Lección 01 Cuarto Trimestre 2023 – LA MISIÓN DE DIOS EN FAVOR DE NOSOTROS: 1ra Parte – Sábado 7 Octubre

Sábado 30 de septiembre

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Génesis 3:9-15; 28:15; Éxodo 29:43, 45;
Mateo 1:18-23; Juan 1:14-18; 3:16; 14:1-3.

PARA MEMORIZAR:
“Pero Dios el Señor llamó al hombre y le dijo: ‘¿Dónde estás?’ ” (Efe. 1:9, 10).

La misión encuentra su origen y su finalidad únicamente en Dios. Esta misión no comenzó con el llamado a Abram (Gén. 12:1-4) ni con el Éxodo (Éxo. 12:31-42). Ni siquiera comenzó con Jesucristo en la Tierra (Mat. 1:18-25) ni con los viajes misioneros de Pablo (Hech. 13:4-14:26). Esta misión comenzó con Dios mismo, cuando trajo a la existencia el Universo y luego creó a la humanidad (Gén. 1:26, 27).
En las Escrituras, vemos a un Dios que intencionalmente se acerca a sus hijos y desea estar con ellos. Desde el principio, establece una relación con Adán y con Eva. Aun después de la entrada del pecado, él continúa con su misión. Pero esa misión ahora es restablecer su relación con la humanidad. Finalmente, la misión de Dios se cumplirá (Apoc. 21-22), y por esta razón debemos motivarnos en la labor de proclamar el evangelio eterno al mundo (Apoc. 14:6, 7). Por lo tanto, el fundamento de todo esfuerzo misionero debe centrarse en una relación con el Creador y en la comprensión adecuada de su naturaleza y su carácter misioneros.

Domingo 1 de octubre
EL DIOS QUE NOS TIENDE LA MANO
Dios nos creó a su imagen y semejanza. Nos entregó un mundo perfecto, y su propósito era que viviéramos en perfecta conexión con él; una relación centrada en su atributo más precioso: el amor. Pero, para que el amor sea real, Dios también nos dio otro don precioso: el libre albedrío, la libertad de elegir qué camino seguir. Por supuesto, Dios dio instrucciones claras a Adán y a Eva sobre el peligro y las consecuencias mortales de la desobediencia (Gén. 2:16, 17). Satanás, por su parte, persuadió engañosamente a Eva de que podía comer del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal sin ninguna consecuencia negativa; al contrario, afirmó: “Serán como Dios, conocedores del bien y del mal” (Gén. 3:5). Por desgracia, Eva decidió desobedecer y le ofreció el fruto a Adán, quien tomó la misma decisión. Por ende, la Creación perfecta se tiñó de pecado.
Ese momento cambió el plan y el propósito originales de Dios para el planeta Tierra, recientemente creado. La misión de salvación, que había sido planificada
“antes de la creación del mundo” (Efe. 1:4), debía implementarse ahora. Lee Génesis 3:9 al 15. ¿Cuáles fueron las primeras palabras de Dios a Adán después de que él y Eva cayeran, y por qué esa declaración es tan significativa incluso hoy en términos teológicos?

Por supuesto, Dios sabía exactamente dónde estaban. Dominados por el miedo, Adán y Eva eran quienes necesitaban ver lo que estaba sucediendo. Pero también necesitaban ser confrontados para que pudieran comprender las terribles consecuencias de su pecado. También Satanás debía ser derrotado. Para ello, Dios comenzó a presentar su misión: el plan de redención (ver Gén. 3:14, 15), la única esperanza de reconciliar “consigo al mundo” (2 Cor. 5:19). Sin embargo, debemos prestar mucha atención al hecho de que, antes de la confrontación y de la promesa de reconciliación, Dios fue en busca de la humanidad caída. A pesar de la situación aparentemente desesperada, Dios aborda esencialmente dos cuestiones en su pregunta a Adán: su naturaleza misionera y nuestro estado caído. Estamos perdidos y necesitamos desesperadamente la salvación. Él es quien sale a nuestro encuentro decidido a salvarnos y a estar con nosotros.
De principio a fin de la historia, Dios sigue preguntando: “¿Dónde estás?” En tu experiencia personal, ¿qué significa esto para ti y cómo le respondiste?

