Lección 11 Edicion Adultos: “Pedro y la gran controversia” Para el 12 de marzo de 2016

Primer trimestre (enero-marzo) de 2016

“Pedro y la gran controversia”

Lección 11: – Para el 12 de marzo de 2016

 

Sábado 5 de marzo

Lee Para el Estudio de esta Semana: 1 Pedro 2:9, 10; Deuteronomio 14:2; 1 Pedro 4:1-7; 2 Pedro 1:16-21; 3:3-14; Daniel 2:34, 35.

Para Memorizar: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Ped. 2:9).

Los escritos de Pedro abundan con el tema de la gran controversia. Tal vez es porque él sabía por sí mismo cuán fácil es caer presa de los engaños de Satanás. Él se daba cuenta de cuán real es la lucha. Por eso, Pedro escribió: “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1 Ped. 5:8).

Pedro ve que la lucha se desarrolla de diversas maneras. Ve una lucha en la iglesia, que incluye a los que una vez tuvieron comunión con los creyentes, pero que ahora eran cínicos y desechan a Dios y cualquier idea del retorno de Cristo. Él se expresa con fuerza contra los burladores porque, si se perdiera la fe en la promesa del retorno de Cristo, ¿qué esperanza quedaría?

Pedro afirma su fe tan positivamente por causa de sus propios fracasos. Él sabía lo que era negar a Jesús y tratar de acomodarse a la multitud para no ser condenado como seguidor de cristo. De allí su énfasis en cuán vital es una vida que refleje la vocación de elegir al Señor y ser digno de ella.

 

Domingo 6 de marzo:

De las tinieblas a la luz

Lee 1 Pedro 2:9 y 10. ¿En qué sentido se manifiesta la gran controversia en estos dos versículos?

Estos versículos vienen de Éxodo 19:6: “un reino de sacerdotes, y gente santa”, y Deuteronomio 7:6 (repetido en Deut. 14:2) “un pueblo santo”, “escogido para serle un pueblo especial”, y “un pueblo único”. Esta certeza fue dada durante el Éxodo, cuando el pueblo de Dios estaba siendo liberado de la esclavitud y en camino a la Tierra Prometida. Pedro ve un paralelo entre el pueblo de Dios durante el Éxodo y la iglesia en sus días.

De este modo, las palabras de Pedro no son una descripción del producto final sino, más bien, de una obra en progreso. Hemos sido elegidos por él y hemos de alabar públicamente a Dios por sacarnos de la oscuridad con que Satanás ha envuelto al mundo. Pero eso no nos hace perfectos, ni significa que hayamos llegado a la perfección (ver Fil. 3:12). Por el contrario, al seguir a Jesús, nos damos cuenta de nuestras propias faltas y pecaminosidad, y sentimos la necesidad de su justicia en nuestras propias vidas.

“Así es como cada pecador puede venir a Cristo. ‘No por obras de justicia que nosotros habíamos hecho, mas por su misericordia nos salvó’ (Tito 3:5). Cuando Satanás nos dice que somos pecadores y que no podemos esperar recibir la bendición de Dios, digámosle que Cristo vino al mundo para salvar a los pecadores. No tenemos nada que nos recomiende a Dios; pero la súplica que podemos presentar ahora y siempre es la que se basa en nuestra falta absoluta de fuerza, la cual hace de su poder redentor una necesidad. Renunciando a toda dependencia de nosotros mismos, podemos mirar la cruz del Calvario y decir: “Ningún otro asilo hay,/ indefenso acudo a ti” (DTG 283, 284).

Una manera segura de saber que hemos sido llamados “de las tinieblas a su luz admirable” (1 Ped. 2:9) es nuestra percepción de cuán dependientes somos de Cristo, “el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención” (1 Cor. 1:30).

¿Qué pasa por tu mente cuanto te sientes abrumado y desanimado por tus acciones y aun por tu propio carácter? ¿Qué haces cuando te inundan esos pensamientos? ¿De qué modo puedes transformar esos momentos para obtener alguna ventaja espiritual?

