Sábado, Diciembre 07
El Padre, el Hijo y el Espíritu
Lee para el estudio de esta semana
Juan 14:10, 24; Génesis 3:7-9; Juan 16:27, 28; 16:7-11; 17:1-26.
Para memorizar
“Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él les enseñará todas las cosas y les recordará todo lo que les he dicho” (Juan 14:26).
El Evangelio de Juan es un mosaico de temas. Juan recurre a las señales (milagros) para demostrar que Jesús es el Mesías prometido por los profetas. Juan utiliza una serie de testigos para proclamar a Jesús como el Cristo. También utiliza las afirmaciones “YO SOY” para señalar su divinidad.
Los tres miembros de la Deidad son mencionados en Juan 1 (vers. 1-4, 14, 18, 32-34). Durante siglos, los seres humanos han intentado comprender plenamente la naturaleza de la Deidad, pero como eso no es posible, muchos niegan su existencia. Sin embargo, no es inteligente rechazar algo solo porque no podemos comprenderlo plenamente o porque no encaja en los estrechos límites del razonamiento humano.
Juan dice que, si quieres entender a Dios, debes mirar a Jesús y lo que ha sido revelado en la Palabra. Este enfoque nos abre todo un mundo nuevo de relaciones entre los tres miembros de la Deidad, entre ellos y los seres humanos, y entre los propios seres humanos. La lección de esta semana examina cómo el Evangelio de Juan presenta al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, pero ahora en el contexto del discurso de despedida de Jesús (Juan 13-17).
Domingo, Diciembre 08
El Padre celestial
El Evangelio de Juan está escrito desde el punto de vista de la narración bíblica global, empezando por nuestros orígenes. “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Gén. 1:1); lo que equivale a decir que, en el principio, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo crearon los Cielos y la Tierra. Ellos son la Fuente de todo lo que existe. Ellos crearon el universo, incluidos los seres que lo habitan. En nuestro planeta hubo una creación especial de diversas formas de vida, y lo más especial de esa creación fue la humanidad. El propósito de Dios al crear a la humanidad era que viviéramos en amorosa armonía con él y entre nosotros.
Desafortunadamente, Lucifer trajo el pecado a este mundo. El pecado es, entre otras cosas, una interrupción de nuestra relación con Dios. Representa de forma distorsionada quién es Dios. Por eso, Dios el Hijo asumió nuestra naturaleza humana en la persona de Jesús para restaurar el conocimiento de Dios y traer la salvación a la humanidad.
Mientras estuvo aquí, Jesús sometió su vida al Padre y vivió en armonía con su orientación. Dijo: “Yo y el Padre somos uno” (Juan 10:30). “El Padre está en mí y yo en el Padre” (Juan 10:38). “Si no hago las obras de mi Padre, no me crean” (Juan 10:37).
¿Qué funciones del Padre describen los siguientes pasajes?
Juan 3:16, 17; 6:57
Juan 5:22, 30
Juan 6:32; 14:10, 24
Juan 6:45
Juan 15:16; 16:23
Estos versículos presentan al Padre en estrecha relación con Jesucristo, su Hijo. El Padre tiene un contacto íntimo con nuestro mundo y una profunda participación en nuestra salvación. ¿Qué nos enseña esta verdad acerca del amor de Dios hacia nosotros?
Lunes, Diciembre 09
Jesús y el Padre
Fuimos creados por Dios para tener una relación personal con él (Gén. 1:26, 27). Sin embargo, a causa del pecado, esa relación fue radicalmente interrumpida. Podemos ver el impacto inmediato de esta ruptura en la historia del Jardín del Edén.
Lee Génesis 3:7 al 9. ¿Cómo revela esto la ruptura que causó el pecado? ¿Qué significa el hecho de que fue Dios quien los buscó, no a la inversa?
La intención de la Deidad era ofrecer sanación a toda la humanidad poniendo fin a la brecha causada por el pecado, aunque toda la humanidad no aceptara lo que él ofrecía.
Para restaurar esta relación, un miembro de la Deidad se hizo humano. El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, manifestando la gloria de Dios (Juan 1:14-18). Como resultado, la humanidad ha recibido la plenitud y la gracia divinas. Esto es lo que Jesús vino a compartir. Vino a declarar la gloria de Dios para que la relación rota por el pecado pudiera ser restaurada, al menos para quienes estuvieran dispuestos a aceptar por fe lo que se les ha ofrecido en Cristo Jesús.
¿Qué maravillosa esperanza se vislumbra para nosotros en estos textos? Juan 1:1, 2; 5:16-18; 6:69; 10:10, 30; 20:28.
“En Cristo hay vida original, que no proviene ni deriva de otra” (Elena de White, El Deseado de todas las gentes, p. 501). Sin embargo, como Hijo encarnado que “se despojó a sí mismo” (Fil. 2:7) del ejercicio de sus prerrogativas, Cristo, hablando de su existencia en la Tierra como hombre entre los hombres, podía referirse a su posesión de la vida como un don de Dios. “La divinidad de Cristo es la garantía que el creyente tiene de la vida eterna” (El Deseado de todas las gentes, p. 501).
