Sábado, Septiembre 21
El Señor resucitado
Lee para el estudio de esta semana
Marcos 15:42-47; 16; Colosenses 2:10-12; 1 Corintios 15:1-8; Daniel 9:24-27; Juan 20:11-18.
Para memorizar
“Pero él les dijo: ‘No se asusten. Ustedes buscan a Jesús nazareno, que fue crucificado. ¡Ha resucitado! No está aquí. Miren el lugar donde lo habían puesto’ ” (Mar. 16:6).
La crucifixión de Jesús fue un oscuro fin de semana para los discípulos mientras no solo lidiaban con la muerte de su Maestro, sino también temían por su propia vida (Juan 20:19).
En Marcos 16, el último capítulo del Evangelio de Marcos, veremos lo que sucedió tras la muerte de Jesús.
Consideraremos en primer lugar el momento en que ocurrió la resurrección de Jesús y por qué las mujeres fueron al sepulcro ese domingo de mañana. Los adventistas hemos evitado a veces referirnos a la mañana de la resurrección porque es usada erróneamente para apoyar la presunta sacralidad del domingo. Veremos, en cambio, que podemos regocijarnos por la resurrección ocurrida aquel domingo a pesar de la teología errónea que, desafortunadamente, ha surgido a partir de ello.
En segundo lugar, la lección explica los primeros versículos de Marcos 16, vinculando este texto con un tema presente en todo el libro. El estudio correspondiente al lunes y al martes se ocupará de estos conceptos.
En tercer lugar, como conclusión de nuestra lección semanal, las lecciones del miércoles y del jueves examinarán el resto de Marcos 16 y considerarán la misión que este texto nos propone. Este estudio concluirá desafiando al lector de Marcos a llevar el evangelio al mundo entero.
Domingo, Septiembre 22
Regocijo en la resurrección
Lee Marcos 15:42 a 16:6. ¿Qué ocurre aquí y por qué esta historia es tan relevante para el relato de la resurrección?
Los escritores de los cuatro evangelios coinciden en que Jesús murió en el día que identifican como “la preparación” (Mat. 27:62; Mar. 15:42; Luc. 23:54; Juan 19:14, 31, 42). La mayoría de los comentadores entienden la expresión como una referencia al período que se extiende entre el atardecer del jueves y el del viernes. Jesús murió el viernes de tarde y fue sepultado antes de la puesta de sol. Durante el sábado, descansó en la tumba.
También lo hicieron todos sus discípulos. “Y vueltas, prepararon aromas y perfumes. Pero reposaron el sábado, conforme al mandamiento” (Luc. 23:56), algo que habría sido extraño si Jesús hubiera disminuido la obligación de guardar el cuarto Mandamiento o si así lo hubieran entendido ellas.
El sábado de noche, las mujeres compraron especias y fueron el domingo de mañana al sepulcro con la intención de completar el procedimiento funerario acostumbrado. Por supuesto, ¡Jesús no estaba allí!
Desde tan temprano como el siglo segundo, el cristianismo consideró significativo el hecho de que Jesús resucitó en domingo. Esto se convirtió en el fundamento de la presunta sacralidad del domingo. Pero ¿es eso lo que el Nuevo Testamento enseña?
Lee Colosenses 2:10 al 12. ¿Cuál es el memorial de la resurrección de Jesús según el Nuevo Testamento?
No hay una sola palabra en la Biblia que sugiera la sacralidad del domingo como un recordatorio de la resurrección. Ese recordatorio es el bautismo. “Porque fuimos sepultados junto con él para muerte por medio del bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en nueva vida” (Rom. 6:4).
Independientemente de la teología errónea acerca del culto dominical, debemos como adventistas regocijarnos por la resurrección de Jesús, ocurrida el domingo de mañana. Jesús ha triunfado sobre la muerte en virtud de su muerte y resurrección, y es gracias a esta que estamos seguros de nuestra propia resurrección.
“¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo! Por su gran misericordia nos regeneró para una esperanza viva, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos” (1 Ped. 1:3). Observa la certidumbre que Pedro tenía acerca de la resurrección de Jesús. ¿Cómo podemos nosotros tener esa misma certeza?
Lunes, Septiembre 23
La piedra fue quitada
Lee Marcos 16:1 al 8 y 1 Corintios 15:1 al 8. ¿Qué tienen en común estos pasajes?
