EL SÁBADO ENSEÑARÉ…
Introducción:
Los fieles cristianos primitivos y medievales se caracterizaban no solamente por su lealtad individual a Dios y a su Palabra, sino también por la postura pública que adoptaron al proclamar los principios del Reino de Dios y de la salvación. Esta semana, continuamos siendo testigos de la postura de la iglesia de Dios en el Gran Conflicto, durante los períodos de la Edad Media y la Reforma. En este tiempo, los primeros reformadores y dirigentes de la iglesia se inspiraron en el ejemplo de Cristo y de los apóstoles, así como de mártires como Policarpo.
Sin embargo, esta época de reforma no constituye un período ordinario de persecución, sino un período profético de 1.260 años, que abarca desde 538 d.C. hasta 1798. Como en el caso de los otros períodos proféticos de persecución, esta época también señala el hecho de que el tiempo de la persecución es limitado, y que Dios tiene el control, en última instancia.
Durante esta época, numerosos cristianos, como los valdenses, Wycliffe y Huss, aunque sufrieron persecución a manos de los enemigos de Dios, también pasaron a la ofensiva contra las fuerzas de las tinieblas espirituales. Las armas de su ofensiva no provenían de su propia fuerza, visión ni sabiduría. Al contrario, la misión de los verdaderos cristianos, y el secreto de su poder, consistía en su descubrimiento, amor y proclamación de la Palabra de Dios.
La labor de los reformadores supuso un doble logro para la humanidad y para Dios. Su primer logro fue comprender que el amor de Dios, tal como se revela en su Palabra, transforma la vida de su pueblo y le da esperanza en el Reino de Dios. Su segundo logro fue la proclamación de la verdad bíblica al mundo en vindicación de la identidad y el carácter de Dios, ambos denigrados por las fuerzas del mal en la gran guerra cósmica. Entonces como ahora, las tinieblas espirituales retroceden ante la proclamación de la Palabra de Dios, que ilumina el mundo con esperanza y amor.
Temática de la lección:
La lección de esta semana hace hincapié en tres temas principales:
1. La persecución que la iglesia medieval llevó a cabo contra los cristianos creyentes en la Biblia tuvo lugar durante un período profético, limitado en el tiempo y bajo la supervisión final de Dios, tal y como lo prevén las Escrituras.
2. Los valdenses, Wycliffe y Huss ilustran lo que significa estar del lado de Dios, dando testimonio y proclamando la Palabra de Dios en los tiempos más oscuros del Conflicto Cósmico.
3. La Palabra de Dios es nuestra mayor fuente de esperanza y poder, que nos permite vivir y permanecer de parte de Dios.
COMENTARIO
La raíz de la persecución
Generalmente, las causas de la persecución de los primeros cristianos han sido clasificadas por los historiadores de la iglesia según las siguientes categorías:
Económicas: por ejemplo, la profesión de fe de un creyente afectaba, y a menudo restringía, sus transacciones con empresas locales y regionales (ver Hech. 19:23-27).
• Sociales: por ejemplo, los cristianos se negaban a participar de actividades inmorales.
• Políticas: por ejemplo, los cristianos se convertían en chivos expiatorios para resolver problemas políticos.
• Religiosas: por ejemplo, las creencias, las prácticas y el crecimiento cristianos se percibían como una amenaza para la existencia de las religiones dominantes.
La raíz de todas estas persecuciones era Satanás. ¿Cuál era su motivo para atacar a los cristianos en su continua guerra contra Cristo? ¿No fue Satanás, después de todo, quien había acusado originalmente a Dios de ejercer control, opresión y restricción de la libertad? ¿Por qué se convertiría ahora Satanás en la máxima fuente de persecución y opresión?
Podemos postular dos posibles razones. En primer lugar, Lucifer construyó toda su rebelión, y su propuesta de un nuevo gobierno universal, sobre mentiras, especulaciones descabelladas y acusaciones infundadas y perniciosas contra Dios, su carácter, su estatus y su soberanía (Juan 8:44). Al ser mentiroso, Satanás distorsionó la realidad no solo para los demás; él mismo se vio afectado por las mentiras que promulgó y por el acto mismo de mentir. El engaño distorsiona el fundamento mismo de la persona.
