Había mucho que hacer para organizar la salida de los hebreos de Egipto. Pero Dios tenía otras cosas que decirle a Moisés que impactarían sus vidas para las generaciones venideras. Sacrificar un cordero de una manera muy específica y poner un poco de su sangre en los postes de sus puertas en la víspera de la plaga final fue tan importante para su supervivencia que su historia debe repetirse anualmente en lo que se conocería como la celebración de la Pascua.
La conmemoración de este evento mantendría fresca su libertad de la esclavitud en la mente de todos los israelitas, asegurando así su identidad nacional. También sellaría su relación con el Dios que había obrado tantos milagros en su nombre.
No solo sus hijos serían educados sobre la gracia salvadora de Dios, sino que las generaciones mayores sentirían su fe renovada y sus convicciones fortalecidas por la fiesta anual de la Pascua. Sería un evento para sanar tanto el alma como el cuerpo al alentar la contemplación de la sangre del Cordero, su futuro Mesías.