Lunes 2 de octubre
EL DIOS QUE ANHELA ESTAR CON NOSOTROS
Lee Génesis 17:7, 26:3 y 28:15. ¿Cuál fue el enfoque principal de la promesa de Dios a Abraham y sus descendientes en estos versículos? En la narración del Antiguo Testamento, Dios sigue actuando según su naturaleza misionera para cumplir sus propósitos. Por ejemplo, después del Diluvio, el pueblo de Babel decidió reunirse en un mismo lugar para construir una ciudad y una torre que llegara hasta el cielo. Dios intervino al confundir su lenguaje con el objetivo de dispersarlos por todo el mundo (Gén. 11:1-9). Luego, amplió su misión al llamar a Abram (que más tarde pasó a ser Abraham) a fin de que fuera un canal de sus bendiciones para todo el mundo (Gén. 12:1-3). Las promesas de Dios a Abraham y a sus descendientes fueron múltiples, pero una se destaca por sobre las demás. Varias veces, básicamente, Dios les declaró: “Seré tu Dios”; “Yo estaré contigo”; “Yo estoy contigo” (ver Gén. 17:7, 8; 26:3; 28:15).
A medida que transcurre la historia, José termina en Egipto, pero como instrumento de salvación para su pueblo. A cada paso de la experiencia de José, incluso en los momentos más difíciles de su vida, la Biblia afirma que “el Señor estuvo con José” (Gén. 39:2, 21, 23). Generaciones más tarde, en cumplimiento de su misión, Dios envió a Moisés ante faraón para liberar a su pueblo de la esclavitud en Egipto. Al “enviar” a Moisés, Dios le dijo: “Ciertamente yo estaré contigo” (Éxo. 3:12, NBLA). Una y otra vez, Jehová confirmó su profundo deseo de estar con su pueblo. Lee Éxodo 29:43 y 45. ¿Cuál era uno de los principales propósitos del Santuario del Antiguo Testamento? Dios decidió estar con sus hijos de una manera diferente. Confirmó a Moisés su anhelo de morar entre los hijos de Israel mediante la construcción del Tabernáculo y el establecimiento de un sistema muy deliberado y lleno de propósito, que apuntaría al instrumento definitivo de su misión: Jesucristo. “Las ofrendas de los sacrificios y el sacerdocio del sistema judaico estaban constituidos para representar la muerte y la obra mediadora de Cristo. Todas estas ceremonias estaban desprovistas de significado. No tenían virtud alguna excepto en lo que se referían a Cristo” (Elena de White, Exaltad
a Jesús, p. 18).
¿Cómo experimentas la presencia de Dios en tu vida?

Martes 3 de octubre
EL DIOS QUE SE HIZO UNO CON NOSOTROS
El Antiguo Testamento presenta la manera en que el Creador comenzó a implementar un plan mediante un pueblo que debía representar su naturaleza y su propósito ante el mundo. Todo lo que Dios hizo fue conforme a su estrategia misionera. Por medio del profeta Isaías, Dios dijo: “Yo soy Dios, y no hay otro; nada hay semejante a mí, que anuncio el fin desde el principio […]; que digo: ‘Mis planes se cumplirán, y hago todo lo que deseo’ ” (Isa. 46:9, 10). Sin embargo, en el Nuevo Testamento, el deseo de Dios de estar con la humanidad adquiere una nueva dimensión. Mediante la encarnación de Cristo, lo que era solo una promesa en el Jardín del Edén (Gén. 3:15) se convierte en realidad. Lee el relato del anuncio del nacimiento de Jesús en Mateo 1:18 al 23.
¿Qué cosas esenciales nos dice este relato sobre Dios? “Dios con nosotros”. Emanuel. Dios había habitado entre su pueblo en el Santuario, y ahora habitaba con él en la persona física de Jesús de Nazaret. En efecto, con el nacimiento de Jesús, Dios presentó de forma concreta su continuo deseo de estar con nosotros en naturaleza y misión: el Hijo de Dios era plenamente humano y plenamente divino, y es aquel que afirmó: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14:6). Lee Juan 1:14 al 18. ¿Qué puedes aprender, a partir de la encarnación de Cristo, acerca de la misión de Dios en favor de nosotros?
Dios siguió adelante con su misión y luego, por medio de Jesucristo, se hizo presente en la carne entre sus hijos. El “unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:14) cumplió las profecías del Antiguo Testamento y, según el plan divino, se hizo uno con nosotros, Dios en carne humana. El Dios de la misión seguía cumpliendo su propósito.
Piensa en lo que significa que el amor de Dios por nosotros sea tan grande como para venir a nosotros en nuestra propia humanidad. ¿Cómo debemos responder a este amor, especialmente en cuanto a hacer obra misionera por los demás?

