Lección 8 Edición Adultos – Sabiduría para vivir con rectitud – Sábado 24 Febrero 2024 (1er Trimestre)

Sábado, Febrero 17

Sabiduría para vivir con rectitud

Lee para el estudio de esta semana

Salmos 119:1-16; 90; Juan 3:16; Salmos 95:7-11; 141; 128.

Para memorizar
“Enséñanos a contar nuestros días de modo que nuestro corazón adquiera sabiduría” (Sal. 90:12).

Como hemos visto, la gracia de Dios ofrece el perdón de los pecados y crea un corazón nuevo en el pecador arrepentido, que ahora vive por la fe.

La Palabra de Dios también brinda instrucciones para una vida justa (Sal. 119:9-16). Cumplir la Ley de Dios de ninguna manera es una observancia legalista de normas, sino vivir en una relación íntima con Dios, una vida llena de bendiciones (Sal. 119:1, 2; 128).

No obstante, la vida del justo no está exenta de tentaciones. A veces, el justo puede verse tentado por la naturaleza astuta del pecado (Sal. 141:2-4) e incluso caer en esa tentación. Dios permite tiempos de prueba para que la fidelidad (o la infidelidad) de sus hijos se revele claramente. Si los hijos de Dios prestan atención a la instrucción y la amonestación de Dios, su fe se purificará y su confianza en el Señor se fortalecerá. La sabiduría para vivir rectamente se adquiere mediante la dinámica de la vida en compañía de Dios en medio de las tentaciones y los desafíos. Por eso, la oración en ruego a Dios de que nos enseñe a contar nuestros días para que adquiramos un corazón sabio (Sal. 90:12) refleja un compromiso continuo de ser fieles al Señor.

 

Domingo, Febrero 18

En mi corazón he guardado tus dichos

Lee Salmo 119:1 al 16 y 161 al 168. ¿Cómo debemos guardar los mandamientos de Dios, y cuáles son las bendiciones que recibimos al guardarlos?

La Biblia describe una vida diaria de fe como un peregrinaje (“andar” o “caminar”) con Dios en su senda de justicia. Llevamos una vida de fe al andar “en la ley del Señor” (Sal. 119:1) y “a la luz de [s]u rostro” (Sal. 89:15). De ningún modo son dos caminos diferentes. Andar a la luz del rostro de Dios implica cumplir la Ley de Dios. Del mismo modo, caminar “en la ley del Señor” implica buscar a Dios con todo el corazón (Sal. 119:1, 2, 10).

Andar “por caminos perfectos” es otra forma en que los salmos describen la vida recta (Sal. 119:1). Conducirse “sin tacha” (DHH) describe un sacrificio “sin defecto”, que es aceptable a Dios (Éxo. 12:5). Del mismo modo, la vida del justo, que es un sacrificio vivo (Rom. 12:1), no debe estar manchada por el amor al pecado. Una vida dedicada a Dios es también un “camino perfecto”, lo que significa que la persona toma una dirección correcta en la vida, que agrada a Dios (Sal. 101:2, 6; ver también Sal. 18:32).

Guardar los mandamientos de Dios no tiene nada que ver con una observancia legalista de las normas divinas. Al contrario, consiste en un “buen entendimiento” de la diferencia entre lo correcto y lo incorrecto, y entre el bien y el mal (Sal. 111:10; ver también 1 Crón. 22:12), y abarca a toda la persona, no solamente las acciones externas. Ser “sin tacha”, guardar los mandamientos de Dios y buscar a Dios con todo el corazón son actitudes inseparables en la vida (Sal. 119:1, 2).

Los mandamientos de Dios son una revelación de la voluntad de Dios para el mundo. Nos instruyen sobre cómo llegar a ser sabios y a vivir en libertad y paz (Sal. 119:7-11, 133). El salmista se deleita en la Ley porque le asegura la fidelidad de Dios (Sal. 119:77, 174).

“Mucha paz gozan los que aman tu ley, y no hay para ellos tropiezo” (Sal. 119:165). La imagen del tropiezo representa el fracaso moral. Como la lámpara para los pies del salmista (Sal. 119:105), la Palabra de Dios nos protege de las tentaciones (Sal. 119:110).

¿De qué manera demostró Cristo el poder de la Palabra de Dios en su vida (Mat. 4:1-11)? ¿Qué nos dice esto acerca del poder que proviene de un corazón dispuesto a obedecer la Ley de Dios?

