Lección 8 Edición Adultos – Luz desde el Santuario – Sábado 25 Mayo 2024 (2do Trimestre)

Sábado, Mayo 18

Luz desde el Santuario

Lee para el estudio de esta semana

Éxodo 25:8, 9, 40; Hebreos 8:1–6; Levítico 16:21, 29–34; 23:26–32; Hebreos 9:23–28; Daniel 7:9, 10; Mateo 25:1–13; Apocalipsis 11:19.

Para memorizar

“Lo principal de lo que venimos diciendo es que tenemos un Sumo Sacerdote que se sentó a la diestra del trono de la Majestad en el cielo; y es ministro del santuario, de aquel verdadero santuario que levantó el Señor y no el hombre” (Heb. 8:1, 2).

Poco después del chasco del 22 de octubre de 1844, algunos milleritas, después de orar y estudiar, comprendieron su error. La profecía de los 2.300 días no se refería a la segunda venida de Jesús, sino a la obra de Cristo en el Santuario celestial, tan poderosamente descrita en el libro de Hebreos.

La purificación del Santuario celestial era el cumplimiento de la purificación del Santuario terrenal, como enseña Levítico. Para comprender mejor esta importante verdad, observa el paralelismo entre Daniel 7 y 8:

Daniel 7 Daniel 8
Babilonia
Medopersia Medopersia
Grecia Grecia
Roma Roma
Juicio en el Cielo Purificación del Santuario

Estos paralelismos ayudan a mostrar la verdadera naturaleza de la purificación del Santuario, que es el gran Juicio Investigador previo al Advenimiento. En la lección de esta semana, exploraremos la importante verdad bíblica del ministerio de Cristo en el Santuario celestial.

La lección de esta semana se basa en El conflicto de los siglos, capítulos 22 al 24 y 28.

 

 

Domingo, Mayo 19

El santuario celestial

Lee Éxodo 25:8, 9 y 40; y Hebreos 8:1 al 6. ¿Qué dos santuarios se describen en estos versículos?

Cuando los primeros creyentes adventistas escudriñaron las Escrituras en los meses posteriores a 1844, comprendieron que hay dos santuarios que se mencionan en la Biblia: el que construyó Moisés y el original en el Cielo. En la Biblia, el término “santuario” se refiere, primeramente, al tabernáculo construido por Moisés, como un modelo o “tipo” de las cosas celestiales; y, en segundo lugar, al “verdadero santuario” celestial, al cual señalaba el Santuario terrenal. Con la muerte y la intercesión de Cristo, el servicio típico perdió su importancia. El “verdadero santuario” celestial es el santuario del Nuevo Pacto. Y, como la profecía de Daniel 8:14 se cumple en esta era, el santuario al que se refiere debe ser el santuario del Nuevo Pacto.

“Cuando terminaron los 2.300 días, en 1844, hacía muchos siglos que no había Santuario en la Tierra. De manera que la profecía: ‘Hasta dos mil y trescientas tardes y mañanas; entonces será purificado el Santuario’, se refiere indudablemente al santuario que está en el Cielo” (Elena de White, El conflicto de los siglos, p. 412).

El Santuario del desierto era un modelo a escala del Santuario celestial. Los servicios del Santuario terrenal prefiguraban el plan divino de salvación. Cada sacrificio ofrecido representaba el sacrificio de Jesús en la Cruz del Calvario (ver Juan 1:29). Mediante el sacrificio de Cristo, somos libres de la condenación del pecado. El perdón es nuestro. Nuestra culpa desaparece cuando aceptamos el sacrificio de Jesús en nuestro favor y confesamos nuestros pecados (1 Juan 1:9). Jesús no solo es el Cordero que murió por nosotros, sino también el Sacerdote que vive por nosotros.

Hebreos 7:25 explica: “Por eso Jesús puede salvar perpetuamente a los que por medio de él se acercan a Dios, ya que está siempre vivo para interceder por ellos”. Él quita la culpa del pecado y nos salva del poder del pecado (Rom. 8:1-4; 2 Cor. 5:21). El ministerio de Jesús en el Santuario celestial es por nosotros. Como resultado de su intercesión, se quiebra el dominio del pecado sobre nuestra vida. Ya no estamos bajo la esclavitud de nuestra naturaleza pecaminosa. En Cristo somos libres: libres de la condenación del pecado y libres del control del pecado. Al aferrarnos a Cristo por la fe, tenemos la seguridad de la salvación.

