LECCIÓN 13. El triunfo del amor de Dios (2T 2024 El Gran Conflicto)
Textos bíblicos: Apoc. 22:11, 12; Jer. 30:5-11; Sal. 91:1-11; Jer. 25:33; Apoc. 21:2-4;
Apoc. 20:11-15.
Citas
• La felicidad suprema de la vida consiste en la convicción de que uno es amado.
Victor Hugo
• Una palabra nos libera de todo el peso y el dolor de la vida: Esa palabra es amor.
Sófocles
• El amor es, ante todo, el don de uno mismo. Jean Anouilh
• El pecado subyacente a todos nuestros pecados es confiar en la mentira de la serpiente de que no podemos confiar en el amor y la gracia de Cristo y debemos tomar el asunto en nuestras propias manos. Martín Lutero
• Confiar en la gracia de Dios significa confiar en el amor de Dios por nosotros más que en nuestro amor por Dios. […] Por tanto, nuestras oraciones deberían consistir principalmente en despertar nuestra conciencia del amor de Dios por nosotros, en
lugar de intentar despertar la conciencia de Dios de nuestro amor por él, como hicieron los sacerdotes de Baal en el monte Carmelo. Peter Kreeft
• Para decirlo de nuevo, la vida eterna no tiene tanto que ver con una especie de tiempo que comienza cuando morimos, sino más bien con una calidad y vitalidad de vida ahora en conexión con Dios. La vida eterna no empieza cuando morimos; empieza ahora. No se trata de una vida que comienza con la muerte; se trata de experimentar ahora el tipo de vida que puede perdurar y sobrevivir incluso a la
muerte. Rob Bell,Love Wins
Para debatir
¿Cómo encaja la destrucción de la Tierra al final, con la muerte de tantas personas, con “el triunfo del amor de Dios”? ¿Cuál será nuestro principal objetivo al final? ¿Qué papel desempeñamos en el final del gran conflicto? ¿Tenemos alguna idea de cómo será la eternidad en la presencia de Dios? ¿Qué espera usted?
Resumen bíblico
Jesús viene por los que viven rectamente (véase Apoc. 22:11, 12). Jer. 30:5-11 describe el rescate de Dios a su pueblo en tiempos de angustia. Dios promete seguridad a su pueblo (Sal. 91:1-11). Jer. 25:33 predice un desastre masivo. “Vi la ciudad santa, la Nueva Jerusalén, que descendía del cielo de parte de Dios, preparada como una novia hermosa para su esposo. Oí una gran voz desde el trono que decía: “Ahora la casa de Dios está con los seres humanos y vivirá con ellos. Ellos serán su pueblo. Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará toda lágrima de sus ojos y la muerte no volverá a repetirse. No habrá nunca más luto, ni llanto, ni dolor, porque el mundo anterior ya no existe”. Apoc.21:2-4. Apoc. 20:11-15 describe el juicio del fin de los tiempos.
Comentario
Cuando Jesús pronunció las palabras registradas en Juan 6:43-58, estaba tratando de que la gente comprendiera la intimidad más cercana que deseaba, para formar parte de lo que estamos hechos. Sin embargo, estas palabras han sido muy malinterpretadas. Puesto que asociamos el comer y el beber con la vida misma, Jesús está expresando lo vital que es conocerle y comprenderle como realmente es. Este es el verdadero pan de vida-la vida en toda su abundancia divina que continuará por toda la eternidad. Esa es la razón para “alimentarnos de él”, para absorber los nutrientes espirituales que nos dan vida, para que podamos vivir de verdad. Pero no nos sentiremos atraídos por este alimento si tenemos conceptos deformados en cuanto a su carácter. De la misma manera que queremos disfrutar y saborear nuestra comida, necesitamos “Gustar y ver que el Señor es bueno”. Sólo así experimentaremos verdaderamente a Dios y desearemos estar con él por toda la eternidad.
Dios ha “puesto la idea de la eternidad en nuestra mente” (Eclesiastés 3:11) como una forma de ayudarnos a pensar con más sentido sobre esta vida, y el deseo de una vida más allá. Realmente no tiene sentido si esta vida es todo lo que tenemos. ¿Qué sentido tiene?
