EL SÁBADO ENSEÑARÉ
Introducción:
El tema del Santuario es tan prominente en el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento que resulta simplemente asombroso considerar que muchos cristianos lo perdieran de vista durante casi dos milenios. Los adventistas del séptimo día se dieron cuenta de que la doctrina del Santuario celestial no solo es una enseñanza bíblica importante, sino también es el principio central de una teología bíblica que conecta otras doctrinas:
• La doctrina de Dios, su carácter, su Creación, su obra y su gobierno.
• La doctrina del origen del mal y del Gran Conflicto.
• La doctrina de Cristo, su primera venida a la Tierra, su encarnación, vida, ministerio, muerte, resurrección y ascensión.
• La doctrina de la salvación en Cristo.
• La doctrina de los acontecimientos del tiempo del fin, la segunda venida de Cristo, el Juicio Final y la restauración de todas las cosas.
• La doctrina de la iglesia, especialmente la enseñanza de la iglesia remanente en el tiempo del fin, antes de la segunda venida de Jesús.
La profecía de los 2.300 años de Daniel 8:14 se refiere al Santuario celestial y al Gran Conflicto. Nos familiariza tanto con el ataque al Santuario celestial como con su purificación en el día del juicio de Dios y en la restauración de todas las cosas. Los adventistas entienden que esta profecía tiene su cumplimiento histórico en 1844, con un llamado a que todos los que viven en estos tiempos de prueba acepten la expiación de Jesús por sus pecados antes del fin de su ministerio intercesor en el Santuario celestial.
Los adventistas entienden que Dios los ha llamado como su iglesia remanente para anunciar al mundo el cumplimiento de esta profecía, el regreso de Jesús y la inminente consumación del Gran Conflicto. Así, el mensaje de la profecía de los 2.300 días es la esencia misma del “evangelio eterno” (Apoc. 14:6). La buena nueva en el contexto del mensaje de los tres ángeles es el llamado final de amor de Dios a la humanidad.
Dios pide que los pecadores de la Tierra se vuelvan a él para que puedan ser salvos por la sangre de Jesús y por su mediación en el Santuario celestial.
Temática de la lección:
El estudio de esta semana destaca dos temas principales:
1. El Santuario terrenal del Antiguo Testamento no era solamente una parte de la cultura de Israel; señalaba principalmente al Santuario celestial y al ministe- rio de Jesús en favor de la humanidad.
2. Como tal, el Santuario celestial es fundamental para el evangelio universal y eterno, para la salvación de la humanidad y para la misión de la iglesia.
COMENTARIO
El sellamiento de la profecía de los 2.300 años La profecía de los 2.300 años (Dan. 8:14) fue “sellada” o confirmada (Dan. 9:24) por la primera venida de Jesús al Santuario terrenal. Después de recibir la profecía de los 2.300 años, Daniel quedó “espantado acerca de la visión y nadie la entendía” (Dan. 8:27). Sin explicación para esta visión durante varios años, Daniel se centró en los datos que tenía a mano: la profecía de Jeremías relativa a los 70 años de “desolación de Jerusalén” (Dan. 9:2; comparar con Jer. 25:11, 12).
Daniel oró pidiendo la intervención de Dios, para que se cumpliera la profecía de 70 años de Jeremías, suplicó al Altísimo que redimiera a su pueblo (Dan. 9:3-19), y también pidió: “Haz que tu rostro resplandezca sobre tu Santuario asolado” (Dan. 9:17). Para alegría de Daniel, Dios envió al “varón Gabriel” para instruirlo (Dan. 9:21, 22). Sin embargo, Gabriel no se centró inmediatamente en responder la oración de Daniel acerca de la profecía de los 70 años de Jeremías, sino que comenzó a exhortar al profeta: “Presta mucha atención, para que puedas entender el significado de la visión” (Dan. 9:23, NTV). Obviamente, la visión en cuestión es la descrita en Daniel 8:14, porque Gabriel no habla de 70 semanas literales, sino de 70 semanas proféticas (Dan. 9:24), o 490 años. Los 490 años solamente podían “determinarse”, o deducirse, de los 2.300 años de la visión de Daniel (Dan. 8:14), no de los 70 años de la profecía de Jeremías. Según este cálculo, Gabriel también reveló el acontecimiento que marcó el comienzo de las 70 semanas proféticas y, por lo tanto, de los 2.300 años. Este acontecimiento fue la promulgación de “la orden de restaurar y reedificar Jerusalén” (Dan. 9:25), que tuvo lugar en el año 457 a.C. De esta manera, la profecía de las 70 semanas proféticas es un subconjunto, o la primera parte, de la profecía de los 2.300 años; los dos períodos constituyen una sola gran profecía.