Rápidamente, la mentira se convierte en una fuerza controladora de una persona, y trata de afirmarse como verdad contra el dictado de la verdad.
En segundo lugar, no hay libertad sin Dios. Dios mismo es libre. Nos creó a su imagen: libres y, por lo tanto, morales y con capacidad de dar y recibir amor. Dios no solo nos creó libres, sino también, como nuestro Proveedor, es la norma y el sostén de nuestra libertad. No podemos tener verdadera libertad sin Dios o estando en su contra.
Todo intento de establecer una autonomía completa al margen de Dios, como quería Lucifer, significaría privar a Dios de su condición de Creador y Proveedor. Así que, para lograr la autonomía absoluta, Lucifer originó su rebelión contra Dios. Sin embargo, Lucifer pronto se dio cuenta de que, para preservar su autonomía, necesitaría constantemente suprimir la existencia misma de Dios, quien por definición era el Creador y el Proveedor. No solo eso, Lucifer también necesitaría suprimir cualquier deseo, en sí mismo y en otros, de volver a Dios y a los principios de su Reino. Por esta razón, Lucifer necesitaría exterminar toda mención de la existencia de Dios. Así, dado que el pueblo de Dios da testimonio de la existencia de Dios y lo adora como su Creador y Proveedor, Satanás no podía permitir que la existencia del pueblo de Dios continuara sin ser afectada. Si Satanás no atacara al pueblo de Dios, eso significaría reconocer el colapso de sus teorías, a saber, que no hay libertad aparte de Dios y su gobierno.
Valdenses, franciscanos y las Escrituras
A principios del segundo milenio después de Cristo, la Iglesia Católica Romana se había convertido en una institución profundamente corrupta. Los miembros de la iglesia no podían pasar esto por alto. Sintieron la necesidad de identificar las causas de la corrupción de la iglesia y proponer soluciones. Este proceso dio lugar a numerosas órdenes religiosas y mendicantes.
A principios del siglo XIII, Francisco de Asís (1181-1226), hijo más bien mundano de una familia adinerada, tuvo una experiencia de conversión mística, tras la cual renunció a cualquier propiedad que tuviera y declaró su intención de imitar en lo posible la pobreza de Cristo. Francisco fundó la orden de los franciscanos, que promovía la pobreza como virtud. Los franciscanos eran conocidos por predicar en las calles. En 1209, Francisco solicitó el reconocimiento formal de su orden por parte del papa Inocencio III, que estuvo en el poder de 1198 a 1216. Tras una vacilación inicial, el papa accedió a la petición de Francisco en 1210.
Varias décadas antes, a finales del siglo XII, Pedro Waldo (m. 1205), un próspero hombre de negocios del sureste de Francia, también experimentó una conversión, renunció a sus riquezas y predicó la pobreza voluntaria. También fundó una orden para los pobres y solicitó la aprobación del papado. Aunque el papa Alejandro III, quien presidió de 1159 a 1181, aceptó inicialmente el voto de pobreza de Waldo, su sucesor, el papa Lucio III, quien presidió la sede papal de 1181 a 1185, condenó a Waldo y a sus seguidores, los valdenses, como heréticos, y les prohibió predicar. Peor aún, durante los siglos siguientes, la Iglesia Católica Romana emprendió terribles persecuciones contra los valdenses, que casi los llevaron a la extinción.
Consideremos las similitudes que tenemos ante nosotros entre estos dos movimientos de reavivamiento y órdenes religiosas, que surgieron más o menos al mismo tiempo en la historia. Los fundadores de ambos movimientos, Francisco de Asís y Pedro Waldo, tuvieron experiencias de conversión bastante similares. Al principio, ambos fundaron sus órdenes sobre reglas espirituales similares: la pobreza y la predicación en las calles. Ambos tenían deseos similares de reformar la iglesia, y ambos apelaron al papado para que aprobara sus órdenes. La solicitud de aprobación papal por parte de los franciscanos fue recibida inicialmente con dudas, pero más tarde se les concedió. En cambio, el voto de pobreza de Waldo, aprobado inicialmente por el papado, fue rescindido más tarde. Los franciscanos se convirtieron en una de las órdenes católicas más influyentes. Por otra parte, los valdenses soportaron una de las persecuciones más crueles de la historia; persecución que apuntaba a su exterminio. Es más que pertinente preguntarnos: ¿Cuál es la razón de este trato tan diferente?
