EL SÁBADO ENSEÑARE…
RESEÑA
Texto clave: Isaías 6:8.
Enfoque del estudio: Gén. 15:6; Gál. 3:6–9; 1 Rey. 18:19–39; Isa. 53:1–12; Dan. 2:44–48; Mar. 1:2–5; Mat. 11:1–5.
COMENTARIO
1. Dios eligió a los profetas para que fueran sus portavoces. El estudioso del Antiguo Testamento Willem A. VanGemeren captó eficazmente la naturaleza divina del llamado profético y su misión de transmitir el mensaje de Dios cuando definió a un profeta del Antiguo Testamento como «un israelita, llamado por Dios y capacitado por el Espíritu, que sirve como portavoz de Dios, que ha recibido autoridad y una revelación de Dios, que es un buen pastor sobre el rebaño de Dios, que demuestra la Palabra y la misión de Dios mediante señales» (Interpreting the Prophetic Word [Grand Rapids, MI: Zondervan, 1990], p. 32). Varias características de esta definición se destacan. Primero, Dios dio al profeta una revelación divina, y el Espíritu le dio poder para entregar esa revelación. Segundo, el profeta actuó como pastor sobre el pueblo israelita, nutriéndolo, guiándolo, reprendiéndolo y corrigiéndolo. Finalmente, señales como milagros, eventos especiales y lecciones objetivas verificaban las credenciales divinas del profeta.
El llamado profético es un momento transformador para la vida del profeta. Llega inesperadamente, con fuerza y poder, pero «no experimentaba el momento profético como la oportunidad largamente anhelada de lograr un conocimiento que de otra manera permanecería oculto. No se posesiona del momento, es poseído por él. La palabra revelada no se ofrece como algo que él pudiera o no aceptar según su discreción, sino que es instigada violenta y poderosamente en él» (Abraham J. Heschel, Los profetas [Buenos Aires: Paidos, 1973], t. 3, p. 257).
«Pero yo estoy lleno del poder del Espíritu del Señor», declaró Miqueas, «de juicio y de fortaleza, para denunciar a Jacob su rebelión y a Israel su pecado» (Miq. 3:8).
En numerosos libros proféticos, los autores declaran que la «Palabra del Señor […] vino a» ellos (Ose. 1:1; Jon. 1:1; Jer. 1:11; Joel 1:1, etc.), o que «la mano del Señor vino sobre mí» (Eze. 1:3; 3:22). Muchos introducen o concluyen sus oráculos con «así dice el Señor» (Amós 1:3; Abd. 1:1; Hag. 1:7; Zac. 12:1; Isa. 7:7; etc.). Estas fórmulas proféticas repetidas dejan una impresión clara de que los videntes no dudaban de que estaban pronunciando las palabras de Dios. Esta «palabra», o revelación profética, a menudo transmitía un mensaje de juicio, como declaró Ezequiel: el Señor «me dijo: “Hijo de Adán, ponte de pie y hablaré contigo”. Cuando me habló, el Espíritu entró en mí y me afirmó sobre mis pies; y oí al que me hablaba» (Eze. 2:1-2). Después, el Señor dice: «Les hablarás mis palabras, escuchen o dejen de escuchar, porque son rebeldes» (Eze. 2:7).
2. Los profetas transmitieron el mensaje de Dios a una audiencia en un contexto histórico particular. Los profetas fueron «elegidos por Dios para recibir su mensaje y luego proclamarlo ante una audiencia en una situación histórica particular» (Eric J. Tully, Reading the Prophets as Christian Scripture [Grand Rapids, MI: Baker Academic, 2022], p. 58). Por ejemplo, cada profeta en esta lección experimentó su don profético en una situación histórica particular.
El llamado de Dios a Abraham (Gén. 12:1) ocurrió cuando el paganismo, la idolatría y la guerra prevalecían. Curiosamente, la primera vez que el término profeta aparece en las Escrituras se aplica a Abraham (Gén. 20:7), quien actuó como intercesor. Elías ministró durante una gran crisis espiritual en el reino del norte de Israel, durante los reinados de los reyes Acab y Ocozías. Elías luchó contra el culto de Baal y llamó a Israel al arrepentimiento. Isaías profetizó durante los reinados de cuatro reyes de Judá, durante los siglos VIII y VII a. C., cuando el Imperio Asirio era la mayor amenaza para Judá en ese tiempo. Daniel desempeñó un papel importante en los reinos de Babilonia y Persia. Juan el Bautista anunció la llegada del Mesías en el siglo I. En tiempos posbíblicos, Elena de White recibió su primera visión en los Estados Unidos antes de la guerra civil y después del chasco millerita.