¿Qué significa para ti saber que Jesús está en el Cielo ministrando en tu favor, es decir, que está allí intercediendo por ti? ¿Por qué necesitas un Mediador a tu favor? ¿Por qué esta verdad es una buena noticia?

 

Lunes, Mayo 20

En el lugar santísimo

Lee Levítico 16:21, y 29 al 34; 23:26 al 32; y Hebreos 9:23 al 28. ¿Por qué era tan importante el Día de la Expiación, o del Perdón, en el antiguo Israel?

Los sacerdotes ejercían su ministerio todos los días del año, pero el Día de la Expiación, llamado en hebreo Yom Kipur, los ojos de todo Israel se volvían hacia el Santuario. Levítico 16 y 23 da instrucciones explícitas para el Día de la Expiación. Todas las actividades comunes cesaban. Todos ayunaban. Mientras el sumo sacerdote entraba en nombre de ellos ante la presencia de Dios en el Lugar Santísimo, el pueblo examinaba su corazón. Buscaban a Dios con humildad y confesión sincera.

Cualquiera que no “afligi[era]” su alma en el Día de la Expiación sería “cortado”, ya no formaría parte del pueblo escogido (Lev. 23:27, 29, RVR). En el Día de la Expiación, el sumo sacerdote llevaba la sangre del macho cabrío del Señor al Santuario y, después de rociarla sobre el Propiciatorio, aplicaba la sangre a los cuernos del Altar de Oro y del Altar de Bronce, y así purificaba completamente todo el Santuario. Habiendo “acabado de expiar”, el sumo sacerdote ponía las manos sobre el macho cabrío vivo y confesaba los pecados de Israel. Entonces lo llevaban al desierto con el fin de apartarlo del campamento para siempre (Lev. 16:20-22).

La sangre se transfería al Santuario durante los servicios diarios, lo que mostraba el registro del pecado (Jer. 17:1) y la responsabilidad que asumía Dios sobre su resolución final. Ahora, en el Día de la Expiación, esta sangre se transfería fuera del Santuario y se colocaba sobre la cabeza del macho cabrío Azazel, que representaba a Satanás y revelaba su responsabilidad final por el problema del pecado.

Este macho cabrío era conducido lejos en el desierto para que, al final del Día de la Expiación, Dios tuviera un Santuario limpio y un pueblo limpio. En el Santuario celestial, Cristo ministra por nosotros, primero en el Lugar Santo, y ahora, en el Lugar Santísimo desde 1844, al final de los 2.300 días.

Superaremos este gran juicio gracias a Jesús, nuestro Sustituto. Como dijo Elena de White, somos “justificados por medio de su justicia, en la cual no habíamos participado” (Elena de White, El Deseado de todas las gentes, p. 16). Como resultado de esta justicia que se nos acredita (o imputa), afligimos nuestra alma, que es un alejamiento del pecado. Eso significa que no hemos llegado a aceptar el mal cómodamente, y que no estamos excusando ni aferrándonos a pecados acariciados, sino más bien creciendo en gracia y llevando una vida de santidad.

¿Qué importancia tiene el Día de la Expiación en nuestra vida actual? ¿Por qué debería ser determinante en nuestra manera de vivir?

 

Martes, Mayo 21

El juicio ha llegado

Compara Daniel 7:9 y 10 con Apocalipsis 14:6 y 7. ¿Qué similitud tienen estos dos pasajes?

El juicio es un tema prominente en toda la Biblia. “ ‘Porque Dios traerá toda obra a juicio, con toda cosa oculta, buena o mala’ ” (Ecl. 12:14). Jesús señaló a sus oyentes un futuro tiempo de juicio, cuando “los hombres darán cuenta de toda palabra ociosa que hayan hablado” (Mat. 12:36). El apóstol Pablo añade que Dios “iluminará lo oculto de las tinieblas y manifestará los motivos de los corazones” (1 Cor. 4:5). El mensajero angélico dijo a Juan: “Ha llegado la hora de su juicio [de Dios]” (Apoc. 14:7).

Lee Apocalipsis 22:10 al 12. Cuando Jesús regrese, ¿cuál será el destino de toda la humanidad? ¿Qué anuncio claro recibe Juan?

Puesto que Cristo viene a repartir sus recompensas finales, debe haber un juicio antes de eso, para mostrar qué recompensa recibirá cada uno cuando él venga. Cuando Cristo regrese, no habrá una segunda oportunidad. Cada ser humano habrá tenido suficiente información para tomar su decisión final e irrevocable a favor o en contra de Cristo.