La respuesta está en su lealtad final. Los franciscanos obtuvieron la aprobación papal y otorgaron su máxima lealtad al papa. Es decir, reconocieron al papado como la máxima autoridad espiritual y temporal en la Tierra, y juraron apoyar incondicionalmente su autoridad en asuntos de doctrina y de práctica.
Los valdenses, en cambio, creían que la autoridad final para nuestra vida y enseñanzas emanaba de las Sagradas Escrituras de Dios. Por esta razón, hicieron de las Escrituras el centro de su estudio, predicación y vida. Consecuentemente, los valdenses pronto descubrieron y repudiaron un creciente número de falsedades y avenencias de la Iglesia Católica Romana, como:
• La veneración de los santos.
• La mayoría de los siete sacramentos católicos.
El concepto de la transubstanciación.
• La confesión oral de los pecados a sacerdotes humanos.
• La práctica del bautismo infantil.
• La venta de indulgencias.
• La doctrina del Purgatorio.
• Las oraciones por los muertos.
Los valdenses proclamaban que Dios es el único Creador y Salvador, y que Cristo es el único Mediador, dador de gracia y perdonador de los pecados. Enseñaban que el culto no estaba restringido al espacio físico de las iglesias católicas romanas, sino que podía ofrecerse a Dios en cualquier lugar.
Los valdenses no recibieron en vida la recompensa por su fidelidad. Pero sus ideas y su coraje para defender la Palabra de Dios pronto inspiraron a Juan Wycliffe y Juan Huss, así como al resto del movimiento de la Reforma, desde el siglo XVI en adelante.
Si bien no fueron honrados por la humanidad, estos reformadores serán honrados por el propio Cristo en su glorioso retorno. Como parte de su perdurable legado de fe, los valdenses nos transmitieron su confianza implícita en el poder autoritativo de las Escrituras. Comprendieron que el éxito del cristianismo no reside en el genio innato ni las estratagemas de sus miembros, sino en su testimonio a los demás de lo que Cristo ha hecho, y en señalar a la Palabra de Dios como la fuente de la revelación divina y la salvación. Por esta razón, los reformadores se limitaron a seguir la exhortación del apóstol Pablo:
“Que prediques la palabra y que instes a tiempo y a destiempo” (2 Tim. 4:2). Distribuyeron, a su paso, Biblias, o fragmentos del Libro Sagrado, y dejaron los resultados en manos del Espíritu Santo. Los valdenses estaban motivados en esta labor por el gran principio fundacional de Sola Scriptura; es decir, que la Escritura, por sí misma, es la Palabra de Dios; que la Biblia tiene el poder de comunicar el mensaje de Dios a todos los seres humanos; y que es autosuficiente y tiene sentido para todos sus lectores. Es precisamente este ethos el que más tarde impulsó la identidad, la misión, la unidad y la vida del movimiento adventista en el siglo XIX.
APLICACIÓN A LA VIDA
Los valdenses difundieron la Palabra de Dios en tiempos de persecución. Tal vez, como ellos, tú te encuentres en un ambiente de persecución. O tal vez te encuentres en una situación de tolerancia religiosa y paz. Cualquiera que sea tu caso, ¿qué puedes hacer para difundir la Palabra de Dios en tu contexto de una manera significativa para quienes te rodean?
Desarrolla un plan de tres puntos que te ayude a permanecer fiel a Dios en tiempos de persecución. Comparte tu plan con tu familia o tu grupo de Escuela Sabática.
RESEÑA
Texto clave: Salmo 119:11. Enfoque del estudio: Salmo 119:162; 2 Pedro 1:20, 21; Juan 16:13, 14; Efesios 2:8, 9; Romanos 3:23-31; 5:8-10; 6:22, 23.