Para reflexionar: Conduciendo kilómetro tras kilómetro al final del día, la gloria de la puesta de sol me obliga a detenerme. El sol se pone en llamas, proyectando brillos de oro y naranja intensos sobre el rojo y el púrpura. Los campos de invierno, arados y vacíos, me recuerdan a la tierra surcada de campos similares en un lugar que llamé hogar durante muchos años y que ya hace tiempo que desapareció. \
Observo cómo, con exagerada lentitud, la luz se desvanece y el cielo adquiere un color púrpura más intenso, hasta que los últimos rayos de luz dorada pierden su batalla y se impone la intensa oscuridad de la noche. Como una tristeza inconsolable, llega el final, y yo lucho contra él. Estoy con Dylan Thomas, queriendo “rabiar por la muerte de la luz”. ¿Por qué siempre tiene que acabar? Los días se acaban. Se acaban las vidas. Se acaban los mundos. Todo se acaba.
De repente me doy cuenta de que me he detenido junto a un cementerio, casi oculto en la inmensidad de los campos que lo rodean. Unas cuantas lápidas rompen el horizonte, monumentos sombríos de la muerte. La última morada de quienes cultivaron estos campos vacíos, ahora oscuros y estériles bajo un cielo cada vez más oscuro. ¿Qué queda ahora de sus sueños y esperanzas? ¿Todo su esfuerzo y trabajo bajo el sol? Vanidad, vanidad, todo es vanidad… Nuestras pequeñas vidas se redondean con un sueño.
El fin. La finalidad de la terminación, el cese de la vida. El último aliento, el cierre ineludible, la caída del telón. Como una pesada carga, la inevitabilidad de adónde conduce la vida agobia cada uno de mis pensamientos. Qué tontos somos todos al vivir como si estuviéramos aquí para siempre. Un día, hasta el último respira. Los finales son todo lo que vemos, el eventual cierre de todo y de todos, de cada pensamiento y sentimiento y ambición. El reconocimiento es tan duro y vacío como los campos, los de un hogar perdido o estos que ahora tengo ante mis ojos. Levanto los ojos de las lápidas y los campos vacíos al cielo oscuro, buscando respuestas. Incluso las estrellas que brillan tan serenamente, pareciendo tan permanentes, son soles ardientes con finales eventuales ellos mismos. Nada dura, no para siempre.
Y todo se disuelve en la bruma de mis ojos. En un mundo tan lleno de finales y pérdidas, de despedidas y muerte, lo más valioso es lo eterno. Pero aquí no existe nada. El día se desvanece, la luz muere, la vida llega a su fin. El cementerio desaparece en la noche, perdido entre los campos que se extienden hasta el horizonte. No queda nada. Nada que ver. No hay luz. Incluso los recuerdos se desvanecen, el lugar que una vez llamaron hogar se oscurece.
Luego, un destello de luz brillante. Durante un breve instante. Una estrella fugaz deja una estela brillante en el cielo, por encima de nuestras cabezas, antes de desaparecer convertida en polvo. Polvo al polvo, cenizas a las cenizas…
Pero comprendo. En el cielo, un mensaje escrito en un resplandor de luz que dice:
“¡Pronto!”. Pronto, muy pronto, este mundo de finales, de impermanencia que cansa la vida, terminará por sí mismo. En su final viene la re-creación de Dios, Su glorioso nuevo comienzo de eternidad. Un hogar permanente e interminable. Pero sobre todo, una vida eterna en presencia del que no tiene principio ni fin: Dios mismo. Me doy la vuelta, para seguir adelante, esperando el fin. Porque en el Fin, viene el Comienzo eterno de Dios.
Comentarios de Elena de White
Esta tierra ha sido honrada y bendecida con la presencia del Hijo de Dios. En las Escrituras leemos acerca de Su encarnación, Su enseñanza, Sus milagros, Su muerte y Su resurrección. El esfuerzo por comprender estos maravillosos temas pone a prueba los poderes más elevados de la mente, y luego hay una infinidad que no puede agotarse. Cuanto más se llame a la mente a este estudio, más fuerte y clara se volverá. En la vida diaria se revelarán los misterios de la piedad, que pueden experimentarse, pero no pueden explicarse. A través de las incesantes edades de la eternidad los redimidos estudiarán estos temas, obteniendo siempre de ellos un conocimiento más profundo y más claro de Dios y de Cristo. {SignsoftheTimes, 26 de abril de 1905} Mirando a Jesús obtenemos vislumbres más claras y distintas de Dios, y por la contemplación somos transformados… Entramos cada vez en mayor relación con el mundo celestial, y llegamos a poseer un poder creciente para recibir las riquezas del conocimiento y la sabiduría de la eternidad. {Palabras de Vida del Gran Maestro, p. 289}
Preparado y escrito por: © Jonathan Gallagher 2024
Traducción: Shelly Barrios De Ávila