 

Lunes 7 de marzo:

Presión de los pares

Lee 1 Pedro 4:1 al 7. ¿Por qué son importantes nuestras elecciones de estilo de vida y cómo afectan nuestra preparación para el retorno de Cristo?

Pedro comenta que los creyentes habían estado haciendo lo que les agradaba a otros (1 Ped. 4:3). Pero, ahora las cosas habían cambiado; los creyentes eran considerados “extraños” por no unirse a la multitud, y se volvieron objeto de insultos y humillación (vers. 4). Es en situaciones como esta que Satanás puede usar viejos amigos para desanimarnos en nuestro caminar con Dios.

Pedro anima a los creyentes a no dejarse intimidar por estas burlas. Los “gentiles” darán cuenta de sí mismos ante Dios, quien es el único Juez, de modo que no hay que preocuparse por lo que ellos piensan (1 Ped. 4:5).

El punto es vital. ¿Cuántos conoces que se doblegaron bajo la presión de las expectativas de otros, en vez de mantenerse firmes en lo que creían? Este tipo de circunstancias son especialmente difíciles para los jóvenes pues desean ser aceptados, pero tienen que luchar con la “presión de los pares”.

En lugar de que se preocupen por ser aceptados por otros, y se conformen a sus opiniones y sus demandas, Pedro amonesta a los creyentes a que sean bondadosos y amantes con aquellos con quienes entran en contacto (1 Ped. 4:8, 9). Este es un deber adicional que debemos acomodar en nuestra lista cristiana de cosas para hacer. Es lo más importante que debemos hacer al interactuar con las personas que nos rodean. Tal vez esa es la razón por la que Pedro dice que necesitamos orar con seriedad (vers. 7); Dios sabe que, a veces, podemos ser más atentos en el afán de agradar a los “gentiles” que al relacionarnos bondadosamente con los que están cerca de nosotros. Necesitamos orar no solo por ellos, sino también pidiendo ser más sensibles a sus preocupaciones. Como “linaje escogido, real sacerdocio”, se nos llama a influir sobre ellos para el bien, en oposición a permitir que nos influencien para el mal. La historia trágica de Israel era justo eso: los paganos, en vez de ser influenciados para el bien por Israel, arrastraron a Israel hacia el mal.

¿Qué clase de “presiones de pares” afrontas? ¿Cómo puedes resistir? ¿De qué manera las palabras “vence con el bien el mal” (Rom. 12:21) son apropiadas en estas situaciones?

 

Martes 8 de marzo:

La palabra profética más segura

Lee 2 Pedro 1:16 al 21. ¿Qué dice sobre la profecía que es tan importante?

Pedro menciona algo de lo que ha visto: el bautismo de Jesús (2 Ped. 1:17), la transfiguración de Jesús en el monte (vers. 18) y la confirmación de las profecías con respecto a Jesús (vers. 19). Todo impactó profundamente a Pedro, pero él se detiene más sobre el último punto, las profecías. Esto tal vez tenga que ver con sus fracasos. ¿Cuántas veces Pedro no escuchó lo que Jesús decía porque pensaba que ya sabía lo que iba a decir? ¿Cuántas veces predijo Jesús su trato a manos de los sacerdotes y, sin embargo, cuando las cosas sucedieron exactamente como Jesús lo había dicho, Pedro no estaba preparado? Probablemente, el más doloroso de todos estos “fracasos” fue cuando Jesús predijo que Pedro lo negaría. El discípulo estaba muy seguro de que eso nunca podría suceder que, cuando ocurrió, debe de haber sido el punto más bajo de su vida.

Tal vez por esto Pedro aclara cómo ser un fiel seguidor de Jesús. Recuerda las “preciosas y grandísimas promesas” por las cuales ellos podían ser “participantes de la naturaleza divina”, a diferencia de aquellos que están presos en “la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia” (2 Ped. 1:4). Para indicar cómo escapar de la corrupción, enumera varias cualidades interconectadas que definen el estilo de vida cristiano: fe, virtud, conocimiento, dominio propio, perseverancia, piedad, afecto fraternal y amor (vers. 5-8). Cada una se construye sobre la característica anterior y, juntas, forman una unidad completa, como los ingredientes en un pastel. Pablo llama a estas cualidades “fruto” en vez de “frutos” (Gál. 5:22, 23), porque constituyen una unidad que no puede separarse.

