Jonathan Gallagher Leccion 4. Reprensión y retribución (4T 2015—Jeremías)

Leccion 4. Reprensión y retribución (4T 2015—Jeremías)

Textos bíblicos: Jeremías 17:5–10, Jeremías 17:1–4, 14; Jeremías 11:18–23, Juan 3:19,
Jeremías 12:1–6, 14:1–16.

Citas
• “Solo por el hecho de no aceptar las enseñanza de los devotos no quiere decir que
haya desechado la creencia en el bien y el mal.”
“¡Pero el Todopoderoso determina lo que es recto!”
“¿Debería alguien, alguna cosa invisible, declarar lo que es bueno para que sea
bueno? Yo creo que mi propia moral – que responde solo a mi corazón—es más
segura y verdadera que la moral de los que hacen el bien solo por temor a un
castigo. Brandon Sanderson
• El cielo nunca falla. El malvado está seguro de su pago, tarde o temprano. Edwin
Hubbel Chapin
• La espada siempre está suspendida. Voltaire
• Un mal fin siempre sigue un mal comienzo. Eurípides
• Mis ojos han visto la gloria que viene del Señor / Él está pisoteando la vendimia
donde se almacenan las uvas de la ira: / Dios desató el relámpago fatídico de su
terrible espada veloz; / su verdad está en marcha. Julia Ward Howe
• La reprensión es inevitable. Dietrich Bonhoeffer

Para debatir
¿Podríamos decir que los conceptos de retribución encajan en la naturaleza de
Dios? ¿Por qué Dios tiene que hablarle tan fuertemente a Jeremías? ¿Cómo evitamos
sugerir que Dios está diciendo “¡ámenme o van a ver!”? ¿Cuál es la respuesta usual a un
mensaje de reprensión? ¿Cómo podemos aprender lecciones de estos mensajes en
Jeremías?

Resumen bíblico
La pregunta fundamental planteada en Jeremías 17: 5-10 es “¿en quién crees?”
También incluye la declaración reveladora: “Engañoso es el corazón sobre todas las
cosas, y perverso. ¿Quién lo conocerá? Jeremías 17: 9 NVI. Dios habla a Judá con un
lenguaje duro (Jeremías 17: 1-4), ya que así es como ellos entienden. Él deja claro que
son ellos los que han destruido la relación y han impedido que Dios los bendiga como él
desea. Jeremías mismo interrumpe el mensaje, diciendo: “Sáname, Señor, y seré sanado;
sálvame y seré salvado, porque tú eres mi alabanza. “(Jeremías 17:14 NVI). Esta
maravillosa declaración señala el verdadero significado de la salvación, la curación que
se traduce en confianza y aceptación del rescate y la redención de Dios.

Al principio Jeremías parece haber sido un poco ingenuo al no ver cómo las
personas conspiraban contra él. El Señor tuvo que revelarle esto. Los que negaron el
mensaje de Dios experimentarían las consecuencias de sus acciones (ver Jeremías 11: 18-
23). Aquí se hace referencia a Juan 3:19: “la luz vino al mundo, pero la gente amaba más
las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.” (FBV). Sin embargo, Dios ve la
verdadera naturaleza de todos, y busca el bien (Jeremías 12: 1-6). Por causa de sus
acciones y malos pensamientos, Dios se niega a escuchar a los impíos (Jeremías 14: 1-16).

Comentario
Aunque Dios necesita que las personas vean las consecuencias de sus acciones, no
toma represalias con ellas. Él reprende, advierte, disciplina. Pero no es una retaliación en
forma de “ojo por ojo.”
Recordemos cómo los discípulos querían hacer caer fuego del cielo sobre una
aldea samaritana porque no recibieron a Jesús. (Ver Lucas 9:54). Jesús los reprendió por
decir esto. ¿Por qué lo hizo? ¿Acaso no habría sido esa una gran demostración de poder y
juicio sobre aquellos que no aceptaron a Jesús? No. Así no son los caminos del Señor. La
represalia no está en el diccionario de Dios. Él no se toma el rechazo de manera personal,
sino que se entristece porque ello significa que no puede ayudar a los que se apartan de
él.
De modo que en lo que tiene que ver con la victoria sobre las fuerzas del mal
sabemos que Dios de hecho tiene el poder. Pero elije obrar por medio del ejemplo y la
demostración, ayudándonos a entender el verdadero fundamento de su carácter y
gobierno. Necesitamos pensar de este mismo modo. No hay dudas. La victoria es segura.
Puede que en esta vida no experimentemos la justicia. Puede que no recibamos lo que
“merecemos.” De hecho, puede que no siempre logremos la victoria sobre el mal. Pero
sabemos que el mal ha sido desenmascarado como realmente es, y que un día se habrá
ido y el bien reinará por siempre.
Necesitamos ver en Dios a ese Padre que siempre procura nuestro bien, tratando
de ayudarnos a pesar de nuestro ego. Sus reprensiones son para nuestro beneficio, no para
hacerlo sentir bien. El resultado puede ser o una disciplina correctiva que nace del amor,
o permitir las consecuencias de nuestras malas decisiones. En cualquiera de los dos casos,
no hemos de culpar a Dios como el autor del mal.

Comentarios de Elena de White
Los seres humanos, ellos mismos entregados al mal, tienden a tratar duramente a
los tentados y a los que yerran. No pueden leer el corazón; no conocen sus conflictos y
sus penas. Tienen necesidad de aprender a dar la reprensión que encierra amor, el golpe
que hiere para curar y la amonestación que comunica esperanza. {Los Hechos de los
Apóstoles, p. 411}

Los que tratan con los jóvenes no debieran ser de corazón duro, sino afectuosos,
tiernos, compasivos, corteses, atrayentes, sociables. Sin embargo, debieran saber que se
debe reprochar, y que se debe reprochar firmemente para cortar de raíz algún mal
proceder. {Conducción del Niño, p. 246}
La admonición y la reprensión pueden afectar a los individuos más de lo que ellos
imaginan. Dios tiene su obra en sus manos y se harán declaraciones que probarán la fe y
la lealtad del pueblo de Dios. Hay algunos que recibieron gran luz, que se alejaron de
Dios, que en sus corazones son apóstatas… {El Cristo Triunfante, p. 127}

Pero las palabras de reproche que Dios halla necesario enviar se pronuncian
siempre con tierno amor, y con la promesa de paz a cada creyente arrepentido. {Los
Hechos de los Apóstoles, p. 469}
A pesar de que los hijos de Israel “hacían escarnio de los mensajeros de Dios, y
menospreciaban sus palabras, burlándose de sus profetas” (2 Crónicas 36:16), el Señor
había seguido manifestándoseles como “Jehová, fuerte, misericordioso, y piadoso; tardo
para la ira, y grande en benignidad y verdad”. Éxodo 34:6. Y por más que le rechazaran
una y otra vez, de continuo había seguido instándoles con bondad inalterable. Más grande
que la amorosa compasión del padre por su hijo era el solícito cuidado con que Dios
velaba por su pueblo enviándole “amonestaciones por mano de sus mensajeros,
madrugando para enviárselas; porque tuvo compasión de su pueblo y de su morada”. 2
Crónicas 36:15 (VM). Y al fin, habiendo fracasado las amonestaciones, las reprensiones
y las súplicas, les envió el mejor don del cielo; más aún, derramó todo el cielo en ese solo
Don. {El Conflicto de los Siglos, p. 19}

Preparado y escrito por: © Jonathan Gallagher 2015
Traducción al español: Shelly Barrios De Ávila.

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