Dios no fue reconocido por la humanidad (Juan 17:25). Por lo tanto, envió a su único Hijo (Juan 9:4; 16:5) para que el Padre pudiera ser conocido.
En el contexto del cosmos, un ateo escribió: “En nuestra oscuridad, en toda esta inmensidad, no hay ningún indicio de que venga ayuda de otra parte para salvarnos de nosotros mismos”. ¿Qué enseñanza bíblica demuestra lo erróneo de esa aseveración?
Martes, Diciembre 10
Conocer al Hijo es conocer al Padre
A lo largo del Evangelio de Juan, el apóstol describe cómo Jesús, el Hijo, realiza actividades que señalan al Padre. Jesús explica quién es el Padre y muestra cuál es su relación con nuestro mundo. Todo esto está en consonancia con Juan 1:18, que dice que él da a conocer (griego exēgeomai: explicar, interpretar, exponer) al Padre. Jesús hace esto vez tras vez. La palabra Padre (griego patēr) aparece 136 veces en Juan y 18 veces en sus tres epístolas, más de un tercio del total de veces que el término es usado en el Nuevo Testamento. El discurso de despedida de Jesús es uno de los lugares principales del Evangelio donde el Maestro da a conocer al Padre.
Jesús era el representante del Padre en la Tierra, y vino a cumplir en carne humana su voluntad. De hecho, Jesús dijo que en todo procuraba hacer la voluntad del Padre y no la suya (Juan 5:30). A primera vista, esta afirmación puede parecer sorprendente, pero muestra que Jesús estaba totalmente consagrado al Padre.
Jesús dijo también que había sido enviado por el Padre para terminar su obra, la salvación de la humanidad, y que el Padre mismo daba testimonio de su obra (Juan 5:36-38).
Jesús proclamó que el Padre lo había enviado para servir como el único a través del cual la humanidad puede llegar al Padre (Juan 6:40, 44). El Padre quiere que las personas tengan la vida eterna que se encuentra en Jesús, quien promete resucitarlas en ocasión de su segunda venida.
¿Qué nos enseñan los siguientes textos acerca de la relación existente entre Jesús y el Padre? Juan 7:16; 8:38; 14:10, 23; 15:1, 9, 10; 16:27, 28; 17:3.
Las afirmaciones de Jesús acerca de su relación con el Padre son sorprendentes. Declara que todas sus enseñanzas son las del Padre; que todo lo que dice lo ha oído personalmente del Padre; que creer en él es lo mismo que creer en el Padre; que tanto sus palabras como sus obras son todas del Padre; y que él y el Padre están unidos en el amor y la obra por la salvación de la humanidad. ¡Qué poderoso testimonio de la relación estrecha de Jesús con su Padre celestial!
¿Cómo cambiaría tu vida si tus pensamientos y tus acciones fueran plenamente la expresión de la voluntad de Dios para tu vida? Es decir, ¿cómo podemos vivir mejor lo que sabemos mediante Jesús que es la voluntad de Dios para nuestra vida?
Miércoles, Diciembre 11
El Espíritu Santo
El Espíritu Santo no es tan prominente en el Evangelio de Juan como el Padre y el Hijo. Sin embargo, su papel es crucial para el éxito de la misión de Jesús.
Lee Juan 1:10 al 13. ¿Qué nos enseña este texto acerca de la importancia del Espíritu Santo para la conversión?
En el primer capítulo de Juan podemos ver cuán central es el papel del Espíritu Santo. Juan nos dice que todos los que recibieron la Palabra, es decir, quienes creyeron en él, se convirtieron en hijos de Dios, quienes “no nacieron en forma natural, por voluntad humana, ni por el deseo de un hombre, sino que nacieron de Dios” (Juan 1:13). Esto solo es posible gracias a la obra del Espíritu Santo.
¿Qué dicen los siguientes pasajes acerca de las actividades del Espíritu Santo? Juan 3:5-8; 6:63; 14:26; 15:26; 16:7-11.
“Al describir a sus discípulos la obra y el cargo del Espíritu Santo, Jesús trató de inspirarles el gozo y la esperanza que alentaba su propio corazón. Se regocijaba por la ayuda abundante que había provisto para su iglesia. El Espíritu Santo era el más elevado de todos los dones que podía solicitar de su Padre para la exaltación de su pueblo. El Espíritu iba a ser dado como agente regenerador, y sin esto el sacrificio de Cristo habría sido inútil. El poder del mal se había estado fortaleciendo durante siglos, y la sumisión de los hombres a este cautiverio satánico era asombrosa. El pecado podía ser resistido y vencido únicamente por la poderosa intervención de la tercera persona de la Divinidad, que iba a venir no con energía modificada, sino en la plenitud del poder divino” (Elena de White, El Deseado de todas las gentes, pp. 640-641).
