Sabemos que Dios es el Gobernante del universo; sabemos que Él es nuestro Libertador. Los Salmos nos recuerdan que Él es en verdad nuestro Creador y Redentor. Hemos visto algunas de las pruebas que nos impulsan a buscar respuestas en Dios. Durante nuestro sufrimiento y dolor, o en momentos en que estamos cerca de la muerte, nos sentimos atraídos a buscarle respuestas y descubrir que Él es nuestro refugio y fortaleza. La seguridad siempre se encuentra bajo Sus alas de protección.
A veces es fácil olvidar que hay otros grupos de personas heridas que también necesitan la ayuda de Dios. Y Él lo proporciona animándonos a servir activamente a los menos afortunados. Estas personas marginadas, al margen de nuestras comunidades, esperan desesperadamente alguna bondad humana que les brinde consuelo y esperanza.
Los grupos de personas que se mencionan con mayor frecuencia en los salmos son los más vulnerables. En general, pensamos en ellos como los “pobres y necesitados”. Pero repetidamente, el Antiguo Testamento los proclamó viudos, huérfanos y extranjeros. Estas eran las clases principales de personas que el pueblo de Dios debía cuidar concienzudamente en aquel entonces. No sólo estaba prohibido oprimirlos, sino que tampoco estaba permitido ignorarlos o descuidarlos. Seguramente algún día Dios se levantará para declarar justicia plena para todos los oprimidos.