 

Lunes, Febrero 19

Enséñanos a contar nuestros días

Lee Salmos 90; 102:11; y 103:14 al 16. ¿Cuál es el dilema humano?

La existencia humana caída no es más que vapor a la luz de la eternidad. Mil años a los ojos de Dios son “como una vigilia de la noche”, que dura tres o cuatro horas (Sal. 90:4). Comparada con el tiempo divino, una vida humana pasa volando (Sal. 90:10). Los más fuertes entre los seres humanos son análogos a las más débiles entre las plantas (Sal. 90:5, 6; 103:15, 16). Sin embargo, aun esa corta vida está llena de trabajo y dolor (Sal. 90:10). Incluso las personas seculares, que no creen en Dios, se lamentan de la brevedad de la vida, especialmente en contraste con la eternidad que saben que los amenaza con continuar sin ellos.

Salmo 90 sitúa el dilema humano en el contexto del cuidado de Dios por las personas como su Creador. El Señor ha sido la morada de su pueblo en todas las generaciones (Sal. 90:1, 2). La palabra hebrea maón (‘habitación’) describe al Señor como el refugio de su pueblo (Sal. 91:9).

Dios refrena su justa ira y vuelve a extender su gracia. El salmista exclama: “¿Quién conoce el poder de tu ira?” (Sal. 90:11), dando a entender que nadie ha experimentado nunca el pleno efecto de la ira de Dios contra el pecado, por lo que hay esperanza de que la gente se arrepienta y adquiera sabiduría para vivir rectamente.

En la Biblia, la sabiduría no se refiere únicamente a la inteligencia, sino también a la reverencia a Dios. La sabiduría que necesitamos es saber “contar nuestros días” (Sal. 90:12). Si podemos contar nuestros días, significa que nuestros días son limitados, y que sabemos que son limitados. Vivir con sabiduría significa tener conciencia de la fugacidad de la vida, lo que lleva a la fe y a la obediencia. Esta sabiduría solo se obtiene mediante el arrepentimiento (Sal. 90:8, 12) y los dones de Dios del perdón, la compasión y la misericordia (Sal. 90:13, 14).

Nuestro problema fundamental no proviene del hecho de que hayamos sido creados como seres humanos, sino del pecado y de lo que este ha provocado en nuestro mundo. Sus efectos devastadores se verifican en todas partes y en cada persona.

Con todo, gracias a Jesús se nos ha abierto un camino para salir de nuestro dilema humano (Juan 1:29; 3:14-21). De lo contrario, no tendríamos ninguna esperanza.

No importa lo rápido que pase nuestra vida, ¿qué promesa tenemos en Jesús? (Ver Juan 3:16). ¿Qué esperanza tendríamos sin él?

 

Martes, Febrero 20

La prueba del Señor

Lee Salmos 81:7 y 8; 95:7 al 11; y 105:17 al 22. ¿Qué implica la prueba divina en estos textos?

Meriba es el lugar donde Israel puso a prueba a Dios cuando desafió su fidelidad y su poder para satisfacer sus necesidades (Éxo. 17:1-7; Sal. 95:8, 9). Salmo 81 invierte de manera interesante el mismo acontecimiento, interpretándolo como el momento en que Dios puso a prueba a Israel (Sal. 81:7). Y, por su desobediencia y falta de confianza (Sal. 81:11), el pueblo fracasó en la prueba de Dios.

La referencia a Meriba transmite un doble mensaje. En primer lugar, el pueblo de Dios no debe repetir los errores de las generaciones pasadas. Al contrario, debe confiar en Dios y seguir su camino (Sal. 81:13). En segundo lugar, aunque el pueblo fracasó en la prueba, Dios acudió en su rescate cuando estaba en apuros (Sal. 81:7). La gracia salvadora de Dios en el pasado ofrece garantías acerca de la gracia de Dios a las nuevas generaciones.

El Salmo 105 muestra que las dificultades fueron el medio de Dios para poner a prueba la confianza de José en la Palabra de Dios acerca de su futuro (Gén. 37:5-10; Sal. 105:19). La palabra hebrea tsaraf (‘probó’), en el versículo 19, transmite el sentido de “purgar”, “refinar” o “purificar”. Así, el objetivo de la prueba de Dios sobre la fe de José era eliminar cualquier duda en la promesa de Dios y fortalecer la confianza de José en la conducción de Dios.

El objetivo de la disciplina divina es fortalecer a los hijos de Dios y prepararlos para el cumplimiento de la promesa, como muestra el ejemplo de José (Sal. 105:20-22).

