La arriesgada misión de Ester de salvar a su pueblo fue un éxito asombroso. No sólo Amán fue ahorcado en lugar de Mardoqueo, sino que a los judíos se les permitió defenderse, lo que resultó en la muerte de todos sus verdugos también.
Desde entonces, los judíos religiosos han celebrado su victoria en Persia con una fiesta llamada Purim. Mediante la oración y el ayuno, y la disposición de Ester de sacrificar todo lo que fuera necesario para preservar al pueblo de Dios, siempre sintieron la necesidad de meditar y agradecer a Dios por tan sorprendente entrega (Ester 8:17).
Curiosamente, el libro de Ester no contiene ninguna mención de la palabra “Dios”, y es el único en toda la Biblia que no usa Su nombre. El hecho de que el nombre de Dios no se mencione en el libro de Ester nos dice que incluso a Dios en ocasiones puede resultarle útil mantener oculta su identidad. Que Dios nos salve de forma tan anónima muestra que incluso Él es un Dios humilde y amoroso con el que podemos identificarnos abierta y alegremente.