La historia de la resurrección aparece en los cuatro evangelios. El autor de cada uno de ellos presenta el relato desde una perspectiva diferente, pero todos ellos registran los conceptos centrales presentes también en 1 Corintios 15:1 al 8.
Hay cuatro ideas que aparecen una y otra vez: murió, fue sepultado, resucitó, fue visto. En Marcos, las primeras dos ideas aparecen en el capítulo 15. Las otras dos están en el capítulo 16, pero con un giro. Marcos 16:7 habla de una reunión en Galilea (“y allí le veréis”; ver Juan 21).
Para algunas personas es inconcebible que los cristianos crean en un Señor resucitado. Pero la evidencia de su resurrección es sustancial y consistente con la razón.
Para empezar, todo lo que uno tiene que hacer es creer en Dios como el Creador (ver Génesis 1; 2), y la idea de la resurrección, un milagro, llega a ser razonable. El Dios que creó el universo y, por ende, la vida en la Tierra, ciertamente tiene el poder, si así lo decide, de resucitar a Jesús. La existencia de Dios no convierte la resurrección de Jesús en algo inevitable, solo en algo razonable.
Además, la tumba estaba vacía. Aun los historiadores ateos aceptan ese hecho. Si así no fuera, la aseveración acerca de la resurrección de Jesús habría fracasado desde el principio, pues la existencia de su cuerpo habría destruido cualquier pretensión de que hubiera vuelto a la vida.
Luego, la explicación de que sus discípulos sustrajeron el cuerpo es insostenible, ya que no podrían haber burlado a la guardia. Y, aun en el caso de que hubieran podido y se llevaran el cuerpo, ¿por qué no fueron arrestados por hacerlo? La respuesta es que los líderes religiosos sabían que los discípulos no habían hecho eso.
Por otra parte, muchas personas dieron testimonio de que habían visto a Cristo resucitado. Muchos, incluyendo a los discípulos, no creyeron al principio. Y Pablo, un muy sólido enemigo, no solo asegura haber visto al Señor resucitado, sino también esa experiencia cambió radicalmente toda la trayectoria de su vida.
Finalmente (aunque existen muchas otras razones), ¿cómo explicar el surgimiento de la iglesia cristiana, fundada por personas que afirmaron haber visto al Señor resucitado? ¿Por qué habrían estado esas personas dispuestas a morir por algo que supieran que no era verdad? El testimonio sostenido de ellos desde poco después de la muerte de él (Hech. 3:15) y en los años siguientes (1 Ped. 1:3) es una evidencia poderosa en favor de su resurrección.
¿Qué responderías si alguien te preguntara qué evidencia tienes de la resurrección?
Martes, Septiembre 24
Las mujeres en el sepulcro
“Las mujeres que habían estado al lado de la cruz de Cristo esperaron velando que transcurriesen las horas del sábado. El primer día de la semana, muy temprano, se dirigieron a la tumba llevando consigo especias preciosas para ungir el cuerpo del Salvador. No pensaban acerca de su resurrección de los muertos. El sol de su esperanza se había puesto y había anochecido en sus corazones. Mientras caminaban, relataban las obras de misericordia de Cristo y sus palabras de consuelo. Pero no recordaban sus palabras: ‘Os volveré a ver’ (Juan 16:22)” (DTG 747).
Lee Marcos 16:1 al 8. ¿Qué sucedió y cómo respondió la mujer al principio?
Desde el comienzo del Evangelio, el lector sabe que Jesús es el Mesías. Pero en el texto mismo, la primera persona no endemoniada que lo reconoce como tal es Pedro, en Marcos 8:29. ¡Y esta declaración ocurre recién en la segunda mitad del libro!
A lo largo del Evangelio de Marcos, Jesús pide a las personas que mantengan en reserva quién es él o sus curaciones milagrosas. En Marcos 1:44, dice a un leproso que no cuente su sanación a nadie. En Marcos 5:43, pide a Jairo y a su esposa lo mismo acerca de la resurrección de su hija. En Marcos 7:36, dice a un grupo que no digan a la gente acerca de su curación de un sordomudo. Y luego ordena a sus discípulos no decir a la gente que él es el Mesías (Mar. 8:30; ver también Mar. 9:9). No cabe duda de que la principal razón por la que Jesús les pedía que guardaran silencio era para disponer del tiempo necesario para terminar su ministerio de acuerdo con el tiempo profético anunciado en Daniel 9:24 al 27.
