Lección 4 Edicion Adultos: “La Biblia: Fuente autoritativa de nuestra teología” Para el 25 de abril de 2020

Segundo trimestre (abril-junio) de 2020

“La Biblia: Fuente autoritativa de nuestra teología”

Lección 4: – Para el 25 de abril de 2020

Sábado 18 de abril

Lee Para el Estudio de esta Semana: Marcos 7:1-13; Romanos 2:4; 1 Juan 2:15-17; 2 Corintios 10:5, 6; Juan 5:46, 47; 7:38.

Para Memorizar: “¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido” (Isa. 8:20).

No hay ninguna iglesia cristiana que no utilice la Biblia para respaldar sus creencias. Sin embargo, el papel y la autoridad de la Escritura en la teología no son iguales en todas las iglesias. De hecho, el papel de las Escrituras puede variar mucho de una iglesia a otra. Este es un tema importante pero complejo que exploraremos al estudiar cinco fuentes influyentes diferentes que intervienen en nuestra interpretación de las Escrituras: la tradición, la experiencia, la cultura, la razón y la Biblia misma.

Estas fuentes desempeñan un papel importante en cada teología y en cada iglesia. Todos somos parte de varias tradiciones y culturas que nos impactan. Todos tenemos experiencias que dan forma a nuestro pensamiento e influyen en nuestra comprensión. Todos tenemos una mente para pensar y evaluar las cosas. Todos leemos la Biblia y la usamos para comprender a Dios y su voluntad.

¿Cuál de estas fuentes, o combinaciones de ellas, tiene la autoridad final en nuestra forma de interpretar la Biblia? La prioridad que se le da a cualquier fuente o fuentes ocasiona énfasis y resultados muy diferentes y, en última instancia, determinará la dirección de toda nuestra teología.

 

Domingo 19 de abril:

La tradición

La tradición en sí no es mala. Da a los actos recurrentes de nuestra vida cotidiana una cierta rutina y estructura. Nos puede ayudar a mantenernos conectados con nuestras raíces. Por lo tanto, no es de extrañar que la tradición también juegue un papel importante en la religión. Pero también hay algunos peligros relacionados con la tradición.

¿Qué nos enseña Marcos 7:1 al 13 sobre cómo reaccionó Jesús a algunas tradiciones humanas de su época?

La tradición que Jesús confrontó era cuidadosamente transmitida en la comunidad judía de maestro a alumno. En los días de Jesús, esta había asumido un lugar a la par de las Escrituras. Sin embargo, la tradición tiende a crecer durante largos períodos, acumulando así cada vez más detalles y aspectos que originalmente no formaban parte de la Palabra ni del plan de Dios. Estas tradiciones humanas, aunque eran promovidas por “ancianos” respetados (ver Mar. 7:3, 5), es decir, por los líderes religiosos de la comunidad judía, no son iguales a los mandamientos de Dios (ver Mar. 7:8, 9). Eran tradiciones humanas y, a la larga, llegaron a un punto en el que “invalida[ron] la palabra de Dios” (Mar. 7:13).

Lee 1 Corintios 11:2; y 2 Tesalonicenses 3:6. ¿Cómo distinguimos entre la Palabra de Dios y la tradición humana? ¿Por qué es tan importante que hagamos esta distinción?

La Palabra viva de Dios origina en nosotros una actitud reverente y fiel hacia ella. Esta fidelidad genera una cierta tradición. Nuestra fidelidad, sin embargo, siempre necesita ser leal al Dios vivo, que ha revelado su voluntad en la Palabra escrita de Dios. Por lo tanto, la Biblia ostenta un papel único que reemplaza a todas las tradiciones humanas. La Biblia está por encima y por sobre todas las tradiciones, incluso las buenas. Las tradiciones que surgen de nuestra experiencia con Dios y su Palabra constantemente deben cotejarse con la vara de medir de la santa Escritura.

¿Cuáles son las cosas que hacemos como iglesia que podrían ponerse bajo el rótulo de “tradición”? ¿Por qué siempre es importante distinguirlas de un precepto bíblico? Lleva tu respuesta a la clase el sábado.

