Sábado, Noviembre 30
El Camino, la Verdad y la Vida
Lee para el estudio de esta semana
Juan 13:1-20; 14:1-3; Daniel 7:27; Juan 14:5-11; 1:14; Colosenses 1:16, 17; Juan 5:38-40.
Para memorizar
“A Dios nadie lo vio jamás. El Hijo único, que es Dios, que está en el seno del Padre, él lo dio a conocer” (Juan 1:18).
El Evangelio de Juan se divide en cuatro secciones principales:
El prólogo (Juan 1:1-18), la sección acerca de las señales (Juan 1:19-12:50), la sección acerca de la gloria (Juan 13:1-20:31) y el epílogo (Juan 21:1-25). Hasta ahora, el estudio se ha centrado principalmente en el prólogo y en la sección dedicada a las señales, donde se expone quién es Jesús a través de sus milagros o señales, diálogos y enseñanzas. Las lecciones se centran ahora en la tercera sección de Juan, la que se concentra en la gloria.
Curiosamente, las famosas siete afirmaciones “YO SOY” forman un puente entre la sección de las señales y la de la gloria. Esas siete afirmaciones son: “[Yo soy] el pan de vida” (Juan 6:35, 41, 48, 51), “[Yo soy] la luz del mundo” (Juan 8:12; 9:5), “[Yo soy] la puerta” (Juan 10:7, 9), “[Yo soy] el buen pastor” (Juan 10:11, 14), “[Yo soy] la resurrección y la vida” (Juan 11:25), “[Yo soy] el camino, la verdad y la vida” (Juan 14:6) y “[Yo soy] la vid verdadera” (Juan 15:1, 5).
La lección de esta semana comenzará con el propósito del discurso de despedida y su introducción con el significativo episodio del lavamiento de los pies de los discípulos por parte de Jesús. Luego, se abordará la declaración “YO SOY” del capítulo 14 (“Yo soy el camino, la verdad y la vida”).
Domingo, Diciembre 01
Les he dado ejemplo
El discurso de despedida (Juan 13-17) instruye a los discípulos de Jesús acerca del futuro. Su patrón literario es similar a la despedida de Moisés en Deuteronomio, a la bendición de Jacob a sus hijos (Gén. 47-49) o a las instrucciones de David a Salomón (1 Crón. 28, 29). Jesús consuela a sus discípulos respecto de su partida. Promete un Sustituto que lo representará (el Espíritu Santo; Juan 14-16). Predice el dolor que vendrá (Juan 15, 16) y exhorta a los discípulos a permanecer fieles (Juan 15).
Lee Juan 13:1 al 20. ¿Qué sucedió aquí y por qué esta historia es tan importante? ¿Qué lecciones quiso enseñar Jesús?
En el mundo bíblico de la época de Jesús, la gente usaba sandalias o caminaba descalza, por lo que los pies se ensuciaban con el polvo. Era costumbre que un criado o un esclavo lavara los pies de los invitados a comer. Pero ningún criado estaba presente para cumplir esa función la noche en que Jesús cenó por última vez con sus discípulos antes de ser arrestado.
Para sorpresa de todos, Jesús mismo se levantó y lavó sus pies. Juan 13:4 y 5 narra paso a paso las acciones del Maestro. El incidente se relata detalladamente para destacar el hecho de que el Maestro realizó este increíble acto de humildad.
Al registrar la respuesta de Pedro, Juan 13:8 al 11 profundiza en el sentimiento de consternación de los discípulos ante las acciones de Jesús, incomprensibles para ellos. ¿Cómo podía Jesús, el Maestro, el Mesías, realizar una tarea tan humilde? Pedro se negó a que le lavara los pies, y Jesús le dijo que si no se lo permitía no tendría nada que ver con él. Entonces, Pedro pidió que Jesús hiciera aún más por él, expresando su deseo de estar conectado con el Maestro hasta el final.
El significado de la acción de Jesús está ligado a quién es él. En Juan 13:13, Jesús afirma que es el Maestro y el Señor, títulos con los que ellos se dirigían a él y que expresan autoridad y poder.
Sin embargo, Jesús enseña que el poder y la autoridad deben usarse para servir, no para engrandecerse. De acuerdo con el ejemplo de Jesús, la Iglesia Adventista practica lo que denomina “el rito de humildad”, como preparación para la Cena del Señor.