Ahora, en esta escena, aun después de que se les ha dicho que Jesús ha resucitado, las mujeres, temerosas y asombradas, huyen del sepulcro y, al menos en un primer momento, tampoco ellas hablan acerca de lo que ha sucedido.
No obstante, el silencio no dura mucho. Al llegar al final del libro de Marcos, leemos lo siguiente: “Y ellos salieron y predicaron en todas partes. Y el Señor los ayudaba, y confirmaba la palabra con las señales que seguían” (Mar. 16:20).
De esa manera, el secreto acerca de quién es Jesús y de lo que ha hecho es finalmente dado a conocer ampliamente. El libro concluye diciendo que ellos “predicaron en todas partes”.
¿Por qué no deberíamos guardar silencio acerca de Jesús y de lo que ha hecho? ¿A quién podrías hablar hoy acerca de Jesús y del Plan de Salvación?
Miércoles, Septiembre 25
La aparición a María y a otros
Lee Marcos 16:9 al 20. ¿Qué agregan estos versículos al relato de la resurrección?
Casi todo Marcos 16:9 al 20 tiene paralelismos con otros pasajes del Nuevo Testamento: el encuentro de María Magdalena con Jesús en el sepulcro (Mat. 28:1, 9, 10; Juan 20:11-18; comparar con Luc. 8:2); dos hombres ven a Jesús en una zona rural (Luc. 24:13-35); los once reciben la comisión de predicar (Mat. 28:1620; Luc. 24:36-49; Juan 20:19-23).
La primera persona en ver a Jesús resucitado es María Magdalena (Juan 20:11-18). Otras mujeres también lo vieron (Mat. 28:8-10). Es significativo que las primeras personas que ven a Jesús resucitado son mujeres. Puesto que las mujeres no tenían un estatus elevado como testigos en el mundo antiguo, si el relato acerca de la resurrección hubiera sido ficticio, habría sido mucho más probable que seleccionara a hombres como sus primeros testigos. Pero no fueron hombres, no los discípulos, sino una mujer. Ella va entonces a dar la buena noticia a los discípulos, pero, no es de sorprenderse, ellos no creen en su testimonio, muy probablemente porque les parecía fantasioso y, además, y desafortunadamente, porque provenía de una mujer.
Los defensores de la autenticidad del reporte de la resurrección de Jesús han usado este hecho, que una mujer fue la primera persona en ver a Jesús resucitado, como una poderosa evidencia en favor de la veracidad del relato.
¿Qué ocurre en Marcos 16:14, y que no tendría sentido si el relato fuera una invención?
De hecho, en caso de haber fraguado el relato, ¿por qué habrían dado una imagen tan mala de ellos mismos? Jesús tuvo que reprenderlos por su “incredulidad y dureza de corazón”. Desde el momento del arresto de Jesús, y en sus sucesivas apariciones posteriores a la resurrección, los evangelios describen a los seguidores de Jesús de forma muy negativa: huyen, niegan conocerlo, no creen, etc. Esto no tendría sentido si el relato fuera ficticio.
En contraste, su audaz e inquebrantable proclamación posterior acerca del Cristo resucitado, así como la esperanza que ella ofrece a todos, es una evidencia poderosa en favor de la veracidad de sus afirmaciones.
¿Cómo podemos protegernos de caer en la trampa espiritual de la duda y la incredulidad? ¿Por qué deberíamos vincularnos cada día con el Cristo resucitado?
Jueves, Septiembre 26
Vayan por todo el mundo
Lee Marcos 16:14 al 20. ¿Qué dijo Jesús a sus discípulos cuando se les apareció, y qué significan estas palabras para nosotros hoy?
Las primeras palabras dichas por Jesús a sus discípulos, después de su resurrección, solo aparecen registradas en forma de discurso indirecto en Marcos 16:14. Allí los reprende por su incredulidad y dureza de corazón. Como hemos visto, los primeros discípulos de Jesús ya tenían problemas para creer (Mat. 28:17; Juan 20:24-29) a pesar de estar con Jesús en persona y haber visto sus milagros vez tras vez.
