Jonathan Gallagher Lección 4. – En defensa de la verdad (2T 2024— El Gran Conflicto)

Lección 4. En defensa de la verdad (2T 2024 El Gran Conflicto)

Textos bíblicos:Dan. 7:23–25; Apoc. 12:6, 14; Judas 3, 4; Apoc. 2:10; Hechos 5:28–
32; Sal. 19:7–11; 1 Juan 5:11–13, Juan 3:14, 15.

Citas
• No hay nada tan poderoso como la verdad, y a menudo nada tan extraño. Daniel
Webster
• La verdad es incontrovertible. La malicia puede atacarla y la ignorancia puede
burlarse de ella, pero al final, ahí está. Winston Churchill
• La verdad no tiene hora propia. Su hora es ahora, siempre. Albert Schweitzer
• Un hombre muere cuando se niega a defender lo que es justo. Un hombre muere
cuando se niega a defender la justicia. Un hombre muere cuando se niega a
defender la verdad. Martin Luther King, Jr.
• Nunca debemos tener miedo de defender lo que es justo, digan lo que digan los
demás. Y a veces, si eso significa tomar un camino solitario, si lo que defendemos
es cierto, entonces tal vez la luz de la luna o del sol ilumine nuestro camino y lo
haga menos solitario. Pramila Jayapal
• Defiende la Verdad sin importar quién la pise. Suzy Kassem

Para debatir
¿Qué tiene de importante la verdad y el defenderla? ¿Cómo podemos saber qué es
verdad y qué es mentira? ¿Debemos fiarnos de la palabra de alguien, incluso de Dios? Afirmamos “tener la verdad”, pero ¿qué significa esto? ¿Cómo podemos estar seguros de algo? ¿Se autovalida la verdad o existe algún otro mecanismo? ¿Cómo explicamos por qué la verdad es importante en la vida?

Resumen bíblico
Dan. 7:23-25 describe a la desafiante cuarta bestia que pretende sustituir la verdad por la mentira. Dios rescata a su pueblo en el símbolo de la mujer (Apoc. 12:6, 14). Los malvados entran en la Iglesia tratando de pervertir la gracia de Dios (Judas 3, 4). Estamos llamados a ser fieles (Apoc. 2:10). Debemos obedecer a Dios antes que a los hombres (Hechos 5:28-32). Los mandamientos de Dios son buenos (Sal. 19:7-11). “Os escribo para que los que confiáis en el nombre del Hijo de Dios estéis seguros de que tenéis vida eterna” (1 Jn. 5:13). “Es necesario que el Hijo del hombre sea levantado, para que todo el que confíe en él tenga vida eterna” (Juan 3:14, 15).

Comentario
En Romanos 1:25, Pablo describe a las personas que “cambiaron la verdad de Dios
por la mentira”. Hablamos de “vivir en la mentira”, y Romanos 1 es una buena descripción de lo que esto significa en la práctica. En el contexto de la gran controversia, la verdad de Dios frente a las mentiras del Diablo es una poderosa descripción de este drama cósmico que nos involucra a todos.

Sin embargo, en el mundo actual hay una cuestión adicional. Antes los argumentos podían basarse en la “verdad proposicional”. Pero en la mente moderna la verdad es relativa. En otras palabras, “esto puede ser cierto para ti, pero no para mí”. Los individuos son los que deciden lo que es verdad para ellos. Esto corta el terreno a los que quieren argumentar que la verdad es absoluta. Por eso, al debatir sobre la “verdad”, nosotros los demás hoy, hay que plantear los aspectos relacionales. ¿Qué significa para mí aceptar esto como verdad? ¿Qué diferencia hay en mi vida? La verdad puede percibirse de distintas maneras, pero los resultados de “creer una mentira” siguen siendo ineludibles.

En nuestras experiencias cotidianas con los demás, representamos la gran controversia en miniatura: el conflicto y las peleas, el amor y la admiración, la demostración de si nos atenemos a la verdad, la honestidad, lo correcto, etcétera. Considera la caída de Lucifer, y empezarás a ver lo insidioso que es realmente el pecado, cómo creyendo una mentira puedes llegar a una posición en la que lo correcto es incorrecto y lo incorrecto es correcto. En este proceso de autoengaño, Lucifer llegó a creer su propia propaganda, según parece. ¿Cuáles son las lecciones para nosotros?

