Conocer a Dios como nuestro Libertador es lo que fortalece nuestra confianza en Él. Muchas veces tendemos a confiar en nuestra propia sabiduría y poder para cambiar situaciones de la vida que van mal. Pero los salmistas nos recuerdan que Dios es a quien debemos acudir en busca de soluciones reales a nuestros problemas.
El Señor ha demostrado una y otra vez que Él es el campeón Defensor de Su pueblo. Él puede librarnos de nuestros enemigos, del pecado, de nuestras ansiedades, incluso del mismo Satanás. Él merece ser el primero al que acudimos en busca de protección y liberación, cuando sucede algo que amenaza nuestra relación de pacto con nuestro amoroso Creador y Redentor.