Aquí Gabriel responde finalmente a la pregunta y la oración de Daniel respecto de la restauración y reconstrucción de Jerusalén (Dan. 9:25), el “santo monte” de Dios (Dan. 9:20). Sin embargo, Gabriel explica inmediatamente que este cumplimiento de la profecía de Jeremías de 70 años es solamente el comienzo de una profecía mucho más larga. Es decir, es el comienzo de las 70 semanas proféticas, y luego el comienzo de una profecía aún más larga: los 2.300 años. Por esta razón, manteniendo el enfoque en esta profecía mayor, Gabriel explicó a Daniel que estas 70 semanas proféticas, o 490 años literales, serían “decretadas” o “determinadas” para “tu pueblo y tu santa ciudad” (Dan. 9:24) con un propósito especial: “Hasta el Mesías Príncipe” (Dan. 9:25).
El fin, u objetivo, de estos 490 años era el primer advenimiento del Mesías. Gabriel explicó que el propósito del Mesías sería “poner fin al pecado, expiar la iniquidad, traer la justicia de los siglos […] y ungir el Santo de los santos” (Dan. 9:24). En la septuagésima semana profética, el Mesías “confirmará el pacto a muchos; y a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda” (Dan. 9:27). El único cumplimiento plausible de todos estos acontecimientos era el sacrificio de Jesús, el “Mesías Príncipe” (Dan. 9:25) y “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29), a quien “le quitarán la vida […] y nada le quedará” (Dan. 9:26).
Por consiguiente, la profecía de las 70 semanas inicia la profecía de los 2.300 años. Podemos estar seguros de que la profecía de los 2.300 años relacionada con la purificación del Santuario se cumplió en 1844, porque la profecía de las 70 semanas (Dan. 9:24-27) se cumplió con exactitud en la muerte sacrificial del Mesías a mediados de la septuagésima semana, en 31 d.C. Además, así como la profecía de las 70 semanas se cumplió en la muerte sacrificial del Mesías en relación con el Santuario terrenal, la profecía de los 2.300 años se cumpliría en la purificación del Santuario celestial por parte del Mesías. Asimismo, las dos partes de la profecía están relacionadas con las dos venidas del Mesías: el final del período de 70 semanas se relaciona con la primera venida de Cristo, mientras que el final de los 2.300 años se refiere a su segunda venida.
La pérdida de la doctrina del Santuario
El Santuario es uno de los temas y enseñanzas más destacados de las Escrituras. La Biblia describe dos Santuarios: uno terrenal y otro celestial. Ambos revelan aspectos fundamentales del carácter de Dios, del Gran Conflicto y de la salvación. Por ende, los dos Santuarios sirven como lugares de la revelación de Dios a su pueblo, de su morada entre él y de su reinado sobre él. En el Santuario terrenal, Dios se reunía con Israel, y este le respondía con adoración. De la misma manera, el Santuario celestial sirve al Reino de Dios en un nivel cósmico. En ese lugar central, Dios estableció su Trono. Se reveló a los habitantes del universo al ejercer su soberanía sobre ellos y satisfacer sus necesidades.
Ahora bien, cuando el pecado entró en el universo, el Santuario celestial adoptó una función salvífica, con sus ministerios sacrificial y mediador. De esta manera, los dos Santuarios no están separados, en el sentido de que están estrechamente conectados en una relación tipológica: es decir, el Santuario terrenal fue construido expresamente para revelar, señalar y explicar el significado y la función del celestial. Si tenemos en cuenta esta concepción del papel fundacional del Santuario para el Reino de Dios, debemos señalar que su presencia es imposible de pasar por alto en las Escrituras. Es sencillamente desconcertante cómo los cristianos, de entre todos los pueblos, ignoraron el estudio y la importancia del Santuario celestial durante miles de años. ¿Cómo fue posible semejante olvido?