Al inventar sus acusaciones, el Diablo tuvo que mentir. Tuvo que rechazar la verdad y pervertir la comprensión y los motivos de la actitud y las acciones de Dios. Al hacerlo, tuvo que convencerse a sí mismo de su visión deformada de la realidad. Al creer en su propia propaganda, el Diablo acabó creyendo totalmente en una mentira, hasta el punto de que Jesús dice que “no hay verdad en él”. Se convirtió en alguien sin verdad y lleno de mentira. En consecuencia, el Diablo se convirtió en todo lo contrario de Dios -actuando para el mal y con engaño, tergiversando y falsificando-, de modo que el error se convirtió para él en verdad, y la verdad, en error. ¿Cómo afrontar una situación así? ¿Cómo trabajar con alguien cuya visión de la realidad está exactamente a 180 grados de distancia? ¿Cómo convencer a alguien que está totalmente convencido de sí mismo? ¿Cómo tratar con alguien que miente al cien por cien?

No hay excusa para no ver la verdad. Que podamos elegir no ver, rechazar, pervertir la verdad no significa que no haya verdad. Pero al elegir negar la verdad el resultado es que nuestro pensamiento se vuelve fútil y nuestros corazones necios se oscurecen. Aunque sigamos pretendiendo ser sabios, nos convertimos en necios. (véase Romanos 1:21, 22).
En última instancia, Dios se da por vencido con todos los que rechazan la verdad de esta manera (Romanos 1:24, 26, 28), permitiéndonos depravar nuestras mentes y experimentar las consecuencias de convertir el error en verdad. Pero la conclusión es eterna e inmutable: “Sustituyeron la verdad de Dios por la mentira”. (Romanos 1:25). La verdad. Esa palabra tan difícil, esa idea de lo real, lo correcto y lo absoluto que es tan difícil de definir. ¿Qué es la verdad? preguntó un famoso agente del mentiroso original, sin detenerse a buscar la respuesta y sin darse cuenta de que la Verdad estaba justo delante de él.
“Yo soy la verdad”, dijo Jesús. ¿Qué quería decir? ¿Y qué hay de caminar en la verdad y permanecer en la verdad y que la verdad nos haga libres? Al final, la verdad no es tanto una lista de proposiciones, ni siquiera de creencias fundamentales. Como dice Jesús, la verdad es una persona, y la amamos porque es digna de confianza y verdadera, siempre veraz.

Comentarios de Elena de White
A medida que la obra del pueblo de Dios avance con energía santificada e irresistible, implantando el estandarte de la justicia de Cristo en la iglesia, movida por un poder que procede del trono de Dios, el gran conflicto aumentará en intensidad y será cada vez más decidido. Una mente se opondrá a otra mente, unos planes a otros planes, los principios de origen celestial a los principios de Satanás. La verdad en sus diferentes aspectos estará en conflicto con el error en sus formas siempre cambiantes y crecientes mediante las que, si fuere posible, se engañará a los mismos escogidos. {Testimonios para los Ministros, p. 407}
Debemos defender la verdad por profesión, y los principios de la verdad deben formar parte de nuestra vida. {Review and Herald, 1 de Octubre de 1889} La mayor carencia de esta época es la carencia de hombres, hombres que no se dejen comprar ni vender; hombres que sean verdaderos y honestos en lo más íntimo de sus almas; hombres que no teman llamar al pecado por su justo nombre y condenarlo, en sí mismos o en los demás; hombres cuya conciencia sea tan fiel al deber como la aguja al palo; hombres que defiendan lo justo, aunque caigan los cielos… {Signsofthe Times, 4 de mayo de 1882}
Mientras que el embaucador grita constantemente: “La luz está aquí, esta es la verdad”, Jesús dice: “Yo soy la verdad, tengo palabras de vida eterna. Si alguno me sigue, no andará en tinieblas”. Dios nos da todas las pruebas suficientes para inclinar nuestra fe hacia el lado de la verdad. Si nos rendimos a Dios escogeremos la luz y rechazaremos las tinieblas. Si deseamos mantener la independencia del corazón natural, y rechazamos la corrección de Dios, como los judíos, nos obstinaremos en llevar a cabo nuestros propósitos y nuestras ideas aun ante las más claras pruebas, y estaremos en peligro de sufrir un engaño tan grande como el que ellos sufrieron. En nuestra infatuación podemos llegar tan lejos como ellos y aun suponer que estamos haciendo la obra de Dios. {Testimonios para la Igleisa, p. 227}

Preparado y escrito por: © Jonathan Gallagher 2024
Traducción: Shelly Barrios De Ávila

Radio Adventista
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