Jonathan Gallagher Lección 12: Los últimos días de Jesús(2T 2016—Mateo)

Los últimos días de Jesús(2T 2016—Mateo)

Textos bíblicos: Mateo 26:1–16, Lucas 12:48,Mateo 26:17–19, 1 Corintios 5:7,Mateo
26:36–46,Mateo 26:51–75.

Citas
• Somos castigados por nuestros pecados, no a causa de ellos. Elbert Hubbard
• Nadie es más injusto en sus juicios sobre otros que aquellos que tienen un concepto muy alto de sí mismos. Charles Spurgeon
• Si lo que has hecho es injusto, no has logrado nada. Thomas Carlyle
• No te preguntes si esto o aquello es conveniente, más bien pregúntate si es correcto. Alan Paton

Para debatir
¿Por qué los líderes judíos buscaban un cargo por el cual ejecutar a Jesús? ¿Por qué simplemente no lo mataron? ¿Cuáles son las actitudes del sumo sacerdote y de Pilato respecto a la verdad? ¿Por qué Jesús no respondió con el esplendor de su gloria?¿No era esta su gran oportunidad? ¿Por qué no darles un estudio bíblico a los líderes políticos y religiosos que estaban allí?

Resumen bíblico
En este estudio del evangelio de Mateo queda faltando el capítulo 25, así que tomemos el tiempo para leer estas importantes palabras de Jesús. Mateo 26 nos presenta todo el relato del arresto y el juicio contra Jesús. Pero antes de esto vemos el ungimiento de Jesús por una mujer en la casa de Simón (identificada por Juan como María de
Betania), la última cena y el Getsemaní. Dediquemos tiempo para leer todo este relato. En Lucas 12:48 se hace énfasis en la responsabilidad individual, mientras que en 1 Corintios 5:7 se menciona el sacrificio de Jesús y la Pascua del Cordero.

Comentario
Los días finales de Jesús antes de su muerte revelan el profundo contraste de la verdad de Dios y las mentiras del Diablo. Pues al final Jesús murió en manos de los que se aferraron a su pervertida manera de pensar. Caifás dijo que era mejor que un hombre muriera y no todo el pueblo. Los farisaicos hipócritas estaban tan comprometidos con la
mayordomía al punto de pagar el diezmo de las especias que crecían en sus jardines, pero aun así ignoraban asuntos más importantes de la fe. Los farisaicos que vieron a Jesús como un blasfemo,esos que afirmaban conocer a Dios y aun así no pudieron verlo en medio de ellos. La ironía final es que los fieles pidieron que el Señor del Sábado fuera
crucificado y sepultado para así poder irse a casa a guardar el sábado. Es interesante que el Sanedrín también creía en la evidencia. Dice que estaban “buscando evidencias contra Jesús para poder matarlo.” De modo que el tema de la
evidencia no es suficiente; también tenemos que preguntar sobre nuestra actitud ante la evidencia, nuestra sinceridad, y cómo determinamos qué es verdad. Porque estos líderes no estaban interesados en la verdad, solo querían tener algo en qué fundarse para lograr su deseo de matar a Jesús. Incluso hoy, los regímenes corruptos buscan fundamentar sus actos en una legalidad falsa.
El juicio en realidad fue una manera de garantizar la muerte legal de Jesús. Él lo sabía, pero aun así estuvo dispuesto a responder la pregunta directa. Él erael Cristo, y a esto añadió su regreso en gloria. Esto era todo lo que el sumo sacerdote necesitaba.
Luego fue enviado a Pilato, pero Jesús no intenta tener una defensa. Concuerda con Pilato en que él es el rey de los judíos, sabiendo lo que esto significaba para un político. Sin embargo, Pilato no desea mandar a este hombre a la muerte solo para satisfacer a los líderes judíos, que claramente no le importan. Así que la investigación continua. En medio de todo esto Jesús representa a Dios aun en las circunstancias más difíciles. La tentación consistía en demostrar quién era él en un destello de gloria divina, lo que no habría dejado lugar a dudas. Pero Jesús se niega por completo a hacerlo, porque ello podría perjudicar su misión.
Pilato cede ante la presión, y después de mandar a azotar a Jesús, lo manda a crucificar, liberando al asesino Barrabás. ¡Cuánta diferencia se evidencia entre el reino de Dios y el de Satanás! Así de obvios son también los insultos que lanzan sobre Jesús estando en la cruz. Más que palabras, son tentaciones para hacerlo renunciar, para hacerlo caer en una conducta inadecuada, para vengarse. Imagínense la burla de los sumos sacerdotes, mostrando su verdadera condición espiritual. La misión de Jesús era revelar a Dios, no de una manera teórica como quien
comparte información, sino con todas las implicaciones del concepto bíblico de “conocer.” Esta experiencia íntima, basada en la demostración práctica está en el centro de nuestra salvación y la respuesta de Dios ante el universo por los cargos de Satanás contra él. Esto tampoco significa que Jesús vino a inaugurar una filosofía moral o a ser un
maestro más sabio. Su presencia misma trajo salvación, porque él es Dios encarnado, es la salvación hecha manifiesta. Como escribe C.S. Lewis en su libroGod in the Dock, “El concepto de un gran maestro de moral diciendo lo que Cristo dijo está fuera de cuestión… Podemos notar que él nunca fue considerado como un gran maestro de moral. Él no produjo ese efecto en ninguna de las personas que realmente lo conocieron. Básicamente,
él producía tres efectos: Odio, terror y adoración. No había rastro de alguna persona que expresara una ligera aprobación hacia él.” En la farsa de los “juicios” de Jesús vemos esto ilustrado. Ellos querían verlo muerto a todo costo. La verdad no importaba. El fin justificaba los medios. Y podemos ver que los temas del Gran Conflicto quedan claros aquí. La verdad de Dios sale victoriosa.

Comentarios de Elena de White
Sería bueno que cada día dedicásemos una hora de reflexión a la contemplación de la vida de Cristo. Debiéramos tomarla punto por punto, y dejar que la imaginación se posesione de cada escena, especialmente de las finales. Y mientras nos espaciemos así en su gran sacrificio por nosotros, nuestra confianza en él será más constante, se reavivará nuestro amor, y quedaremos más imbuidos de su Espíritu. Si queremos ser salvos al fin, debemos aprender la lección de penitencia y humillación al pie de la cruz. {El Deseado de Todas las Gentes, p. 63} Por fin, Caifás, alzando la diestra hacia el cielo, se dirigió a Jesús con un juramento solemne: “Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, Hijo de Dios.” {El Deseado de Todas las Gentes, p. 653} Cristo no podía callar ante esta demanda. Había tiempo en que debía callar, y tiempo en que debía hablar. No habló hasta que se le interrogó directamente. Sabía que el contestar ahora aseguraría su muerte. Pero la demanda provenía de la más alta autoridad
reconocida en la nación, y en el nombre del Altísimo. Cristo no podía menos que demostrar el debido respeto a la ley. Más que esto, su propia relación con el Padre había sido puesta en tela de juicio. Debía presentar claramente su carácter y su misión. Por un momento la divinidad de Cristo fulguró a través de su aspecto humano. El sumo
sacerdote vaciló bajo la mirada penetrante del Salvador. Esa mirada parecía leer sus pensamientos ocultos y entrar como fuego hasta su corazón. Nunca, en el resto de su vida, olvidó aquella mirada escrutadora del perseguido Hijo de Dios. {El Deseado de Todas las Gentes, p. 653, 4}
Preparado y escrito por © Jonathan Gallagher 2016
Traducción: Shelly Barrios De Ávila.

escuela sabatica jonathan gallagher

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