Pero él les demostró la realidad de su resurrección mediante diversas evidencias. Por lo tanto, el testimonio de ellos, combinado con la evidencia presentada en la sección del día lunes, constituye un firme fundamento para la fe.
Jesús encomendó a sus discípulos la proclamación del evangelio al mundo. Su orden es expansiva. Ellos deben ir al mundo entero y proclamar el evangelio a toda la Creación. Jesús luego explica el resultado de su labor para bien y para mal: quienes crean serán salvos; quienes no crean serán condenados.
Jesús también describe las señales que acompañarán la obra de los discípulos: expulsarán demonios, hablarán nuevos idiomas, serán protegidos de daños y sanarán a los enfermos. Algunas personas han interpretado erróneamente Marcos 16:18 como si aseverara que los cristianos deben demostrar su fe sosteniendo serpientes venenosas en sus manos. Ninguna acción presuntuosa como esa es autorizada aquí. Lo que Jesús está describiendo es la protección del cristiano mientras participa en la misión, como ocurrió con Pablo mientras servía a otros (Hech. 28:3-6).
Obviamente, La Biblia no enseña que los cristianos serán siempre protegidos de todo daño. A veces Dios considera apropiado obrar un milagro para promover la causa del evangelio. Pero a veces los cristianos sufren como consecuencia de su testimonio. En tales circunstancias, su paciente perseverancia es para los incrédulos otra evidencia del poder de la fe.
Y luego, después de toda la obra que realizó aquí, “fue recibido arriba en el cielo y se sentó a la diestra de Dios” (Mar. 16:19). Jesús ascendió para sentarse a la diestra de Dios, el lugar del poder supremo, porque había derrotado a todas las fuerzas del mal.
Nota lo que dice el último versículo. Aunque ellos predicaron “en todas partes” el evangelio, no fueron solos. “Y el Señor los ayudaba, y confirmaba la palabra con las señales que seguían” (Mar. 16:20). Él estaba con ellos y promete estar con nosotros ahora mientras continuamos la obra que ellos comenzaron.
“Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mat. 28:20). ¿Qué consuelo podemos recibir y deberíamos recibir de esta promesa a medida que procuramos también proclamar el evangelio “en todas partes”?
Viernes, Septiembre 27
Para estudiar y meditar
Lee los capítulos titulados “El Señor ha resucitado” e “Id y haced discípulos a las naciones” en el libro El Deseado de todas las gentes, de Elena de White, pp. 739-746 y 773-784.
“Para el creyente, la muerte es asunto trivial. Cristo habla de ella como si fuera de poca importancia. ‘El que guardare mi palabra, nunca verá muerte’, ‘nunca sufrirá muerte’. Para el cristiano, la muerte es tan solo un sueño, un momento de silencio y tinieblas. La vida está oculta con Cristo en Dios y, ‘cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria’ (Juan 8:51, 52; Col. 3:4)” (DTG 745).
Aun los historiadores ateos, quienes no aceptan la realidad de la resurrección, admiten no solo que Jesús fue ejecutado, sino también que, tras su muerte, muchos afirmaron haberlo visto resucitado y que, como resultado, dieron inicio al núcleo de lo que llegó a ser la iglesia cristiana. En un intento por explicar por qué esas personas afirmaron eso, algunos dijeron que Jesús tenía un hermano mellizo o que los primeros discípulos alucinaron pensando que en realidad habían visto a Jesús. Otros dijeron que, en realidad, no murió, sino que solo se desvaneció, volviendo posteriormente en sí. Otra persona afirmó que los extraterrestres descendieron y se llevaron el cuerpo. Para conocer todos estos argumentos y por qué son insostenibles, ver Clifford Goldstein, ¡Ha resucitado! Encontrando esperanza en la tumba vacía (ACES, 2022).
Preguntas para dialogar:
¿Por qué habrían mentido los discípulos acerca de la resurrección? A la luz de todo lo que sabemos, ellos no experimentaron otra cosa que odio, distanciamiento y persecución a causa de su convicción. ¿Qué habrían ganado inventando este relato?
¿Cuál de las evidencias de la resurrección de Jesús es más convincente para ti? Comparte tus razones con tu clase.
Considera más detenidamente la gran esperanza que nos ofrece la resurrección. Lee 1 Corintios 15. ¿Cuánta importancia da Pablo a la resurrección de Jesús?