3. El mensaje profético consiste en juicio, salvación y restauración. El mensaje profético en el Antiguo Testamento a menudo giraba en torno a tres temas centrales: juicio, salvación y restauración. Estos temas estaban interconectados y formaban el núcleo del ministerio de los profetas, abordando la relación de pacto entre Dios y su pueblo. Los profetas les recordaban consistentemente a Israel y a Judá sus obligaciones pactuales hacia Dios, advirtiéndoles de las consecuencias de su rebelión, idolatría e injusticia social. El juicio se representaba como una respuesta divina a la ruptura del pacto (Deut. 28). A pesar de sus advertencias, los profetas ofrecían esperanza, señalando la disposición de Dios para salvar a un remanente de su pueblo que se arrepentiría. La salvación a menudo implicaba la intervención de Dios para rescatar a su pueblo de sus enemigos o de circunstancias desesperadas. La restauración implicó el regreso de los exiliados a su tierra, la reconstrucción de Jerusalén y el templo, y una renovación espiritual en la relación del pueblo con Dios, culminando finalmente con la venida del Mesías.
4. La visión inaugural de Elena de White fue el inicio de su llamado profético y trajo esperanza y ánimo a los creyentes confundidos tras la decepción. En diciembre de 1844, Elena de White recibió su primera visión en el contexto histórico del chasco millerita. Fue un periodo de transición, ya que los seguidores de William Miller estaban decepcionados y desorientados. Elena apareció con un mensaje de esperanza y ánimo. Mientras oraba con un grupo de mujeres milleritas desanimadas, se sentía rodeada de luz. En su mente se abrió una escena en la que vio al «pueblo adventista» viajando por un camino estrecho hacia el cielo, con una gran luz detrás y Jesús por delante. Si mantenían la mirada en Jesús, avanzaban en el camino. Pero cuando alguno apartaba la vista de Jesús, se desviaba del camino hacia el mundo oscuro de abajo (Elena de White, Primeros escritos [Florida: ACES, 2014], pp. 44-46). La visión la sorprendió y fue una fuerza que no pudo controlar. Como los profetas bíblicos antes que ella, era «arrebatada por el momento».
De esta primera visión surgen varios temas, que son fundamentales para el futuro ministerio profético de Elena. Primero, apunta a su pasión de toda la vida por la segunda venida de Jesús. Segundo, los adventistas del séptimo día nunca deben olvidar su lugar en la historia profética. Tercero, todos los cristianos, especialmente los adventistas, deben mantener su vida centrada en Jesús como Señor y Salvador.
Elena llamó a esto su «primera visión», ya que sus visiones celestiales se convirtieron en una experiencia frecuente. Así, su identidad profética se formó en torno a las frases frecuentemente usadas, «Dios me ha mostrado», «Yo vi» o «Fui llevada en visión», que transmitían su autoconciencia y autoridad proféticas. Estas revelaciones trajeron consuelo y aliento al grupo disperso y angustiado de fieles creyentes que pasaron por la experiencia millerita. Fue llamada a viajar y compartir sus visiones con los distintos grupos de milleritas repartidos por el estado de Maine y, más tarde, por otras partes de la región de Nueva Inglaterra. Finalmente, puso estas revelaciones, y las muchas que vendrían, por escrito para que circularan entre los creyentes que acabarían convirtiéndose en adventistas del séptimo día.
APLICACIÓN A LA VIDA
Las siguientes preguntas tienen el objetivo de enriquecer el debate en clase. Elige entre ellas, y entre las que figuran en la lección, las que mejor lleven a tu clase a reflexionar.
1. Los profetas fueron sorprendidos por su llamado, pues no lo buscaban. ¿Cómo imaginas que se sintieron los profetas durante esta experiencia? ¿Cómo desafía esto nuestra perspectiva sobre la vocación de Dios en nuestras propias vidas?
2. El mensaje de cada profeta estaba moldeado por los desafíos históricos de su tiempo. ¿Cómo nos ayuda entender el contexto histórico de la profecía bíblica a aplicar sus lecciones en la actualidad?
3. Los profetas advirtieron que romper el pacto conduciría al juicio (Deut. 28). ¿Cómo se aplica este principio a la fidelidad personal y eclesiástica hoy en día?
4. A pesar de sus mensajes de juicio, los profetas siempre apuntaron a la esperanza y la salvación. ¿Cómo podemos aferrarnos a la esperanza durante el juicio y la culpa personal?
5. ¿Cómo podemos ser mensajeros de la justicia y la misericordia de Dios en un mundo que lucha con los extremos de ambos?
6. La primera visión de Elena de White enfatizaba mantener la mirada en Jesús. ¿Cómo podemos mantenernos espiritualmente centrados en Cristo en medio de las distracciones de la vida?
7. Uno de los temas clave de su visión era la importancia de recordar nuestro lugar en la historia profética. ¿Cómo influye la comprensión de dónde estamos en el plan de Dios en cómo vivimos hoy?
8. El ministerio profético de Elena de White continuó a lo largo de toda su vida. ¿Cómo podemos discernir y responder a la guía continua de Dios en nuestro camino espiritual personal?
9. ¿Cómo anima tu fe saber que Dios utiliza a las personas comunes para fines extraordinarios?
10. ¿Cómo podemos equilibrar los temas del juicio, la salvación y la restauración al compartir el evangelio con los demás?