Miércoles 4 de octubre
EL DIOS QUE SIGUE ESTANDO CON NOSOTROS
La vida y el ministerio de Jesús fueron la revelación suprema de Dios. En unos tres años, Dios pudo revelar más sobre quién era él y en qué consistía su misión que en todo lo que había hecho mediante los demás métodos en las generaciones anteriores. Cristo era la perfecta “imagen del Dios invisible”, aquel en quien “habitase toda su plenitud […] haciendo la paz mediante la sangre de su cruz” (Col. 1:15, 19, 20). En Cristo, la naturaleza misionera de Dios se dio a conocer por completo. Jesús mismo reveló su misión al decir: “El Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Luc. 19:10). Lee Juan 3:16 y reflexiona detenidamente sobre el mensaje. ¿Cómo ves que interactúan aquí el amor y la misión de Dios? Más adelante en su ministerio, cuando Jesús se acercaba a su última semana de vida, el destino final de la humanidad estaba en juego. Los acontecimientos que tuvieron lugar durante esos días conectaron la expectativa del pasado con la esperanza del futuro. Durante la celebración de la Pascua (que señalaba la liberación de la opresión en Egipto), Jesucristo, el Dios encarnado, entregó su vida para librarnos de la esclavitud del pecado. El apóstol Pablo escribió: “Al que no tenía pecado, Dios lo hizo pecado por nosotros, para que nosotros llegásemos a ser justicia de Dios en él” (2 Cor. 5:21). Lee Mateo 28:18 al 20. ¿Cuál es la promesa que podemos encontrar en la Gran Comisión? ¿Qué seguridad nos da al comprometernos con la misión de Dios?
La muerte de Cristo fue parte del proceso de reconciliación, no su fin. Mediante su resurrección, Jesús venció la muerte y recibió “toda autoridad […] en el cielo y en la tierra” (Mat. 28:18). En vista de esta realidad, encomendó a todos sus seguidores que hicieran discípulos en todo el mundo, con una promesa asombrosa:
“Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo” (Mat. 28:20). ¿De qué manera experimentaste en tu propia vida el cumplimiento de la promesa de Jesús de estar “con ustedes todos los días” cuando te dedicas a la misión?

