Escrituras dependieran de la interpretación y la tradición humanas. Este cambio ocurrió entre el pueblo de Dios durante los tiempos del Nuevo Testamento, cuando a muchos les costó aceptar a Jesús, no porque las Escrituras no fueran claras, sino porque querían filtrar la Palabra de Dios a través de su propia tradición (Mar. 7:1-13). Si bien las tradiciones pueden ser bien intencionadas, si no están cuidadosamente reguladas por los principios bíblicos, dan lugar a la esencia misma del pecado: la eliminación de la autoridad de Dios y el establecimiento de la autoridad humana por encima de Dios, su Reino y su revelación. Esto echa por Tierra el mismo propósito y significado de la revelación especial de Dios, que es revelar su verdadero carácter, propósitos y planes, y el camino de la redención. En lugar del amor de Dios y la salvación por gracia, se enseña a la gente a seguir las instrucciones de los expertos religiosos y a seguir un camino de salvación gravoso (Mat. 23:4).

Al igual que Cristo, los primeros cristianos rechazaron la tradición y dejaron que la Escritura se interprete a sí misma (Juan 5:39, 40; Luc. 24:25-27; Hech. 2:14-32). Sin embargo, más adelante el cristianismo desarrolló su propia interpretación de las Escrituras, basada en diversos presupuestos culturales, políticos o filosóficos. En la época de Lutero, las Escrituras y su interpretación estaban firmemente en manos del magisterio eclesiástico, que, bajo el pretexto de preservar la identidad y la unidad de la iglesia, afirmaba que no todo el mundo podía leer y comprender la Biblia. Así, se privó a Dios de los mismos medios que había creado para llegar directamente a todos los hombres, que son las Escrituras. Luego, la iglesia reclamó autoridad y control sobre Dios, su Reino y su camino de salvación. En consecuencia, impuso una “nueva” forma de salvación: por obras. Según esta enseñanza, la gente se salva por intermedio de la iglesia, al hacer lo que la iglesia le dice que haga. Así, la doctrina de la salvación se transformó en la aceptación de ritos, penitencias e indulgencias.

Al establecer el principio de Sola Scriptura, los reformadores protestantes se alzaron contra esta estrategia demoníaca que funcionaba dentro de la iglesia. Ellos afirmaron que las Escrituras son la única forma de revelación especial que Dios había dado a la iglesia en ese momento y que era necesario permitir que la gente escuchara a Dios directamente al leer la Biblia por sí misma. Sola Scriptura no significa que los reformadores protestantes excluyeran cualquier otra forma de conocimiento, como la razón o la experiencia. Lo que los reformadores querían dar a entender con Sola Scriptura es que las Escrituras son la revelación autorizada de Dios que da forma a nuestra visión del mundo, y nos dicen quién es él, qué ha hecho, quiénes somos y qué nos ocurrió en la Caída. Además, revelan la manera en que Dios nos salva y lo que espera de nosotros. Por lo tanto, la autoridad de las Escrituras está por encima de la autoridad de la iglesia y por encima de cualquier otra autoridad o forma de conocimiento humanos. La Palabra de Dios creó la iglesia, no a la inversa.

El principio de Sola Scriptura está directa e inseparablemente relacionado con el establecimiento de otro principio: Sola gratia/Sola fide. Cuando Martín Lutero leyó la Biblia sin el filtro de la tradición, descubrió en ella el verdadero carácter de Dios y el verdadero camino de la salvación. En las Escrituras, los protestantes hallaron el mensaje central que Dios quería comunicar a la humanidad en medio del Gran Conflicto: nuestro Dios es un Dios de amor y justicia, no un tirano. Aun cuando nos rebelamos contra él, murió en nuestro lugar. Nos ofreció el don de su justicia, para que pudiéramos ser restaurados en su Reino cuando aceptáramos este don por la fe.

El ataque liberal

Lamentablemente, en pocos siglos, el protestantismo mismo sería inundado por otra de las estrategias del diablo para cortar la relación de Dios con la humanidad. Los protestantes liberales no prohibieron que la gente leyera las Escrituras por sí misma. Más bien, estos pensadores liberales reinterpretaron la propia definición y naturaleza de las Escrituras. Para ellos, la Biblia ya no era la revelación especial de Dios, sino un mero producto de la evolución de la mente, la cultura y la moral humanas. De esta manera, las Escrituras ya no son la Palabra de Dios para la humanidad, sino meras palabras, imaginaciones o especulaciones humanas acerca de Dios, que surgían del entorno natural o histórico de la gente. Por esta razón, según el protestantismo liberal, una lectura directa, natural, literal y piadosa de la Escritura como Palabra de Dios es sencillamente errónea. Más bien, debemos leer las Escrituras de la misma manera y con las mismas metodologías que se requieren cuando se lee literatura, historia, cultura o filosofía.

En consecuencia, en lugar del tradicional método histórico-gramatical protestante de lectura de las Escrituras, los partidarios de la teología protestante liberal impusieron el método histórico-crítico de interpretación bíblica para las Escrituras. Esto provocó que el principio protestante de Sola gratia/Sola fide se derrumbara, porque tanto la Escritura como el camino de la salvación se convirtieron en productos del genio humano y del esfuerzo moral y religioso. Además, en contra de lo que dicen las Escrituras (Hech. 4:12), Cristo no sería más que una de las muchas vías de salvación. Trágicamente, esta visión de las Escrituras, y este método de interpretación bíblica, han llegado a ser dominantes en muchas de las confesiones cristianas.

Como iglesia remanente de Dios de los últimos tiempos, a los adventistas del séptimo día se nos ha confiado la misión divina, una vez más, de proclamar los principios bíblicos fundamentales de Sola Scriptura y Sola gratia/Sola fide.

APLICACIÓN A LA VIDA

Piensa en las cinco “solas” de los reformadores protestantes. ¿En qué medida son re- levantes para tu vida? ¿Qué relevancia tienen también para las religiones y la cultura que te rodean? ¿Qué aportes podrían hacer las cinco “solas” a la comunidad en la que vives?

¿Cómo ven tu comunidad o tu cultura las Sagradas Escrituras? ¿De qué manera dirías que defender las Escrituras en tu contexto religioso-espiritual particular forma parte del Gran Conflicto?

¿Cuál es tu contribución personal a la defensa de las Escrituras en tu comunidad local como parte del Gran Conflicto? ¿Cómo puedes ser un Wycliffe, un Tyndale o un Lutero en tu contexto religioso-espiritual?

RESEÑA

Texto clave: Isaías 40:8.

Enfoque del estudio: Apocalipsis 11:2-11; 12:6, 14, 15; Zacarías 4:14; Salmo 119:105; Juan 5:39; Daniel 7:25; Isaías 40:8; Salmo 119:89; Isaías 54:17.

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