 

Lunes 20 de abril:

La experiencia

Lee Romanos 2:4; y Tito 3:4 y 5. ¿Cómo percibimos la benignidad, la paciencia, el perdón, la longanimidad y el amor de Dios? ¿Por qué es importante que nuestra fe no sea solo un conocimiento abstracto e intelectual, sino algo que realmente experimentemos? Al mismo tiempo, nuestras experiencias, ¿de qué manera pueden entrar en conflicto con la Biblia e incluso engañarnos en nuestra fe?

La experiencia es parte de nuestra existencia humana. Afecta nuestros sentimientos y pensamientos de una manera poderosa. Dios nos ha diseñado de modo que nuestra relación con su creación, e incluso con Dios mismo, está tan conectada a nuestra experiencia que esta la determina.

Dios desea que experimentemos la belleza de las relaciones, del arte, la música y las maravillas de la creación, así como el gozo de su salvación y el poder de las promesas de su Palabra. Nuestra religión y nuestra fe son más que solo doctrina y decisiones racionales. Lo que experimentamos moldea significativamente nuestra visión de Dios e incluso nuestra comprensión de su Palabra. Pero también necesitamos ver claramente las limitaciones e insuficiencias de nuestras experiencias a la hora de conocer la voluntad de Dios.

¿Qué advertencia se encuentra en 2 Corintios 11:1 al 3? ¿Qué debería decirnos esto sobre los límites de confiar en nuestras experiencias?

Las experiencias pueden ser muy engañosas. Bíblicamente hablando, la experiencia necesita tener su propia esfera. Necesita que la Escritura la inspire y la forme, y también que la interprete. A veces queremos experimentar algo que no está en armonía con la Palabra y la voluntad de Dios. Aquí debemos aprender a confiar en la Palabra de Dios incluso por encima de nuestra experiencia y deseos. Debemos estar atentos para cerciorarnos de que incluso nuestra experiencia esté siempre en armonía con la Palabra de Dios y no contradiga las claras enseñanzas de la Biblia.

Una fe en la que el amor a Dios y el amor a los demás (ver Mar. 12:28-31) son los mandamientos principales es, obviamente, una fe en la que la experiencia importa. Al mismo tiempo, ¿por qué es indispensable que siempre analicemos nuestra experiencia teniendo la Palabra de Dios como parámetro?

 

Martes 21 de abril:

La cultura

Todos pertenecemos a una cultura (o culturas) concreta y somos parte de ella. Todos somos influenciados y moldeados por la cultura, también. Nadie escapa de ella. De hecho, piensa en cuántos relatos del Antiguo Testamento detallan que el antiguo Israel se corrompió por las culturas circundantes. ¿Qué nos hace pensar que hoy somos diferentes o mejores?

La Palabra de Dios también se da en una cultura específica, aunque no se limita a esa cultura. Si bien los factores culturales influyen inevitablemente en nuestra comprensión de la Biblia, no debemos perder de vista el hecho de que la Biblia también trasciende las categorías culturales establecidas de etnicidad, imperio y estatus social. Esta es una de las razones por las que la Biblia supera cualquier cultura humana e incluso es capaz de transformar y corregir los elementos pecaminosos que encontramos en todas las culturas.

Lee 1 Juan 2:15 al 17. ¿Qué quiere decir Juan cuando dice que no debemos amar las cosas del mundo? ¿Cómo podemos vivir en el mundo y, no obstante, no tener una mentalidad mundana?

La cultura, como cualquier otra faceta de la creación de Dios, se ve afectada por el pecado. Por consiguiente, también está bajo el juicio de Dios. Sí, algunos aspectos de nuestra cultura podrían alinearse muy bien con nuestra fe, pero siempre debemos tener cuidado de distinguir entre ambas. Idealmente, la fe bíblica debería desafiar la cultura existente si es necesario, y crear una contracultura que sea fiel a la Palabra de Dios. A menos que tengamos algo arraigado en nosotros que provenga de lo Alto, pronto cederemos a lo que nos rodea.

Elena de White nos brinda la siguiente mirada:

“Los seguidores de Cristo han de estar separados del mundo en sus principios e intereses; pero no deben aislarse del mundo. El Salvador trataba constantemente con los hombres, no para alentarlos en cosa alguna que no estuviese de acuerdo con la voluntad de Dios, sino para elevarlos y ennoblecerlos” (CM 306).

