Jonathan Gallagher Lección 4 Justicia y Misericordia en el Antiguo Testamento: Parte 2 (3T 2016—La Iglesia en la Comunidad)

Justicia y Misericordia en el Antiguo Testamento: Parte 2 (3T 2016—La Iglesia
en la Comunidad)

Textos bíblicos: Ezequiel 37:1–14; Efesios 2:10; Ezequiel 47:1–8; Mateo 5:16;
Apocalipsis 22:1, 2; Isaías 61:1–11; Ezequiel 47:9.

Citas
• Soy uno de los peores pecadores, pero he clamado al Señor por su gracia y misericordia, y he sido completamente cubierto de ellas. He hallado el más dulce consuelo desde que me propuse disfrutar plenamente de su Maravillosa Presencia. Cristóbal Colón
• Siempre he notado que la misericordia produce frutos más ricos que la justicia severa. Abraham Lincoln
• Un poquito de misericordia hace que el mundo sea menos frío y más justo. Papa Francisco
• Mas la misericordia está por encima del dominio del cetro, entronizada en el corazón del rey; atributo del Dios mismo; y el poder terrenal más se parece al de Dios si la piedad sazona la justicia. William Shakespeare
• Si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor. Si un elefante tiene su pata puesta sobre la cola de un ratón y tú dices que eres neutral, el ratón no apreciará tu neutralidad. Obispo Desmond Tutu
• Hay dos clases de poder. Uno es el que se obtiene por miedo al castigo y el otro por actos de amor. El poder basado en el amor es mil veces más efectivo y permanente que el amor que nace por temor al castigo. Gandhi

Para debatir
¿Cómo entendemos las imágenes de huesos secos volviendo a la vida y ríos de agua como ilustraciones de misericordia y justicia? Es obvio que las leyes no nos hacen justos. ¿Qué es lo que nos hace falta entonces? ¿Cómo vemos a Dios actuando en el Antiguo Testamento y qué conclusiones falsas podemos sacar por error? ¿Cómo
demostramos nuestra fe en Dios?

Resumen bíblico
Ezequiel 37:1–14 nos cuenta la historia de los huesos secos de una religión formal que vuelven a la vida cuando el espíritu inspirador de Dios viene. Del mismo modo, Ezequiel 47:1–8 describe el río que fluye desde el Templo de Dios y que refresca toda la tierra, ¡e incluso transforma el Mar Muerto en un Mar de agua pura! Por donde quiera
que fluya este río, habrá vida. Esto lo vemos en paralelo a Apocalipsis 22:1, 2 donde el agua de vida fluye desde el trono de Dios. Dios en Cristo nos creó para hacer buenas obras (Efesios. 2:10), y al permitir que nuestra luz brille, glorificamos a nuestro Padre celestial (Mateo 5:16). Isaías 61:1–11 (citado en parte por Jesús en la sinagoga de
Nazaret) nos muestra que Dios siempre actúa con rectitud (con justicia) y que es inherentemente recto (misericordioso).

Comentario
Existen muchos malos entendidos sobre el juicio de Dios. Por lo general lo percibimos como algo negativo. Como algo que deberíamos evitar. ¡Pero desde una perspectiva bíblica, el juicio de Dios no solo es necesario sino deseable! De hecho, la base para muchas de las palabras que se usan para referirse al juicio es “revelar el bien.” ¿Acaso no queremos que Dios transforme todas las cosas en cosas buenas, y que revele el bien que pueda existir de cada situación? En la justicia del juicio de Dios, lo que sucede es una restauración de la justicia, de lo recto. Y sin duda alguna, esto no es incompatible con la gracia.
Porque Dios “desea que todos sean salvados y comprendan la verdad,” (1 Tim. 2:4 NLT) —demostrándonos que salvarnos no es lo único importante, sino que como parte de la respuesta a la Gran Controversia estemos de acuerdo con Dios en lo que es verdadero. Solo entonces podremos “crecer en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.” (2 Pedro 3:18 NLT). Dios no solo está buscando siervos obedientes e incondicionales, sino amigos comprensivos: hijos fieles que están de acuerdo con su amoroso Padre sobre lo que es verdadero y justo. Hijos que caminan en la luz, siguiendo los mandamientos de Dios, no porque estén obligados a hacerlo, sino porque no quieren actuar de otro modo.
Dios vino a estar con nosotros, a encarnar nuestra humanidad, para que pudiéramos ver y entender, y por medio de su gracia llegar a ser como él. Debemos ser partícipes de la naturaleza divina (2 Pedro 1:4). El aspecto más importante de la venida de Cristo a los seres humanos era revelar a Dios en su verdadera naturaleza, en contraste
con todas las representaciones falsas d Satanás. Sin Jesús, la imagen de Dios seguiría estando deformada y no la entenderíamos. ¿Quién querría ser salvado en la presencia de un dictador divino que es cruel y severo? Para rebatir estas acusaciones de Satanás, Dios viene personalmente.
Cuanto más leemos de la clase de persona que Dios es realmente, tanto menos tenemos que temerle. En la Biblia, Dios se acerca a los seres humanos, y sus primeras palabras fueron: “no tengan miedo.” ¿Por qué no? Porque este Dios que regresa no es un extraño. “Este mismo Jesús… vendrá otra vez” dijeron los ángeles a los discípulos que
miraban maravillados a Jesús cuando ascendía de la tierra al cielo. Este mismo Jesús lo vemos descrito en los evangelios, y es la prueba de cómo es Dios realmente, un Dios de amor, de verdad y de justicia, que salvará a todos los que se acerquen a él. Al fin y al cabo, el amor echa fuera el temor… Así que ¿en qué clase de Dios creemos? ¿Confiamos en él? Como todo en la vida, depende de la relación que tengamos con él, y cómo esta persona ha actuado en el pasado. Volvamos a leer la Biblia y encontraremos ejemplo tras ejemplo de cómo Dios trata con personas que son como nosotros. Más que eso, la Biblia registra las intenciones de Dios, que luego la historia nos muestra que se volvieron realidad. La profecía cumplida es otra garantía de que Dios está “llevando a cabo su propósito,” y que podemos confiar en él. De modo que cuando Jesús dice “vendré otra vez,” (Juan 14:3),
nuestra confianza debe basarse en toda la prueba que Dios ha presentado ante nosotros a lo largo de la historia.
¿Por qué? Porque Dios es un Dios de gracia infinita, que siempre actuará justamente y lo hará especialmente en el juicio, obrando para traer todo a la rectitud. Este es un Dios que en verdad merece ser glorificado, un Dios que siempre actúa a nuestro favor, y que nos ama con amor eterno. ¿Cómo podríamos no amar a un Dios así?

Comentarios de Elena de White
Todo hecho, toda obra de justicia, misericordia y benevolencia producen música en el cielo. El Padre contempla desde su trono y cuenta a los que las ejecutan como sus más preciados tesoros. {The Review and Herald, 16 de Agosto de 1881} Cristo considera todos los actos de misericordia, benevolencia y cuidadosa consideración por los desafortunados, los ciegos, los cojos, los enfermos, las viudas y los huérfanos como hechos a él mismo; y estas obras están preservadas en los registros celestiales y serán recompensadas. {Testimonios para la Iglesia, Tomo 3, p. 562}
La misericordia es un atributo que el agente humano puede compartir con Dios. {IHP 238}

 

Preparado y escrito por: © Jonathan Gallagher 2016
Traducción: Shelly Barrios De Ávila.

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