Pedro dice que los creyentes no tropezarán si estos valores forman parte de sus vidas y les pide que hagan “firme vuestra vocación y elección” (2 Ped. 1:10).

Recuerda que Pedro dirige su epístola a cristianos establecidos en la fe. No sugiere que conformarse a un conjunto de requisitos les asegurará un pasaje al cielo. Solo está contrastando las actitudes y conductas generalizadas en su tiempo, lanzando el desafío de usar las energías en cosas positivas en vez de en cosas negativas.

 

Miércoles 9 de marzo:

Burladores

Lee 2 Pedro 3:3 al 7. ¿Qué dice Pedro acerca del pasado, que puede ayudarnos a tratar tanto con problemas del presente como del futuro?

La batalla entre la luz y las tinieblas, entre los seguidores de Jesús y los promotores del mal, parece que está por alcanzar su clímax. El diablo, como un león rugiente buscando su próxima comida (1 Ped. 5:8), es ayudado por un coro de burladores. Con sus argumentos “racionales” y “científicos” (2 Ped. 3:3, 4), estos burladores tratan de neutralizar la fe de los creyentes y razonan que Jesús no está volviendo, porque todo continúa como siempre ha ocurrido. Pedro sugiere que los motiva su deseo de mantener su estilo de vida lujurioso (vers. 3; ver también Judas 18).

Hay un rasgo muy perturbador acerca de esta burla. Jesús dijo: “Volveré otra vez” (Juan 14:1-3), pero los burladores están diciendo: “Jesús no regresará” (2 Ped. 3:4). Este es un eco del Edén, donde Dios dijo: “del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Gén. 2:17). Sin embargo, Satanás, por medio de la serpiente, dijo: “De ninguna manera moriréis” (Gén. 3:4, BJ). Aquí hay una contradicción directa de la palabra de Dios, ahora repetida no solo por una voz, como en el Jardín, sino también por un coro de voces, en todas partes. Un rasgo interesante de esta mentira es que Pedro la predijo. Cada vez que oímos a alguien burlarse de la idea de que Jesús regresará, él mismo está cumpliendo una profecía.

Aunque la historia presenció la destrucción de la tierra por un Diluvio catastrófico, los burladores no quieren reconocerlo. No quieren admitir que Dios tiene algo que ver con sus elecciones en su vida personal. También quieren evitar el hecho de que el mismo Dios que almacenó el agua para inundar la tierra tenga almacenado, en forma similar, fuego para barrer la tierra a fin de destruirla en el gran día del juicio (2 Ped. 3:5-7). Su esperanza equivocada es que la naturaleza seguirá funcionando como siempre lo ha hecho.

¿De qué modo nosotros, a medida que pasan los años, nos aferramos a la promesa de la Segunda Venida? ¿Por qué es tan vital que lo hagamos?

 

Jueves 10 de marzo:

Apresurando el día

Aunque la espera de la Segunda Venida parece no acabar, el tiempo no preocupa a Dios. “Para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día” (2 Ped. 3:8). En las Escrituras, el fin siempre está cerca, ya sea el día del Señor en el Antiguo Testamento o el retorno de Cristo en el Nuevo Testamento.

Lee 2 Pedro 3:8 al 14. ¿Cuál es la esperanza a largo plazo que se nos da aquí? Ver también Dan. 2:34, 35, 44.

Según las profecías de tiempo clásicas, la cantidad de tiempo que se permitirá que el mal continúe y cuánto más esperará Dios tienen un límite. En las profecías, Dios bosqueja su estrategia para acabar con el pecado y el sufrimiento, y para restaurar la Tierra a su perfección original.

Si consideramos el fin de todas las cosas como las conocemos, eso afectará el modo en que vivimos ahora (2 Ped. 3:12). Si nos rebelamos ante la idea de que Dios perturbe nuestro mundo, entonces seremos cínicos y burladores. Si, por otro lado, vemos en esto a un Dios misericordioso que finalmente limpiará la abominable corrupción y los abusos de los derechos humanos, entonces podemos, con confianza esperar, “cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia” (vers. 13).