¿Qué nos enseña el rito de humildad acerca de cómo seguir los pasos de Jesús y cómo servir humildemente a los demás?
Lunes, Diciembre 02
Ciertamente, volveré
Lee Juan 14:1 al 3. ¿En qué contexto dijo Jesús estas palabras?
Al final de Juan 13, Jesús dice que se va (Juan 13:33), lo que hace que Pedro le pregunte adónde (Juan 13:36). Los discípulos no entienden que Jesús está hablando de su muerte, resurrección y ascensión. Pedro dice que está dispuesto a dar la vida por él (Juan 13:37). Entonces, Jesús predice la negación del discípulo (Juan 13:38).
En este contexto, Jesús dice a sus discípulos que no se turben (Juan 14:1). El verbo griego traducido como “turbar” es tarassō, que significa agitar, perturbar, inquietar, confundir. No era de extrañar que los discípulos se sintieran confusos ante las palabras de Jesús acerca de su partida.
Pero, para contrarrestar sus temores, les habla de la casa de su Padre, donde hay muchas habitaciones (no mansiones, sino habitaciones, como en una posada). Él va allí a prepararles un lugar. Sus palabras van más allá de la tormenta de la Cruz, hacia el momento en que regresará para redimir a su pueblo. Está mirando hacia el momento en que toda esta tragedia del pecado termine de una vez por todas (ver Dan. 7:27).
Jesús dice: “Y después que me vaya y les prepare lugar, vendré otra vez, y los llevaré conmigo, para que donde yo esté, ustedes también estén” (Juan 14:3). Es claramente la promesa de su segunda venida.
¿En qué se basa nuestra confianza en esa promesa? Muchos dirían que en el cumplimiento de la profecía bíblica, y eso es cierto. Pero en Juan 14:3, la base de esa confianza se establece de manera diferente. En el idioma original, la afirmación “vendré” está en tiempo presente (“vengo” o “estoy viniendo”). Este uso del tiempo verbal presente en griego se conoce como “futurista”, y sirve para referirse a un acontecimiento futuro tan cierto que se describe como si ya estuviera ocurriendo. Por lo tanto, una traducción válida de la aseveración de Jesús podría ser: “Les aseguro que volveré”.
La base de nuestra esperanza en el regreso de nuestro Señor no es simplemente el cumplimiento de las profecías bíblicas. Es, además y sobre todo, nuestra confianza en Quien hizo la promesa. Él dijo que ciertamente regresaría por su pueblo. Podemos poner nuestra confianza en esa promesa en virtud de Quien la hizo.
¿Qué nos enseña la Cruz acerca de la certeza del regreso de Cristo? ¿De qué nos serviría la muerte de Jesús sin la Segunda Venida?
Martes, Diciembre 03
Yo soy el camino, la verdad y la vida
Lee Juan 14:5 y 6. ¿Qué preguntó Tomás acerca del lugar adonde iba Jesús? ¿Cómo respondió Jesús?
La pregunta de Tomás parece bastante lógica. Si no sabes adónde va alguien, ¿cómo puedes saber el camino para seguir a esa persona? Jesús responde la pregunta indicando que él mismo es el Camino. ¿El camino hacia qué o quién? El camino hacia el Padre. En el prólogo del libro (Juan 1:1-18), se subraya la íntima conexión entre Jesucristo (el Verbo) y el Padre.
Juan 1:18 dice que el unigénito (o “único”, según una mejor traducción) Dios es el que ha dado a conocer al Padre. Dar a conocer, en este texto, es traducción del verbo griego exēgeomai, que significa explicar, interpretar, exponer. De aquí se deriva la palabra exégesis, que significa dar a conocer el significado de un texto bíblico. Así, Jesucristo es el vínculo con el Padre, quien explica o interpreta al Padre en favor del mundo caído. Por consiguiente, él es la vía o el camino hacia el Padre. Sin él, nuestra comprensión acerca de quién y cómo es Dios sería limitada.
Lee Juan 14:7 al 11. ¿Cómo aclaró Jesús el malentendido de Felipe?
