En el comentario del domingo analizamos los dos extremos espirituales enfrentados por Jesús: el legalismo y el liberalismo. Estos extremos persisten hoy. No estamos libres del legalismo farisaico y del liberalismo saduceo. Jesús corrigió los dos extremos y orientó el camino espiritual cierto: dar atención a los preceptos más importantes de la ley: la justicia y el amor de Dios. Jesús destacó los dos aspectos de la ley: justicia y amor.
Comprendiendo que el pecado destruye el deseo de relacionarnos con lo divino, en verdad nada podemos hacer para restablecer las relaciones rotas. Luego la iniciativa parte de lo divino y no de lo humano. Es Jesús quien siembra su invitación de amor y nuestra respuesta es que determina lo que haremos con su invitación. Si el suelo de nuestro corazón es receptivo a su mensaje y enseñanza, nuestra vida es transformada por su poder restaurador y pasamos a producir los frutos que son la expresión de su voluntad.