Además, Pedro expresa su preocupación por nuestras actitudes y conductas personales. Nos anima a ser “diligentes” para ser “hallados por él sin mancha e irreprensibles” (2 Ped. 3:14). En el versículo siguiente, Pedro parecería promover “obras” religiosas, pero él corrige esto con la frase “la paciencia de nuestro Señor es para salvación”, confirmando las palabras de Pablo a los mismos creyentes (vers. 15).

Nuestra meta es ser irreprensibles. Tal como se describe a Job –era “temeroso de Dios y apartado del mal” (Job 1:1)– y como Cristo nos presentará frente al Padre (1 Cor. 1:8; Col. 1:22; 1 Tes. 3:13; 5:23). ¿No tener manchas? Así debía ser el cordero del sacrificio (p. ej., Éxo. 12:5; Lev. 1:3), así fue Jesús (Heb. 9:14; 1 Ped. 1:19) y así presenta él a la iglesia ante el Padre (Efe. 5:27).

En nuestro esfuerzo por vencer el pecado, crecer en fe, evitar el mal y vivir vidas “irreprensibles” o “perfectas”, ¿por qué debemos depender de la justicia de Jesús, que se nos acredita por fe? ¿Qué sucede cuando perdemos de vista esa promesa?

 

Viernes 11 de marzo

Para Estudiar y Meditar:

Los burladores dicen: “Todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación”·(2 Ped. 3:4). Nada nuevo; lo mismo dijeron antes del Diluvio. “A medida que transcurría el tiempo sin ningún cambio visible en la naturaleza, los hombres cuyo corazón a veces había temblado de temor comenzaron a tranquilizarse. Razonaron, como muchos lo hacen hoy, que la naturaleza está por encima del Dios de la naturaleza, y que sus leyes están tan firmemente establecidas que el mismo Dios no podría cambiarlas. Alegando que, si el mensaje de Noé fuese correcto, la naturaleza tendría que cambiar su curso… Demostraron su desdén por la amonestación de Dios haciendo exactamente las mismas cosas que habían hecho antes de recibir la advertencia… Afirmaban que, si fuese cierto lo que Noé había dicho, los hombres de fama, los sabios, los prudentes y los grandes lo habrían comprendido” (PP 84). Hoy “los grandes hombres” dicen lo mismo: las leyes de la naturaleza son fijas y todo sigue como antes. Eso es lo que enseña la teoría del evolucionismo: la vida apareció por medio de procesos naturales que pueden ser explicados, en principio, mediante la operación de leyes naturales que un día la ciencia nos explicará plenamente, sin necesidad de una deidad. Los “grandes hombres” de entonces se equivocaron, y también se equivocan los de hoy. Por eso, Pablo escribió: “Porque la sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios” (1 Cor. 3:19). Así fue en el tiempo del Diluvio y en el tiempo de Pedro, y así ocurre también en nuestros días y sucederá en el futuro.

Preguntas para Dialogar:

  1. A pesar de todas las razones que tenía Pedro para creer en Jesús, seguía enfatizando “la palabra profética más segura”. ¿Por qué es tan importante la profecía para nosotros? ¿De qué modo la profecía ayudó a demostrar que Jesús era el Mesías en su primera venida? ¿Qué esperanza nos da para su segunda venida? Después de todo, sin profecía, ¿cómo podríamos saber que hay una promesa y una Segunda Venida?
  2. A veces pensamos que la presión de los pares solo la tienen los adolescentes y los jóvenes. Sin embargo, eso no es correcto. Todos queremos ser apreciados y aceptados por nuestros pares: “tendremos una mejor oportunidad para ser testigos si nos aprecian”, y sería lo opuesto si no nos apreciaran. En el deseo de agradar, ¿cómo podemos protegernos para no entrar en componendas con nuestras creencias? ¿Por qué esos compromisos son más fáciles de lo que pensamos?

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