¿Qué aspectos de tu cultura están en total oposición a la fe bíblica? Más aún, ¿cómo nos mantenemos firmes en esos aspectos que intentan echar a perder nuestra fe?

 

Miércoles 22 de abril:

La razón

Lee 2 Corintios 10:5 y 6; Proverbios 1:7; y 9:10. ¿Por qué es tan importante la obediencia a Cristo en nuestros pensamientos? ¿Por qué el temor de Jehová es el principio de la sabiduría?

Dios nos ha dado la capacidad de pensar y razonar. Cada actividad humana y cada argumento teológico supone nuestra capacidad de pensar y sacar conclusiones. Nosotros no respaldamos una fe irracional. Sin embargo, como consecuencia de la Ilustración del siglo XVIII, la razón humana asumió un papel nuevo y dominante, especialmente en la sociedad occidental, que va mucho más allá de nuestra capacidad de pensar y llegar a conclusiones correctas.

En contraste con la idea de que todo nuestro conocimiento se basa en la experiencia sensorial, otro enfoque considera que la razón humana es la principal fuente de conocimiento. Esta perspectiva, llamada racionalismo, es la idea de que la verdad no es sensorial sino intelectual, y deriva de la razón. En otras palabras, existen ciertas verdades y solo nuestra razón puede captarlas directamente. Esto hace que la razón humana sea la prueba y el criterio para la verdad. La razón se convirtió en la nueva autoridad ante la que todo lo demás debía inclinarse, incluyendo la autoridad de la Iglesia y, lo que es más grave, hasta la autoridad de la Biblia como la Palabra de Dios. Se descartó todo lo que no era evidente para la razón humana y se cuestionó su legitimidad. Esta actitud afectó a grandes partes de la Escritura. Todos los milagros y actos sobrenaturales de Dios, como la resurrección corporal de Jesús, el nacimiento virginal o la creación de seis días, por mencionar solo algunos, ya no se consideraban verdaderos ni confiables.

La verdad es que debemos recordar el hecho de que incluso nuestro poder de razonamiento se ve afectado por el pecado y debe ser sometido al reinado de Cristo. Los seres humanos tienen el entendimiento entenebrecido y están alienados de Dios (Efe. 4:18). Necesitamos que la Palabra de Dios nos ilumine. Además, el hecho de que Dios sea nuestro Creador indica que, bíblicamente hablando, la razón humana no se crea como algo que funcione de manera independiente o autónoma de Dios. Al contrario, “el temor de Jehová es el principio de la sabiduría” (Prov. 9:10; comparar con Prov. 1:7). Recién cuando en nuestra vida aceptamos la supremacía de la revelación de Dios (encarnada en la Palabra escrita de Dios), y estamos dispuestos a cumplir lo que está escrito en la Biblia, podemos razonar correctamente.

Hace siglos, el presidente estadounidense Thomas Jefferson hizo su propia versión del Nuevo Testamento eliminando todo lo que, en su opinión, iba en contra de la razón. Desaparecieron casi todos los milagros de Jesús, incluida su resurrección. ¿Qué debería enseñarnos esto acerca de los límites de la razón humana para entender la verdad?

 

Jueves 23 de abril:

La Biblia

El Espíritu Santo, quien reveló e inspiró el contenido de la Biblia a los seres humanos, nunca nos guiará en contra de la Palabra de Dios ni nos extraviará de ella. Para los adventistas del séptimo día, la Biblia tiene una autoridad superior a la tradición humana, la experiencia, la razón o la cultura. La Biblia sola es la norma por la que todo lo demás necesita comprobarse.

Lee Juan 5:46 y 47; y 7:38. Para Jesucristo, la Biblia es la fuente suprema para interpretar las cuestiones espirituales. ¿Cómo confirma la Biblia que Jesús es el verdadero Mesías?

Algunos afirman haber recibido “revelaciones” e instrucciones especiales de parte del Espíritu Santo, pero estas contradicen el claro mensaje de la Biblia. Para ellos, el Espíritu Santo ha alcanzado una autoridad superior a la Palabra de Dios. Quien anula la Palabra de Dios, escrita e inspirada, y evade su claro mensaje está pisando sobre terreno peligroso y no está siguiendo la conducción del Espíritu de Dios. La Biblia es nuestra única salvaguardia espiritual. Solo la Biblia es una norma confiable para todas las cuestiones de fe y práctica.