Dualismo cósmico
Los adventistas señalan dos factores principales que llevaron a la exclusión de la doctrina del Santuario de la teología cristiana. En primer lugar, dada la importancia del Santuario celestial para la salvación, es obvio que el diablo haría todo lo posible por oscurecer, o incluso aniquilar, la enseñanza bíblica del Santuario celestial. Así, la gente no conocería la verdad acerca de Dios, del sacrificio de Cristo y de su continua mediación en el Santuario celestial para nuestra salvación.
El segundo y más importante factor consiste en la introducción del concepto de dualismo –proveniente de la filosofía griega–, dentro del cristianismo, durante sus primeros siglos. Según este concepto, toda nuestra realidad se divide en dos esferas: la terrenal y la celestial. Sin embargo, estas dos esferas serían radical y esencialmente diferentes. Mientras que la esfera terrenal es material, temporal y espacial, la celestial es inmaterial, atemporal y sin espacio concreto. En otras palabras, en la esfera celestial no hay existencia física ni relación personal. Como no hay comunicación ni relación entre las dos esferas, la única forma en que los seres humanos podrían entrar en la esfera celestial sería escapando de cualquier conexión con su existencia terrenal, lo que equivale a dejar de existir como seres humanos integrados y sobrevivir de alguna manera como almas o mentes incorpóreas que no experimentan el tiempo ni el espacio. Obviamente, esta visión del mundo únicamente es posible si se acepta el concepto de que los seres humanos tienen un cuerpo físico y un alma inmortal y completamente autónoma. Cuando los primeros cristianos adoptaron esta cosmovisión, les resultó imposible pensar en un Santuario literal en el cielo. Incluso les resultó difícil imaginar el Cielo como un espacio literal, y mucho menos a Jesús ascendiendo en cuerpo humano a ese espacio. Por esta razón, cuando los primeros cristianos leían en las Escrituras acerca del Santuario celestial, simplemente lo alegorizaban o espiritualizaban y concluían que el Santuario israelita se aplicaba a la iglesia.
Es cierto que los cristianos de los primeros siglos y del período medieval establecieron una conexión entre el sistema de sacrificios del Santuario y la muerte de Cristo.
Pero, debido a la influencia de la filosofía griega, estos primeros cristianos no podían concebir correctamente la obra mediadora de Cristo en favor de la humanidad en un Santuario celestial literal. Por esta razón, la Iglesia Católica Romana aplicó el ministerio mediador de Cristo a la iglesia y a su sacerdocio. Trágicamente, esta usurpación del ministerio mediador de Cristo en el Santuario celestial llevó a la iglesia a socavar incluso el sacrificio de Cristo. Sin embargo, Dios obró por medio de los movimientos de la Reforma protestante para hacer que su pueblo regresara a una lectura literal de la Biblia, y mediante el movimiento adventista, para redescubrir la enseñanza bíblica del Santuario celestial en las profecías y en el libro de Hebreos.
De esta manera, nuestra misión, como adventistas del séptimo día, es llamar a los cristianos y al mundo a centrar su atención en el sacrificio de Cristo en la Tierra y en su mediación en el Santuario celestial. (Para más información, ver Ángel Manuel Rodríguez, “Santuario”, en Tratado de teología adventista del séptimo día, pp. 426-472).
APLICACIÓN A LA VIDA
1. Piensa en el concepto de sacerdocio en tu cultura. ¿Cómo se compara este concepto con el concepto bíblico? ¿Cómo podrías utilizar el concepto local de sacerdocio para comunicar a otros el sacerdocio de Jesús?
2. Piensa en el concepto de juicio en tu cultura o tu país. ¿Cómo se compara o contrasta este concepto de juicio con el concepto bíblico de juicio? ¿Cómo podrías explicar el concepto bíblico de juicio a la gente de tu propia cultura?
RESEÑA
Texto clave: Apocalipsis 12:17.
Enfoque del estudio: Eclesiastés 12:13, 14; Proverbios 28:9; Daniel 7:25; Isaías 51:7, 8; Apocalipsis 13:15-17; 12:17; 14:6-12.




