Los reformadores, durante tiempos de extrema persecución, fueron testigos y compartieron el amor y el poder de Dios. Pero como señala repetidamente la Biblia, otro testigo, la palabra de Dios que ellos creyeron y exaltaron no podía extinguirse, como a menudo sucedía la vida de los reformadores. Se nos dice que Su palabra permanece para siempre, como testamento o testimonio del carácter de Dios.
Este concepto fue simbolizado maravillosamente en Apocalipsis, capítulo 11, donde habla de dos testigos de Dios que siempre estarán con nosotros. Muchos estudiosos de la Biblia ven a estos dos testigos como el Antiguo y el Nuevo Testamento de la Biblia. Ambos testigos son necesarios para comprender plenamente quién es Dios.
Así como las dos figuras angelicales que estaban sobre el arca del pacto que albergaba los mandamientos de Dios en el santuario terrenal, estos “dos testigos”, mencionados como los símbolos proféticos de los olivos y los candeleros, revelan quién es el Dios del cielo. Dios siempre ha protegido Su santa Biblia, como veremos en nuestro estudio de esta semana.




