A lo largo de la Biblia encontramos ejemplos de Dios buscándonos, llamándonos y tratando de transmitirnos su amor eterno. En el Jardín del Edén, Dios buscó a Adán y Eva y tuvo una conversación seria con ellos. Describió la terrible situación que el pecado había causado, pero incluyó un rayo de esperanza para su futuro (Génesis 3:15).
Varias parábolas que Jesús contó fueron sobre encontrar algo que estaba perdido. Estaban las parábolas de la oveja perdida, la moneda perdida e incluso el hijo perdido. Véase Lucas 15. Pedro, el discípulo que negó a su Señor tres veces, fue un ejemplo de alguien que estuvo perdido y luego fue encontrado por Dios (Lucas 21).
Dios continúa buscando seres humanos quebrantados y pecadores en nuestro mundo de hoy. Nos alienta ver las muchas vidas cambiadas que son evidencia de que sus esfuerzos y los nuestros para encontrarnos unos a otros pueden tener éxito.