“El Espíritu Santo habla a la mente y graba la verdad en el corazón a través de las Escrituras. Así expone el error y lo expulsa del alma. Es por medio del Espíritu de verdad, obrando a través de la Palabra de Dios, como Cristo subyuga a sí mismo a su pueblo escogido” (DTG 625).

Nunca debe interpretarse que el Espíritu Santo reemplaza la Palabra de Dios, sino que él obra en armonía con la Biblia y a través de ella para acercarnos a Cristo, por lo que la Biblia es la única norma para la auténtica espiritualidad bíblica. La Biblia brinda una sana doctrina (ver 1 Tim. 4:6) y, como Palabra de Dios, es confiable y merece aceptación plena. No es nuestra tarea emitir juicio sobre las Escrituras. Al contrario, la Palabra de Dios, más bien, tiene el derecho y la autoridad de juzgarnos a nosotros y nuestro pensamiento. Al fin y al cabo, es la Palabra Escrita del mismo Dios.

¿Por qué la Biblia es una guía más segura en cuestiones espirituales que las impresiones subjetivas? ¿Cuáles son las consecuencias cuando no aceptamos la Biblia como la norma con la que contrastar todas las enseñanzas e incluso nuestra experiencia espiritual? Si la revelación privada tuviese la última palabra en cuestiones espirituales, ¿por qué esto no conduciría más que al caos y al error?

 

Viernes 24 de abril

Para Estudiar y Meditar:

Lee Elena de White, El conflicto de los siglos, “Nuestra única salvaguardia”, pp. 579-587.

En nuestra reflexión sobre la Palabra de Dios hemos analizado la tradición, la experiencia, la cultura, la razón y la Biblia. La pregunta concluyente es: ¿Cuál de estas fuentes tiene la última palabra y la máxima autoridad en nuestra teología? Una cosa es decir “la Biblia”, pero es completamente diferente permitir que la Biblia, a través del ministerio del Espíritu Santo, impacte y cambie la vida.

En cierto sentido, la cultura, la experiencia, la razón e incluso la tradición en sí tal vez no sean necesariamente malas. Se transforman en problemas cuando contradicen lo que las Escrituras enseñan. Pero a menudo es de esperarse. No obstante, lo peor es cuando estas cosas se anteponen a la Palabra de Dios. Mayormente las historias de apostasía del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento tuvieron lugar cuando las influencias externas primaron sobre la revelación divina.

Preguntas para Dialogar:

  1. ¿Por qué es más fácil respetar los detalles de algunas tradiciones humanas que vivir el espíritu de la ley de Dios: amar al Señor nuestro Dios con todo mi corazón, alma y mente, y a mi prójimo como a mí mismo (ver Mat. 22:37-40)?
  2. En clase, analicen las respuestas a la pregunta final del domingo. ¿Qué papel debería cumplir la tradición en nuestra iglesia? ¿Qué bendiciones y desafíos hay en las tradiciones religiosas?
  3. ¿Cómo podemos asegurarnos de que la tradición, por más buena que sea, no sustituya la Palabra escrita de Dios como nuestra norma y autoridad final?
  4. Supongamos que alguien dice haber tenido un sueño en el que el Señor le habló, diciéndole que el domingo es el verdadero día de descanso y adoración para la era neotestamentaria. ¿Cómo le responderías a esa persona? ¿Qué nos enseña una historia así en cuanto a que la Palabra de Dios siempre debe comprobar la experiencia?
  5. En clase, hablen sobre la cultura en la que su iglesia se encuentra inmersa. ¿Cómo afecta esa cultura a tu fe? ¿Qué ejemplos podemos encontrar en la historia donde la cultura haya tenido un impacto considerable sobre el accionar de los miembros de la iglesia, a tal punto que, al mirar hacia atrás ahora, los consideramos negativos? ¿Qué lecciones personales podemos sacar de esto para no cometer errores similares?
Radio Adventista
4 comments… add one
  • Muchas gracias de un Brasileño por las lecciones. Un feliz y bendecido Sábado para ustedes.

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  • Tener mucho cuidado con la música. Gracias ! Dios los bendiga enormemente.

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  • Gracias por compartircon nosotros esta leccion muy buena.

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  • Muchas gracias

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