Sin embargo, el rechazo de la instrucción de Dios trae como resultado una terquedad cada vez mayor y el endurecimiento del corazón de una persona obstinada.

“Dios requiere pronta e implícita obediencia a su Ley; pero los hombres están dormidos o paralizados por los engaños de Satanás, quien les sugiere excusas y subterfugios, y vence sus escrúpulos diciendo, como dijo a Eva en el huerto: ‘No moriréis’ (Gén. 3:4). La desobediencia no solo endurece el corazón y la conciencia del culpable, sino también tiende a corromper la fe de los demás. Lo que les parecía muy malo al principio pierde gradualmente esta apariencia al estar constantemente delante de sus ojos, hasta que finalmente dudan de que sea realmente un pecado, e inconscientemente caen en el mismo error” (Elena de White, Testimonios para la iglesia, t. 4, p. 146).

¿Cuál ha sido tu experiencia con la manera en que el pecado endurece el corazón? ¿Por qué debería ese pensamiento llevarnos a la Cruz, donde podemos encontrar el poder para obedecer?

 

Miércoles, Febrero 21

El engaño del mal camino

Lee Salmo 141. ¿Por qué ora el salmista?

Salmo 141 es una oración para pedir protección contra las tentaciones internas y externas. El salmista no solamente se ve amenazado por los planes de los malhechores (Sal. 141:9, 10), sino también se siente tentado a actuar como ellos. El primer punto débil es el dominio propio al hablar, y el salmista ruega que el Señor vigile la puerta de sus labios (Sal. 141:3). Esta imagen alude a la vigilancia de las puertas que, en tiempos bíblicos, protegían la ciudad.

La tentación consiste también en saber si el hijo de Dios cederá al consejo de los justos o se dejará seducir por los manjares de los impíos (Sal. 141:4, 5). El salmista describe su corazón como la principal amenaza, porque allí se libra la verdadera batalla. Únicamente la oración incesante de total confianza y devoción a Dios puede salvar al hijo de Dios de la tentación (Sal. 141:2).

Lee Salmo 1:1; y 141:4. ¿Cómo se describe aquí el carácter progresivo y astuto de la tentación?

Salmo 141:4 describe la naturaleza progresiva de la tentación. Primeramente el corazón se inclina hacia el mal. En segundo lugar, practica el mal (el significado en hebreo subraya el carácter repetitivo de la acción). En tercer lugar, el corazón come de los manjares de los malvados; es decir, acepta sus malas prácticas como algo deseable.

Del mismo modo, en Salmo 1:1, la tentación viene a impedir que el hijo de Dios transite por las sendas del Señor, y lo hace andar en el consejo de los malos, detenerse en el camino de los pecadores y, finalmente, sentarse con los burladores. Malos, pecadores y burladores: no debemos ser como ellos ni dejar que nos alejen del Señor.

Los salmos describen el carácter progresivo, seductor y astuto de la tentación, lo que pone de relieve el hecho de que solamente la dependencia total del Señor puede garantizar la victoria. Los salmos subrayan la importancia de las palabras que pronunciamos y escuchamos en medio de la tentación. El final tanto de los impíos como de los justos debería enseñar al pueblo a buscar la sabiduría de Dios (Sal. 1:4-6; 141:8-10). Sin embargo, en ambos salmos, la vindicación final de los hijos de Dios continúa en el futuro. Esto significa que los creyentes son llamados a confiar pacientemente en Dios y a esperar en él.

 

Jueves, Febrero 22

Bendiciones de una vida recta

Lee Salmos 1:1 al 3; 112:1 al 9; y 128. ¿Qué bendiciones se prometen para los que veneran al Señor?

De las muchas bendiciones prometidas a quienes honran al Señor, la paz es quizás una de las mayores. Salmo 1 describe a los justos mediante el símil de un árbol plantado junto a corrientes de agua, que da sus frutos a su tiempo y cuya hoja no se marchita (Sal. 1:3; Jer. 17:7, 8; Eze. 47:12). Este símil identifica la fuente de todas las bendiciones: a saber, permanecer ante la presencia de Dios en su Santuario y disfrutar de una relación amorosa e ininterrumpida con el Señor. A diferencia de los impíos, descritos como paja, sin estabilidad, lugar ni futuro, los justos son como un árbol fructífero con raíces, un lugar cerca de Dios y la vida eterna.

