Lección 13 para Alumnos: “La redención” Para el sabado 26 de marzo de 2016

Primer trimestre (enero-marzo) de 2016

“La redención”

Lección 13: – Para el 26 de marzo de 2016

 

Sábado 19 de marzo

Lee Para el Estudio de esta Semana: Apocalipsis 20:1-3; Jeremías 4:23-26; 1 Corintios 4:5; Apocalipsis 20:7-15; Filipenses 2:9-11; 2 Pedro 3:10.

Para Memorizar: “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, no habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron” (Apoc. 21:4).

La gente pregunta: ¿Por qué surgió el mal? La respuesta es: Por la libertad. La verdadera libertad moral involucra riesgos porque, si los seres son verdaderamente libres, entonces tienen la opción de hacer el mal.

Es razonable, pero surge la pregunta: ¿Por qué Dios no los eliminó cuando hicieron el mal y al resto nos ahorraba los terribles resultados de la rebelión?
La respuesta llega al centro de la gran controversia. Veremos esta semana que Dios conduce una especie de gobierno “abierto” y, aunque hay muchos misterios en eso, él resolverá la gran controversia de manera que, para siempre, terminarán las preguntas acerca de su bondad, su justicia, el amor y la Ley.

Tendremos mil años para obtener respuestas acerca de la suerte de los perdidos (y una eternidad para el resto). Después de la Segunda Venida, los redimidos vivirán y reinarán con Cristo por mil años, y tendrán una parte activa en el juicio. Consideremos los pasos finales del drama de la gran controversia, que ya estuvo en operación por demasiado tiempo.

 

Domingo 20 de marzo:

Satanás atado

Lee Apocalipsis 20:1 al 3. ¿Qué se describe aquí y qué esperanza nos ofrece?

Atar o ser atado se usa de muchas maneras en la Biblia. En el nivel más sencillo se aplica a un prisionero. Jesús soltó a muchos que habían sido atados por Satanás. Además, el acto de desatar se usa para describir el poder sobre el mal que Dios da a la iglesia, haciéndolo un símbolo de juicio.

Cuando se captura a un criminal peligroso, es necesario atarlo. Sin embargo, cuando en la Biblia se ata a la gente, muchas veces no son criminales. Juan el Bautista fue puesto en cadenas porque denunció los males morales del rey (Mat. 14:3, 4). Jesús fue atado en el Jardín (Juan 18:12), en su juicio (vers. 24) y en su muerte (Juan 19:40). Pablo (Hech. 21:33) y Pedro (Hech. 12:6) también fueron atados.

Jesús pasó tiempo con gente a quienes Satanás había atado. Hubo un endemoniado atado por demonios, pero quedaron cadenas rotas en sus muñecas y sus tobillos (Mar. 5:3, 4). Antes de que Jesús lo liberara, nadie podía refrenar el mal. Jesús se encontró con una mujer encorvada y la liberó (Luc. 13:11, 12, 16). También liberó a Lázaro de la tumba (Juan 11:43, 44). Luego, estuvo Barrabás, quien fue liberado por pedido de la turba, de modo que Jesús, y no él, fuera crucificado (Mar. 15:7-15). En todos estos casos, vemos a Satanás tratando de mantener prisionera a la gente con aflicciones, o atar a los inocentes permitiendo que el mal florezca. Sin embargo, Jesús rompe los lazos de la muerte a fin de traer liberación a un mundo aprisionado por Satanás. Al fin, éste será atado y arrojado a las tinieblas de afuera (Apoc. 20:1-3).

Además, Jesús dio poder a sus seguidores para liberar lo que Satanás ató. Les aseguró que Satanás (“el hombre fuerte”) podía ser atado y su casa saqueada (Mat. 12:26-29). Es decir, Satanás no tiene poder contra Cristo y sus seguidores, porque éste liberó a su pueblo de los lazos de Satanás.

Como observó Pablo, “la palabra de Dios no está encadenada” (2 Tim. 2:9, NVI). Es el medio por el cual Jesús silenció a Satanás (Mat. 4:4, 7, 10), y nosotros podemos usar el mismo poder para resistirlo.