Felipe pidió ver al Padre, algo que ningún ser humano pecador puede hacer, y vivir (comparar con Éxo. 33:18-34:9; Juan 1:18). Jesús reprende la falta de comprensión y señala que verlo a él es ver al Padre (Juan 14:9). Por consiguiente, está claro que Jesús es el Camino hacia Dios. Sin él, el camino se vuelve oscuro e incierto. Él es la Luz que ilumina el camino hacia Dios.
Jesús une tres términos: camino, verdad y vida. El término camino solo se utiliza en Juan 1:23, en relación con la preparación del camino a Jesús por parte de Juan el Bautista, y aquí en Juan 14:6. La verdad y la vida son los temas principales del Evangelio. Nuestro estudio del miércoles y el jueves hará hincapié en el concepto de verdad, un tema crucial, especialmente en un mundo en el que se cuestiona la idea misma de “verdad”.
¿Por qué es tan reconfortante darse cuenta de que Jesús es la mejor revelación de cómo es Dios el Padre?
Miércoles, Diciembre 04
Yo soy la verdad
Lee Juan 1:14, 17; 8:32; 14:6; y 15:26. ¿Cómo vincula Juan el concepto de verdad directamente con Jesús?
El Evangelio de Juan relaciona repetidamente la verdad con Jesús, con su Padre y con el Espíritu Santo. La verdad está relacionada con Jesús, quien es la Palabra (logos), y con la luz en contraste con las tinieblas (Juan 1:1-14; 3:19-21). Asimismo, la mentira está relacionada con el diablo y el pecado (Juan 8:44-46). Por consiguiente, la verdad no es, en el Evangelio de Juan, simplemente una cuestión de hechos y cifras; más que eso, la idea de verdad contiene un aspecto moral de fidelidad a Dios y a su voluntad.
“Hay muchas personas que están clamando por el Dios vivo, y anhelan la presencia divina. Las teorías filosóficas o los ensayos literarios, por brillantes que sean, no pueden satisfacer el corazón. Los asertos e invenciones humanas no tienen ningún valor. Que la Palabra de Dios hable a la gente. Que los que han escuchado solo tradiciones, teorías y adagios humanos, oigan la voz de Aquel cuya palabra puede renovar el alma para vida eterna” (Elena de White, Palabras de vida del gran Maestro, p. 23).
Piensa en lo que significa que Jesús sea la Verdad. Jesús es el logos, la Palabra que estaba con Dios desde el principio, el Creador de todo lo que existe (Juan 1:1-4). Uno con el Padre desde la eternidad y por la eternidad, Jesús tiene las características del Padre y, por lo tanto, también es el “YO SOY”. Su Ser no está sujeto a nada ni a nadie. Nada de lo que existe, incluyendo el conocimiento, existe aparte de él. Todo lo que existe y fue creado lo fue solo por obra de Jesús y existe también solo por su poder sustentador. “Por él fueron creadas todas las cosas, las que están en los cielos y las que están en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, dominios, principados o autoridades. Todo fue creado por medio de él y para él. Porque Cristo existía antes de todas las cosas, y todas las cosas subsisten en él” (Col. 1:16, 17). Jesús no es simplemente la encarnación de la verdad: él es la Verdad. La verdad no es un concepto o una construcción teórica, es una Persona.
La verdad, Jesucristo, puede compararse con el Sol, que ilumina el mundo (Juan 8:12). En tal sentido, C. S. Lewis dijo acerca del cristianismo: “Creo en el cristianismo como creo que ha salido el Sol, no solo porque lo veo, sino porque por él veo todo lo demás” (“Is theology poetry? [¿Es la teología poesía?]” [Samizdat University Press, 2014], p. 15; presentado originalmente en 1944).
Es por medio de Jesús, la Verdad, como somos capaces de interpretar correctamente el mundo que nos rodea.
Jueves, Diciembre 05
Las escrituras y la verdad
En el Evangelio de Juan, la Escritura desempeña un papel importante al hablarnos de aquel que es el Camino, la Verdad y la Vida. A lo largo de los evangelios, como en toda la Biblia, las Escrituras desempeñan un papel clave en la revelación de la verdad. Esto es especialmente cierto cuando se trata de enseñarnos quién es Jesús y qué vino a hacer.
Lee Juan 5:38 al 40. ¿Qué dice Jesús aquí acerca de las Escrituras?