Lee Mateo 25:1 al 13. ¿Por qué la relación de Jesús con estos dos grupos distintos de creyentes es tan distinta?

“Cuando haya terminado este examen, cuando se haya fallado respecto de los que en todos los siglos han profesado ser discípulos de Cristo, entonces y no antes habrá terminado el tiempo de gracia, y será cerrada la puerta de la misericordia. Así que las palabras: ‘Las que estaban preparadas entraron con él a la boda, y se cerró la puerta’, nos conducen a través del ministerio final del Salvador, hasta el momento en que quedará terminada la gran obra de la salvación del hombre” (Elena de White, El conflicto de los siglos, p. 481).

No debemos temer el Juicio. Por medio de Cristo, el perdón es nuestro, la libertad de la culpa es nuestra, el poder para llevar una vida piadosa es nuestro y la victoria final es nuestra.

 

Miércoles, Mayo 22

La buena noticia del lugar santísimo

Lee Hebreos 4:14 al 16 y 10:19 al 22. ¿Qué seguridad e invitación divinas nos ofrecen estos versículos a cada uno de nosotros?

La observación de Pablo aquí, en Hebreos, es “mantente firme”, “acércate con confianza”, “nunca te rindas”, centra tu fe en Jesús, nuestro gran Sumo Sacerdote. En Jesús, tenemos todo lo que necesitamos. Por la fe podemos entrar en el Santuario celestial por el “camino nuevo y vivo” que Jesús nos abrió.

Al mirar dentro del atrio, vemos sangre en los cuernos del Altar de Bronce. En el Lugar Santo, vemos sangre en los cuernos de oro del Altar del Incienso. Contemplamos la sangre rociada sobre la cortina frente al Propiciatorio.

La sangre de Jesús prepara el camino a cada paso. Esto nos da esperanza, porque solo podemos reunirnos con Dios cuando Jesús nos perdona y borra nuestros pecados. La misericordia de Dios es infinita, pero también lo es su justicia. Y la justicia no puede aceptar el sacrificio de Cristo como expiación por nuestras transgresiones a menos que Jesús garantice primeramente que perdona nuestros pecados y, en segundo lugar, que los borra.

Lee Apocalipsis 11:19. En el contexto del Gran Conflicto, ¿por qué esta visión es significativa? ¿Cómo muestra el vínculo inseparable entre la Ley y el evangelio?

Aquí, en el brillo deslumbrante y la gloria resplandeciente de la presencia de Dios en la sala del Trono del universo, en la base misma del Trono de Dios, descubrimos la Ley de Dios en el Arca del Pacto. Aquí, en el Lugar Santísimo, se revelan la justicia y la misericordia de Dios. Ningún poder terrenal puede cambiar la Ley de Dios porque, entre otras razones, está depositada en el Arca del Pacto celestial. Hebreos 8:10 dice: “ ‘Este es el pacto que haré con la casa de Israel después de esos días –dice el Señor–: Pondré mis leyes en la mente de ellos, las escribiré en sus corazones; y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo’ ”. Al entrar por la fe en el Santuario celestial, encontramos el perdón de nuestros pecados pasados y el poder para vivir una vida obediente por medio de Cristo, que murió por nosotros y escribe la Ley en nuestro corazón. Jesús nos salva “perpetuamente” (Heb. 7:25). Jesús nos salva total y completamente del castigo del pecado y de su poder.

¿Por qué la intercesión de Jesús es una noticia increíblemente buena? Puesto que estamos ante la Ley como norma de justicia, ¿qué esperanza tendríamos sin el evangelio?

 

Jueves, Mayo 23

Jesús, nuestro abogado en el juicio

Lee Hebreos 10:9 al 14. ¿Qué diferencia revela este pasaje entre el ministerio del sacerdote en el Santuario terrenal y el ministerio de Jesús en el Santuario celestial?

De una vez para siempre, Cristo murió en la Cruz como sacrificio perfecto por el pecado. Su ministerio sacerdotal en el Santuario celestial nos santifica. Ahora, habiendo entrado en el Lugar Santísimo, permanece como nuestro Abogado en el Juicio (ver 1 Juan 2:1). “Cristo fue ofrecido una sola vez y para siempre, a fin de quitar los pecados de muchas personas. Cristo vendrá otra vez, no para ocuparse de nuestros pecados, sino para traer salvación a todos los que esperan con anhelo su venida” (Heb. 9:28, NTV). Mediante su sacrificio y su mediación, el pecado ha sido eliminado. Ahora vuelve por los que “aman su venida” (2 Tim. 4:8).