Salmo 128:2 y 3 evoca las bendiciones del Reino mesiánico, donde sentarse bajo las propias vid e higuera es símbolo de paz y prosperidad (Miq. 4:4). La bendición de la paz sobre Jerusalén (Sal. 122:6-8; 128:5, 6) transmite esperanza en el Mesías, quien acabará con el mal y restaurará la paz en el mundo.

“En la Biblia se llama a la herencia de los bienaventurados ‘una patria’ (Heb. 11:14-16). Allí el Pastor divino conduce a su rebaño a los manantiales de aguas vivas. El árbol de vida da su fruto cada mes, y las hojas del árbol son para utilidad de las naciones. Allí hay corrientes que manan eternamente, claras como el cristal, al lado de las cuales se mecen árboles que echan su sombra sobre los senderos preparados para los redimidos del Señor. Allí, las vastas planicies alternan con bellísimas colinas y las montañas de Dios elevan sus majestuosas cumbres. En esas pacíficas llanuras, al borde de esas corrientes vivas, el pueblo de Dios, que por tanto tiempo anduvo peregrino y errante, encontrará un hogar” (Elena de White, El conflicto de los siglos, p. 654).

El Nuevo Testamento coloca el cumplimiento de esa esperanza en el segundo advenimiento de Cristo y la creación del nuevo mundo (Mat. 26:29; Apoc. 21). Por lo tanto, aunque los justos reciben muchas bendiciones en esta vida, les aguarda la plenitud del favor de Dios cuando el Reino de Dios sea plenamente restaurado en el tiempo del fin.

¿Por qué la Cruz, y lo que allí sucedió, es la garantía de las promesas que se encuentran en el Nuevo Testamento con respecto a lo que Dios tiene reservado para nosotros? ¿Cómo podemos consolarnos con esas promesas incluso ahora?

 

Viernes, Febrero 23

Para estudiar y meditar

En estos tiempos modernos, obtener sabiduría parece no ser tan deseable como alcanzar la felicidad. La gente prefiere más ser feliz que sabia. Sin embargo, ¿podemos ser verdaderamente felices y vivir una vida plena sin la sabiduría divina? Los salmos afirman claramente que no. Lo bueno es que no se nos pide que elijamos entre la sabiduría y la felicidad; la sabiduría divina trae la verdadera felicidad.

Un simple ejemplo de la lengua hebrea puede ilustrar este argumento. En hebreo, la palabra “paso” en plural (ashuré) suena muy parecida a la palabra “felicidad” (ashré). Aunque en las traducciones al español pasamos por alto esta asociación, transmite un poderoso mensaje: Los “pasos” que siguen el camino de Dios conducen a una vida “feliz” (Sal. 1:1; 17:5; 37:31; 44:18; 89:15; Sal. 119:1).

En la Biblia, ni la sabiduría ni la felicidad son un concepto abstracto, sino una experiencia real. Se encuentran en la relación con Dios, que consiste en reverenciar, alabar, encontrar fortaleza y confiar en Dios. Salmo 25:14 dice que “el Señor da su secreto a quienes lo honran, a ellos les da a conocer su pacto”.

“Gracias a Dios por el magnífico panorama que nos ofrece. Reunamos las benditas promesas de su amor, para tenerlas siempre en mente: El Hijo de Dios, que deja el trono de su Padre y reviste su divinidad con la humanidad para poder rescatarnos del poder de Satanás. Su triunfo en nuestro favor, que abre el cielo a los seres humanos y revela a su vista la morada donde la Divinidad descubre su gloria. La humanidad caída, levantada de lo profundo de la ruina en que el pecado la había hundido, colocada de nuevo en relación con el Dios infinito, revestida de la justicia de Cristo y exaltada hasta su trono después de sufrir la prueba divina por la fe en nuestro Redentor. Todo esto es en lo que Dios quiere que nos fijemos. (Elena de White, El camino a Cristo, pp. 175-176).

Preguntas para dialogar:

¿Cómo puede la Palabra de Dios convertirse en la fuente de nuestro deleite en vez de ser una mera instrucción? ¿Qué relación hay entre alimentarse de la Palabra de Dios y permanecer en Jesucristo, la Palabra (Juan 1:1; 15:5, 7)?

¿Qué sucede cuando la gente rechaza consciente y constantemente la enseñanza de Dios (Sal. 81; 95)? ¿Por qué crees que sucede eso?

¿Por qué en ocasiones el camino de los impíos puede parecer más deseable que el consejo de los justos (Sal. 141)? Es decir, ¿cómo afrontamos el hecho aparente de que muchas veces a los malos parece irles muy bien?

IA Para Docentes
0 comments… add one

Leave a Comment

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.