¿Qué promesas puedes reclamar que te liberarán de cualquier cadena con la que el diablo procure atarte?

 

Lunes 21 de marzo:

Las preguntas de “por qué”

Génesis 1:2 describe la tierra como “desordenada y vacía”. Jeremías usa la misma frase para describir la tierra después de las siete plagas y la Segunda Venida, en la que cada ciudad estará “asolada delante de Jehová” (Jer. 4:26). En Jeremías, no hay hombres (vers. 25); en el informe de Juan, Satanás es incapaz de engañar a ninguno (Apoc. 20:3).

Los efectos universales de la Segunda Venida explican qué sucede aquí en Apocalipsis. Primero, Jesús lleva a sus seguidores a un lugar que él fue a preparar cuando dejó la tierra (Juan 14:1-3). Pablo añade que los seguidores incluyen a los vivos y a los resucitados (1 Tes. 4:16, 17). Juan añade otro detalle: después de la primera resurrección en la Segunda Venida, el resto seguirá muerto hasta que hayan pasado mil años (Apoc. 20:5).

Lee Apocalipsis 20:4. ¿Qué se describe en este texto?

“Recibieron facultad de juzgar”. ¿Cómo pueden juzgar sin obtener más información? Antes de la destrucción final de los impíos, los salvos tendrán la oportunidad de que muchas de sus preguntas sean contestadas. Aún más asombroso, los redimidos juzgarán a los perdidos.

“Junto con Cristo juzgan a los impíos, comparando sus actos con el libro de la Ley, la Biblia, y fallando cada caso en conformidad con los actos que cometieron por medio de su cuerpo. Entonces, lo que los malos tienen que sufrir es medido según sus obras, y queda anotado frente a sus nombres en el libro de la muerte”·(CS 719).

Mientras los registros están abiertos, veremos las innumerables veces que Dios llamó a los perdidos con palabras de bondad y amor. Cuán pacientemente él persistió, solo para ser ahogada por el bullicio de las cosas de este mundo, presentadas como deseables. Cómo esperó él, anhelando una oportunidad de ser reconocido como el que pagó un precio infinito para que pudieran tener vida; pero ellos, en cambio, eligieron la muerte. ¿Hay algo en tu vida que te impide escuchar su voz? Él está todavía esperándote con paciencia. Elige la vida.

Lee 1 Corintios 4:5. ¿Qué se nos promete aquí con respecto a la Segunda Venida? ¿Cómo puedes apoyarte en esta promesa ahora, cuando aun tienes muchas preguntas sin respuesta?

 

Martes 22 de marzo:

El juicio final

En los tiempos bíblicos, había dos lugares para juzgar: la puerta de la ciudad y ante el trono del rey. Los ancianos en la puerta decidían todos los casos sencillos, pero el rey decidía todos los problemas mayores. La palabra del rey era final en asegurar justicia. En forma similar, la Biblia describe a Dios sentado en el trono como Rey del universo, que garantiza que, finalmente, se hará justicia (Apoc. 20:11-15).

Lee Apocalipsis 20:7 al 15. ¿De qué manera entendemos estos majestuosos eventos?

Apocalipsis 20 tiene que ver con los mil años; así, este juicio especial sucede en ese marco de tiempo. No es la misma escena que se describe en el versículo 4, donde hay muchos tronos, porque en el versículo 11 hay solo uno. Más bien es al final de los mil años, después de la segunda resurrección (Apoc. 20:5), y después de que Satanás convence a las huestes de los perdidos de rodear la Santa Ciudad (vers. 7-9). El gran trono blanco de Dios se ve por encima de la ciudad en ese momento. Presente estará cada persona que nació una vez; algunos dentro de la ciudad, otros afuera. Este es el tiempo del que habló Jesús cuando dijo que habría algunas personas que preguntarían por qué no entraron al Reino de Dios (Mat. 7:22, 23). También es el tiempo del que habló Pablo cuando dijo que un día toda rodilla se inclinará antes Jesús, “de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra… y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor” (Fil. 2:9-11).

