Pr. Jonathan Márquez Lección 2 – La zarza ardiente – Para el Sábado 12 de Julio 2025

Viajaba con su esposa Séfora y sus dos hijos a cumplir con su hermano Aarón en el camino a Egipto, la última mitad del Éxodo 4 narra cómo Moisés le dijo a Dios que su abandono de un conocido deber amenazada su vida.

Era probable que Séfora era el que lo había convencido de que Moisés no circuncidar a su hijo menor. Ver Patriarcas y Profetas, p. 255-6. Por la razón que sea, la obligación de circuncidar a todos los varones hebreos en aquel entonces había sido pasada por alto, y Moisés a la esposa, no quería perder a su marido, tomó el deber sobre sí misma y se realiza el sangriento ritual.

La ‘sangrienta prepucio’ que Séfora lanzó a Moisés pies simboliza la expiación y el pacto de que los Israelitas habían hecho con el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. No circuncidar a uno de sus hijos como un bebé puede parecer un detalle menor, pero nos recuerda que no hay ningún pecado, grande o pequeño, que no hace daño a nuestro Padre celestial, y puede incluso afectar a Su capacidad para protegernos.

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