Qué bendición es, entonces, recibir al Espíritu Santo, quien corrobora que Dios es verdadero (Juan 3:33). El Espíritu es quien convence de pecado, de justicia y de juicio (Juan 16:8-11). Por lo tanto, la clave para saber qué es correcto, verdadero y bueno es la sumisión de nuestra razón y de las experiencias de nuestra vida a la Palabra de Dios, mediante el poder del Espíritu Santo para persuadir y convencer de pecado.
Jueves, Diciembre 12
La oración de Jesús
Juan 17 es conocido como la oración sumosacerdotal de Jesús, con la que concluye su discurso de despedida. En última instancia, Jesús vino a esta Tierra para restaurar la relación personal originalmente existente entre Dios y la humanidad. Realizó fielmente las señales que Dios le encomendó. Comunicó a los humanos quién era Dios mediante palabras y acciones.
Jesús dejaría pronto esta Tierra. Deseaba compartir una vez más su amor con sus discípulos. Quería que comprendieran la estrecha relación que existía entre él, el Padre y el Espíritu Santo. Y quería que experimentaran la misma relación personal que él tenía con el Padre y con el Espíritu.
Lee Juan 17:1 al 26. ¿Qué palabras o frases de este capítulo expresan el deseo de Jesús de establecer una estrecha relación de amor entre él, el Padre y sus discípulos?
Muchos leen Juan 17 en el sentido de que lo único que importa es la unidad y el amor. Sin duda, el propósito de Dios es restaurarnos a una relación personal con él y con todas las personas. Pero una lectura más atenta sugiere una conexión mucho más vital entre el amor y la verdad.
“Y esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado” (Juan 17:3). “He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste […] y guardaron tu palabra […]. Han conocido que realmente salí de ti” (Juan 17:6, 8). “Santifícalos en la verdad. Tu palabra es verdad” (Juan 17:17).
Cristo vino a revelar al Padre. Esta revelación era importante debido a los muchos conceptos erróneos que existían acerca de Dios. El Evangelio de Juan muestra la seriedad con que Jesús llevó a cabo esta misión. Él representaba correctamente la Palabra y las acciones de Dios. Si la verdad no importara, ¿por qué llegar tan lejos?
Jesús vivió una vida de grandes dificultades y fue finalmente rechazado por las autoridades religiosas. Sufrió la indiferencia de la gente e incluso a veces de sus propios discípulos. Uno de ellos lo traicionó, otro lo negó tres veces. Pasó por una prueba sin tregua y murió en una cruz a manos de los mismos a los que vino a salvar.
¿Cómo puedes reflejar mejor en tu propia vida el amor de Dios, un amor como el que existe entre Jesús y el Padre?
Viernes, Diciembre 13
Para estudiar y meditar
Lee en El Deseado de todas las gentes, de Elena de White, el capítulo “No se turbe vuestro corazón” (pp. 633-650), y la “Nota adicional sobre el capítulo 1 [de Juan]”, en el Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 5, pp. 1.100-1.106.
Al evaluar quién era Jesús, sus oponentes juzgaron según criterios humanos, “según la carne” (Juan 8:15). Esto es probablemente peor que juzgar “según las apariencias” (Juan 7:24). Aquí recurrieron a los criterios de la carne, de la humanidad caída en un mundo caído, sin el control del Espíritu (ver Juan 3:3-7). Vieron su “carne”, por así decirlo, pero nunca contemplaron la posibilidad de que fuera el Verbo hecho carne (Juan 1:14). Considerar a Cristo según un conjunto de criterios tan limitados es sopesarlo desde un punto de vista mundano (2 Cor. 5:16).
“El Consolador es llamado el ‘Espíritu de verdad’. Su obra consiste en definir y mantener la verdad. Primero mora en el corazón como el Espíritu de verdad, y así llega a ser el Consolador. Hay consuelo y paz en la verdad, pero no se puede hallar verdadera paz ni consuelo en la mentira. Por medio de falsas teorías y tradiciones es como Satanás obtiene su poder sobre la mente. Induciendo a los hombres a adoptar normas falsas, tuerce el carácter. Por medio de las Escrituras, el Espíritu Santo habla a la mente y graba la verdad en el corazón. Así expone el error, y lo expulsa del alma. Por el Espíritu de verdad, obrando por la Palabra de Dios, es como Cristo subyuga a sí mismo a sus escogidos” (Elena de White, El Deseado de todas las gentes, p. 640).
Preguntas para dialogar:
La vida eterna consiste en conocer a Dios (Juan 17:3). ¿Qué significa conocer a Dios, a diferencia del mero conocimiento de ciertos hechos acerca de él; es decir, que es poderoso o amoroso o un Dios de justicia? Si alguien te preguntara si conoces a Dios, ¿qué responderías? ¿Qué lugar ocupa Jesús en tu respuesta?
En términos prácticos y cotidianos, ¿qué implican las palabras de Jesús: “Tu palabra es verdad” (Juan 17:17)?
Jesús oró: “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del maligno” (Juan 17:15). ¿Cómo influyen nuestras propias decisiones en la respuesta a esta oración de Jesús en nuestro favor?