El propósito del juicio no es enseñarle a Dios algo que él no sabía antes: él ya conoce todo. El propósito es que cada uno sepa por qué Dios juzgó a los perdidos del modo en que lo hizo. Cada persona, cada ángel, podrá decir: “Justo eres tú, oh Señor, el que eres y que eras” (Apoc. 16:5). Los salvados y los perdidos, tanto humanos como ángeles, verán la justicia y rectitud de Dios.

El acto final en este drama es la destrucción de “la muerte y el Hades”, y del “que no se halló inscrito en el libro de la vida” (Apoc. 20:14, 15). Jesús tiene las llaves de la muerte y del Hades (Apoc. 1:18). Ninguno de ellos tiene alguna razón de seguir existiendo. En vez de afrontar un tormento eterno, como se enseña comúnmente, los perdidos serán destruidos. Dejarán de existir para siempre, lo opuesto de la vida eterna.

 

Miércoles 23 de marzo:

Cielos nuevos y tierra nueva

El pecado y la rebelión han sido intrusos no bienvenidos. Nunca fue la intención que estuvieran aquí. Produjeron mucho daño, pero ahora que la causa de ese daño ya no existe, es tiempo de restaurar todo a la perfección. La gran controversia no estará completada hasta que eso ocurra.

Lee Apocalipsis 21:1, 2, 9 y 10; y 22:1 al 3. ¿Cuáles son los rasgos principales de la descripción de Juan? ¿Qué significan?

Cuando Juan describe cielos nuevos así como una tierra nueva, está repitiendo lo que dijo Pedro: “los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos” (2 Ped. 3:10). Como sabemos muy bien, la tierra tiene una desesperada necesidad ser reparada. Todo lo que hay aquí será completamente destruido a fin de dar lugar a toda una existencia nueva.

Juan también habla acerca de que no habrá mar (Apoc. 21:1). Él escribió eso desde una isla-prisión (Patmos) donde el mar imposibilitaba el escape. Aun en un barco moderno, lleva horas alcanzar la isla donde Juan escribió estas palabras. En la tierra hecha a nuevo no habrá más ninguna forma de barrera que impida que los redimidos se muevan libremente de un lugar a otro, o de ver a sus amados.

La descripción de la Nueva Jerusalén suena increíblemente espectacular. Aunque se la presenta como del estilo de las ciudades del tiempo en el que vivió Juan, porque era lo que él conocía, las imágenes de los artistas que la pintan con una arquitectura romana del siglo I la desfavorecen pues es una ciudad “cuyo arquitecto y constructor es Dios” (Heb. 11:10).

Nuestras mentes apenas pueden captar las descripciones de la ciudad y sus enormes dimensiones nos dicen que allí no hay escasez de espacio; habrá lugar para todos. Apenas podemos comenzar a imaginarlas, pero ¡qué divertido es dejar que nuestra creatividad se explaye en lo que nos espera!

Mira a tu alrededor la belleza del mundo natural y lo que te dice acerca del carácter de Dios, a pesar de la devastación provocada por el pecado. ¿De qué manera lo que vemos ahora puede inspirarnos a confiar en lo que todavía no vemos?

 

Jueves 24 de marzo:

No más lágrimas

Lee Apocalipsis 21:3 al 5. ¿Qué significan las lágrimas?

Todos hemos experimentado lo que significa llorar. Estamos familiarizados con la acción de secar las lágrimas de los ojos de otros: una madre que consuela a su hijo, un amigo que consuela a un compañero, o un padre que consuela a otro en medio del dolor o la tragedia. Sin embargo, por lo general permitimos que solo unas pocas personas toquen nuestro rostro o nos abracen al consolarnos. Entonces, ¿qué puede significar que Dios nos toque el rostro si no es que tenemos un vínculo íntimo con nuestro Hacedor?

Es difícil imaginar un mundo sin muerte, tristeza o llanto. El dolor, las lágrimas y la muerte han sido la norma para la humanidad desde la Caída (Gén. 3:16-19). No obstante, Dios aseguró a la raza humana que el fracaso y las pérdidas no son lo que único que podemos esperar. Dios, a lo largo de la historia, ha dicho que un día nos redimirá y nos bendecirá con su presencia.