Jesús y sus discípulos recurrieron vez tras vez a las Escrituras para validarlo como el Mesías. Cristo dijo: “Si ustedes le creyesen a Moisés, me creerían a mí; porque él escribió de mí. Pero si no creen a sus escritos, ¿cómo creerán en mis palabras?” (Juan 5:46, 47).
Lee Lucas 24:27. ¿Por qué es importante que Jesús señalara en primer lugar las Escrituras para revelar el significado de su ministerio?
En otro lugar, citando el libro de Éxodo, Cristo dijo: “¿No han leído lo que dice Dios?” (Mat. 22:31). Zacarías, el padre de Juan el Bautista, se refirió a las promesas de Dios: “Tal como había prometido por boca de sus santos profetas desde tiempos antiguos” (Luc. 1:70). En su sermón del Día de Pentecostés, Pedro dijo: “Hermanos, era necesario que se cumpliera la Escritura […] que el Espíritu Santo había predicho por boca de David” (Hech. 1:16).
La Biblia no es un libro de texto sobre ciencia. No explica cómo dividir el átomo ni cómo hacer cirugía cerebral. Pero hace algo aún más significativo: proporciona el contexto en el que nuestro universo tiene sentido. Es la llave que abre la puerta, la luz que permite ver. Sin ella, estaríamos a oscuras acerca de la existencia de Dios, su papel en el universo, nuestro propio origen, el sentido de la vida y el futuro.
¿Qué verdades cruciales enseñadas por la Biblia nunca podríamos aprender mediante la ciencia, ni siquiera en principio?
Viernes, Diciembre 06
Para estudiar y meditar
Lee en El Deseado de todas las gentes, de Elena de White, el capítulo “La Luz de la vida” (pp. 437-450) y E. Edward Zinke, “La autoridad de la Biblia y la certeza del Segundo Advenimiento”, en La certeza de la Segunda Venida, pp. 18-30.
Cuando Jesús dijo: “Yo soy la luz del mundo”, “[…] estaba en el atrio del templo especialmente relacionado con los ejercicios de la fiesta de las cabañas. En el centro de este patio se levantaban dos majestuosas columnas que soportaban portalámparas de gran tamaño. Después del sacrificio de la tarde, se encendían todas las lámparas, que arrojaban su luz sobre Jerusalén. Esta ceremonia estaba destinada a conmemorar la columna de luz que guiaba a Israel en el desierto, y también a señalar la venida del Mesías. Por la noche, cuando las lámparas estaban encendidas, el atrio era teatro de gran regocijo. Los hombres canosos, los sacerdotes del templo y los dirigentes del pueblo, se unían en danzas festivas al sonido de la música instrumental y el canto de los levitas.
“Por la iluminación de Jerusalén, el pueblo expresaba su esperanza en la venida del Mesías para derramar su luz sobre Israel. Pero para Jesús la escena tenía un significado más amplio. Como las lámparas radiantes del templo alumbraban cuanto las rodeaba, así Cristo, la fuente de luz espiritual, ilumina las tinieblas del mundo. Sin embargo, el símbolo era imperfecto. Aquella gran luz que su propia mano había puesto en los cielos era una representación más verdadera de la gloria de su misión.
“Era de mañana; el sol acababa de levantarse sobre el Monte de los Olivos, y sus rayos caían con deslumbrante brillo sobre los palacios de mármol, e iluminaban el oro de las paredes del templo, cuando Jesús, señalándolo, dijo: ‘Yo soy la luz del mundo’” (Elena de White, El Deseado de todas las gentes, pp. 437-438).
Preguntas para dialogar:
Comenta en la clase tu respuesta a la última pregunta del jueves. ¿Qué verdades cruciales enseñadas por la Biblia nunca podríamos aprender mediante la ciencia, ni siquiera en principio? Por ejemplo, la Cruz, la Resurrección o la Segunda Venida. ¿Qué otras verdades bíblicas importantes deben sernos reveladas, pues de otra manera no las conoceríamos?
Piensa en la caída de Lucifer, un ser perfecto, con tanto conocimiento intelectual acerca de quién y cómo es Dios. Sin embargo, se rebeló contra la Deidad a pesar de todo ese conocimiento. ¿Qué nos dice esto acerca del libre albedrío y de por qué debemos en todo momento elegir someter nuestra voluntad a Dios?





Hermosa leccion.