Lee Hebreos 6:19 y 20. ¿Por qué nos invita a seguirlo y qué descubrimos al hacerlo?

“La intercesión de Cristo en beneficio del hombre en el Santuario celestial es tan esencial para el plan de la salvación como lo fue su muerte en la Cruz. Por medio de su muerte dio inicio a esa obra para cuya conclusión ascendió al Cielo después de su resurrección. Por la fe debemos entrar velo adentro, ‘donde Jesús entró por nosotros como precursor’ (Heb. 6:20). Allí se refleja la luz de la Cruz del Calvario. Allí podemos obtener un discernimiento más claro de los misterios de la redención. La salvación del hombre se lleva a cabo a un precio infinito para el Cielo; el sacrificio hecho se corresponde con las más amplias exigencias de la Ley de Dios quebrantada. Jesús abrió el camino al Trono del Padre, y a través de su mediación pueden ser presentados ante Dios los deseos sinceros de todos los que se allegan a él con fe” (Elena de White, El conflicto de los siglos, pp. 479-480).

El Plan de Salvación es un plan integral para resolver el Gran Conflicto y rescatar a este planeta de las garras de Satanás. La vida de Jesús reveló el amor de Dios ante un mundo necesitado y un universo expectante. Su muerte reveló la atrocidad del pecado y proveyó salvación para toda la humanidad. Su intercesión en el Santuario celestial ofrece los beneficios de la Expiación a todo aquel que se acerque con fe para recibirlos.

¿Cuál es la relación entre la muerte de Cristo en la Cruz y su intercesión en el Santuario celestial, y por qué el Juicio es tan necesario para el Plan de Salvación?

 

Viernes, Mayo 24

Para estudiar y meditar

Observa cómo se describe la obra de Jesús por nosotros en el Juicio y nuestro papel: “Jesús no disculpa sus pecados, pero muestra su arrepentimiento y fe, y reclamando el perdón para ellos levanta sus manos heridas ante el Padre y los santos ángeles y dice: ‘Los conozco por nombre. Los he grabado en las palmas de mis manos’. ‘Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios’ (Sal. 51:17). Y al acusador de su pueblo le dice: ‘Jehová te reprenda, oh Satanás; Jehová que ha escogido a Jerusalén te reprenda’ ” (Elena de White, El conflicto de los siglos, pp. 475-476).

“El hecho de que los hijos reconocidos de Dios están representados como de pie delante del Señor con ropas inmundas debe inducir a todos los que profesan su nombre a sentir humildad y a escudriñar profundamente su corazón. Los que están de veras purificando su alma y obedeciendo la verdad tendrán una muy humilde opinión de sí mismos. Cuanto más de cerca vean el carácter sin mancha de Cristo, mayor será su deseo de ser transformados a su imagen, y menos pureza y santidad verán en sí mismos. Pero, aunque debemos comprender nuestra condición pecaminosa, debemos fiar en Cristo como nuestra justicia, nuestra santificación y redención. No podemos contestar las acusaciones de Satanás contra nosotros. Solo Cristo puede presentar una intercesión eficaz en nuestro favor. Él puede hacer callar al acusador con argumentos que no se basan en nuestros méritos, sino en los suyos” (Elena de White, Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 446).

“Estamos viviendo ahora en el gran Día de la Expiación. Cuando en el servicio típico el sumo sacerdote hacia la expiación por Israel, todos debían afligir sus almas por medio del arrepentimiento de sus pecados y la humillación ante el Señor, si no querían verse separados del pueblo. De la misma manera, todos los que desean que sus nombres sean conservados en el Libro de la Vida deben ahora, en los pocos días que les quedan de este tiempo de gracia, afligir sus almas ante Dios con verdadero arrepentimiento y dolor por sus pecados” (Elena de White, El conflicto de los siglos, p. 480).

Preguntas para dialogar:

¿Qué emociones se suscitan al pensar que Jesús levanta sus manos heridas por nosotros ante el Padre? ¿Por qué es esta nuestra única esperanza en el Juicio?

Estamos viviendo en el Día de la Expiación. La Expiación es la obra de Dios para salvar a los pecadores perdidos. Entonces, ¿por qué debería ser una excelente noticia dedicar algún día a la obra de Dios en favor de la salvación de los pecadores?

Observa la cita de Elena de White que se encuentra arriba: “Solo Cristo puede presentar una intercesión eficaz en nuestro favor. Él puede hacer callar al acusador con argumentos que no se basan en nuestros méritos, sino en los suyos”. ¿Cómo puedes hacer tuya esta esperanza?

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