Primero, la promesa de un Redentor (Gén. 3:15); luego, la seguridad de su presencia en un tabernáculo (Éxo. 25:8); más tarde, la realidad de la Palabra hecha carne y habitando (gr., “tabernaculizando”) entre nosotros (Juan 1:14); y finalmente, poniendo el trono del universo entre nosotros (Apoc. 21:3).

Muchos versículos de la Biblia dan esta seguridad del pacto, usando palabras tales como “seré su Dios”, “seréis mi pueblo” y “yo habitaré entre vosotros”. Un ejemplo es: “Habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo” (2 Cor. 6:16).

Jesús vino la primera vez para neutralizar los efectos del pacto quebrantado. Jeremías describió las consecuencias del pacto quebrantado de este modo: “¿Por qué gritas a causa de tu quebrantamiento? Incurable es tu dolor, porque por la grandeza de tu iniquidad y por tus muchos pecados te he hecho esto” (Jer. 30:15). Gracias a Jesús, eso ahora ha quedado en el pasado. Apocalipsis 21:3 nos muestra la culminación de la historia. Tal vez las lágrimas las derramaremos sobre la aniquilación de los perdidos, pero Dios mismo las secará; y la tristeza y el sufrimiento habrán “pasado” para siempre.

Estos textos implican que, cuando estemos en el cielo, viviremos en verdadera intimidad con Dios. Sin embargo, no necesitamos esperar hasta entonces para tener esa relación con él. ¿Cómo puedes andar, ahora mismo, muy cerca del Señor?

 

Viernes 25 de marzo

Para Estudiar y Meditar:

Piensa acerca del milenio y del modo en que lo entendemos. Aunque no se nos explica mucho, se dice lo suficiente como para saber algunas cosas. Primero, el milenio ocurre antes de la destrucción de los perdidos. Segundo, antes de la destrucción final, los salvados pasarán este tiempo obteniendo respuesta a muchas preguntas. Tal es así, que ellos mismos participarán en ese juicio. Es decir, ellos mismos estarán juzgando. “¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo?” (1 Cor. 6:2) Y: “¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles?” (vers. 3). También, como leímos esta semana, durante estos mil años “recibieron la facultad de juzgar” (Apoc. 20:4); es decir, los santos la recibieron. De esta forma, estos dos puntos juntos revelan una verdad importante: ninguno de los perdidos afrontará el juicio final hasta después del milenio, hasta que los salvados no solo entiendan por qué los impíos se pierden, sino también que cumplan una función al pronunciar sentencia sobre ellos. Piensa en lo que esto nos dice sobre el carácter de Dios y la transparencia de su gobierno: antes de que una sola persona afronte el destino final de los perdidos, el pueblo de Dios podrá ver con claridad la justicia y la equidad del juicio final de Dios sobre ellos. Será doloroso, ciertamente; pero cuando esté terminado, como ya vimos, gritaremos: “Justo eres tú, oh Señor, el que eres y que eras, el Santo” (Apoc. 16:5).

Preguntas para Dialogar:

  1. ¿De qué manera la realidad de la gran controversia nos ayuda a comprender mejor por qué existen ahora el sufrimiento y la muerte, aun cuando muchas preguntas difíciles queden sin responder?
  2. Si alguien te pregunta: “¿Cómo puedo tener un caminar más íntimo y estrecho con el Señor?”, ¿qué le dirías?
  3. Medita en la idea de estar preparado ahora para el cielo. ¿Qué significa esto? ¿Cómo entendemos esta idea a la luz del evangelio?
  4. ¿Cuáles son algunas de las preguntas que te gustaría ver respondidas? Hasta que esto suceda, ¿de qué modo aprendes a confiar en la bondad y la justicia de Dios en medio de tanta tragedia?

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Radio Adventista
3 comments… add one
  • La palabra de Dios es muy iMportante jesus vino a al mundo para salvar al mundo amén

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  • necesito que me llegue a mi correo para poder estudias junto con uD.

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  • Esperar la segunda venida gloriosa

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