Jueves 5 de octubre
EL DIOS QUE VOLVERÁ POR NOSOTROS
Lee Juan 14:1 al 3. ¿En qué medida este pasaje se vincula con el mensaje del tiempo del fin que se encuentra en las Escrituras? Durante su ministerio terrenal, una de las promesas más preciosas de Cristo, la bendita esperanza, refleja una vez más el deseo del Creador de estar con nosotros por toda la eternidad. Jesús afirmó: “Vendré otra vez, y los llevaré conmigo, para que donde yo esté, ustedes también estén” (Juan 14:3). Según el apóstol Juan, la promesa finalmente se hará realidad. “Y oí una gran voz del cielo que decía: ‘El santuario de Dios estará con los hombres. Él habitará con ellos, y ellos serán su pueblo. Dios mismo estará con ellos, y será su Dios’ ” (Apoc. 21:3). “La obra de la Redención será completada. Donde el pecado abundó, sobreabundó la gracia de Dios. La Tierra misma, el mismo campo que Satanás reclama como suyo, quedará no solo redimida sino también exaltada. […] Aquí, donde el Hijo de Dios residió temporalmente en forma humana; donde el Rey de gloria vivió, sufrió y murió; aquí, cuando haga nuevas todas las cosas, estará ‘el tabernáculo de Dios con los hombres’. […] Y, a través de las edades sin fin, mientras los redimidos anden en la luz del Señor, lo alabarán por su Don inefable: Emanuel, ‘Dios con nosotros’ ” (Elena de White, El Deseado de todas las gentes, p. 18). Aquí encontramos el cuadro más hermoso de la Redención. El Dios de la misión finalmente cumplirá su deseo de estar con sus hijos por la eternidad. ¡Qué tremendo privilegio formar parte de esta realidad!
Desafíos semanales. Durante este trimestre, estás invitado a comprometerte conscientemente con la misión de Dios. Esta será una oportunidad para ver y experimentar al Dios de la misión obrando en tu vida. Aprovecha este momento para la reflexión personal y prepárate para compartir semanalmente lo que has aprendido con tu clase. Además, el desafío avanzado te animará a ampliar tu participación en la misión de Dios. Desafío: Ora todos los días de la semana que viene para que Dios abra tu corazón a fin de ser parte de su misión.
Desafío avanzado: Averigua el nombre de alguna persona con la que te relacionas pero que todavía no conoces: un vecino, un compañero de trabajo, un comerciante, un conductor de autobús, un conserje, etc. Comienza a orar por él o ella todos los días.

Viernes 6 de octubre
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
“El plan de nuestra redención no fue una reflexión ulterior, un plan formulado después de la caída de Adán. Fue una ‘revelación del misterio que por tiempos eternos fue guardado en silencio’ (Rom. 16:25). Fue una manifestación de los principios que desde las edades eternas habían sido el fundamento del Trono de Dios. Desde el principio, Dios y Cristo sabían de la apostasía de Satanás y de la caída del hombre por causa del poder seductor del apóstata. Dios no ordenó que el pecado existiese, sino que previó su existencia, e hizo provisión para enfrentar la terrible emergencia. Tan grande fue su amor por el mundo que se comprometió a dar a su Hijo unigénito, ‘para que todo aquel en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna’ (Juan 3:16)” (Elena de White, El Deseado de todas las gentes, pp. 13, 14). “Cristo no dijo a sus discípulos que su trabajo sería fácil. […] Pero no se los
dejaría luchar solos. Les aseguró que él estaría con ellos; y que si ellos avanzaban con fe estarían bajo el escudo de la Omnipotencia. […] Mientras obedecieran su palabra y trabajasen en comunión con él, no podrían fracasar. Vayan a todas las naciones, les ordenó, vayan a las partes más alejadas del Globo habitable, y estén seguros de que aun allí mi presencia estará con ustedes. Trabajen con fe y confianza; porque yo no los olvidaré nunca. Estaré siempre con ustedes, ayudándolos a realizar y cumplir vuestro deber, guiándolos, alentándolos, santificándolos, sosteniéndolos y dándoles éxito en hablar palabras que llamen la atención de otros al Cielo” (Elena de White, Los hechos de los apóstoles, p. 24).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  • 1. Piensa en lo que significa que las primeras palabras de Dios a la humanidad
    caída no hayan sido: “¿Qué has hecho?”, o “¿Por qué me has desobedecido?”
    En lugar de esto, las primeras palabras fueron: “¿Dónde estás?”
    ¿Qué consuelo debería darnos esta verdad con respecto a la intención de
    Dios para con nosotros y nuestros seres queridos?
  • 2. Piensa en lo que significa que Dios mismo, en la Persona de Jesús, viniera
    a este mundo para salvarnos. Cristo en la Cruz fue la máxima manifestación
    de Dios como un Dios misionero. ¿Qué nos dice esto acerca de su
    carácter?
  • 3. La misión pertenece a Dios. Por lo tanto, él habilitará y capacitará a las
    personas para la tarea. A la luz de esta realidad, cuando te enfrentas a los
    desafíos de la evangelización mundial, ¿cómo puedes hacer frente a los
    sentimientos y las actitudes de incapacidad o miedo?
Escuela Sabatica 2023 Cuarto Trimestre
Radio Adventista
1 comment… add one
  • Gracias por la lecccion me encanto

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