Jonathan Gallagher Lección 12. – ¡Dios es fiel! (4T 2025 Lecciones de Josué acerca de la fe)

Lección 12. ¡Dios es fiel!(4T 2025Lecciones de Josué acerca de la fe)

Textos bíblicos: Josué 21:43–45; 2 Tim. 2:11–13; Josué 23; Rev. 14:10, 19; Deut. 6:5.

Citas

  • Tuve una elección: podía creer las mentiras del diablo, en cuyo caso iba camino al suicidio, o podía creer en las promesas de Dios y ser sostenido en mi tiempo de prueba. — Angus Buchan
  • Dios nunca hizo una promesa que fuera demasiado buena para ser verdad. — D. L. Moody
  • El plan de Dios no es abandonar este mundo, el mismo mundo que Él dijo que era “muy bueno.” Más bien, Él tiene la intención de renovarlo. Y cuando lo haga, resucitará a todo su pueblo a una nueva vida corporal para vivir en él. Esa es la promesa del evangelio cristiano. — N. T. Wright
  • La fidelidad de Dios significa que Él siempre hará lo que dijo y cumplirá lo que ha prometido. — Wayne Grudem
  • La oración no consiste en vencer la renuencia de Dios. Es aferrarse a su disposición. — Martín Lutero
  • Las promesas de la Biblia no son más que el pacto de Dios de ser fiel a su pueblo. Es su carácter lo que hace válidas esas promesas. — Jerry Bridges

Para debatir
¿Cómo describirías la verdadera fidelidad? ¿Cómo decidimos si Dios es fiel o no? ¿Por qué podemos estar seguros de que Dios cumplirá sus promesas? ¿De qué maneras demuestra Dios su carácter fiel, especialmente en nuestra propia vida? ¿Por qué nos resulta tan difícil confiar en la fidelidad de Dios cuando las cosas no van bien? ¿Cómo se manifiesta la fidelidad de Dios en la gran controversia?

Resumen bíblico
Josué 21:43–45 afirma que todo lo que el Señor había prometido a los israelitas se cumplió. 2 Timoteo 2:11–13 confirma que Dios es digno de confianza. Josué 23 es el recordatorio de Josué a las tribus de Israel acerca de todo lo que Dios había hecho por ellos. Apocalipsis 14:10, 19 presenta el juicio sobre los malvados. «Estas palabras que hoy te mando estarán sobre tu corazón.” (Deuteronomio 6:5).

Comentario
El estudio de esta semana podría titularse: “Dios cumple sus promesas.”Pero, ¿cuál es la base para nuestra confianza en la fidelidad de Dios? Para poder confiar en alguien necesitamos conocerlo bien. Antes de prestar dinero a una persona, queremos asegurarnos de que nos lo devolverá. Necesitamos saber algo de ella para poder tener confianza. ¿Y cómo se desarrolla esa confianza? Pasando tiempo juntos, observando cómo actúa, viendo cómo se comporta.
Eso mismo debemos hacer con Dios. Él quiere recuperar nuestra confianza, y por eso toda la Biblia es un registro de cómo actúa y se comporta; una explicación de por qué podemos confiar en Él con seguridad. Sobre todo, Jesús, Dios hecho hombre, es la demostración de que podemos confiar en Él por completo. Con su vida y su muerte ilustró la verdad, dejó al descubierto la mentira del Diablo y nos mostró que el Dios de la voz suave y apacible es digno de fe.

La fe implica riesgo. Eso es lo que significa confiar. Tenemos evidencia suficiente para convencernos de que podemos confiar verdaderamente en nuestro Dios fiel, pero debemos ejercer esa confianza. Requiere acción concreta. No basta con decir que creemos. Tenemos que confiar en Dios y dejar que Él haga su obra en nosotros. De lo contrario, no soltamos el control y Dios no puede ayudarnos. Cuando llegue la crisis de la fe, escuchemos el susurro suave, la voz apacible, y hagamos lo que Él dice. Solo así confiaremos de verdad en Dios, y solo así tendremos la victoria: Dios y nosotros juntos.
Cuando Jesús estuvo en la tierra, tuvo tiempo para los niños. ¿Por qué? En Lucas 18:15-17 vemos a las personas trayendo a sus bebés a Jesús. No buscaban magia, solo querían que orara por ellos. Pero los discípulos pensaban que Jesús —y el Dios a quien representaba— no se molestaría en algo tan pequeño.

Por eso los apartaban y reprendían. Pero estaban tergiversando la fidelidad de Dios. Porque Jesús quería estar con los niños y sonreír con ellos. Quería mostrarles quién es realmente Dios. Y les dijo: “El Reino les pertenece. Y si no son como ellos, no entrarán en él.” ¿Qué quería decir con esto? Imaginemos a los discípulos pensando: ¿Cómo? ¿Tenemos que hacernos como niños? ¡Qué absurdo! ¡Qué ridículo! Después de todo, somos adultos, maduros. Pero Jesús estaba diciendo que debemos relacionarnos con Dios como un hijo lo hace con su padre: debemos confiar. O, usando la palabra religiosa, debemos tener fe. Una fe razonable, basada en la evidencia. Eso es lo que Dios quiere, no una fe ciega y sin reflexión que puede llevar a ideas equivocadas sobre Él. Debemos confiar como confían los niños. ¿Los niños conocen a sus padres? ¡Por supuesto! La imagen típica es la de una niña que se lanza desde un escalón alto a los brazos de su padre.

Esa confianza se basa en la experiencia: ella sabe que su padre la atrapará, porque lo ha demostrado una y otra vez. Él es fiel, la cuida, la ama, y no permitirá que caiga.
Así también nosotros. Nuestra confianza infantil en Dios se basa en la evidencia de que Él es completamente fiel y digno de confianza. Para eso está la Biblia: para mostrarnos cómo es Dios en su trato con la humanidad. Y eso fue lo que vino a demostrar Jesús en persona: que Dios es confiable, absolutamente y sin ninguna duda. Eso es lo que debemos descubrir en nuestra experiencia personal: que
podemos colocarnos en las manos de Dios sin reservas. Todo se resume en una sola cosa: confiar en nuestro Dios fiel.

Comentarios de Elena de White
Morar en fe es desechar los sentimientos y deseos egoístas, andar humildemente con el Señor, apropiarnos de sus promesas y aplicarlas en todas las ocasiones creyendo que Dios cumplirá sus propios planes y propósitos en vuestro corazón y en vuestra vida. {FV p. 124} Tenemos todo lo que pudiéramos pedir para inspirarnos fe y confianza en Dios. En las cortes terrenales, cuando un rey quiere dar la máxima garantía que asegure su veracidad, da a su hijo como rehén, para ser rescatado cuando se cumpla la promesa del rey. Y he aquí, qué prenda de la fidelidad del Padre, porque cuando quiso asegurar a los hombres de la inmutabilidad de su consejo, dio a su unigénito Hijo para que viniera a la tierra y tomara la naturaleza humana, no sólo por los cortos años de vida, sino para retener esa naturaleza en las cortes celestiales como garantía eterna de la fidelidad de Dios. ¡Oh, la profundidad de las riquezas tanto de la sabiduría como del amor de Dios! “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios”. 1 Juan 3:1. {Mensajes Selectos, Tomo 1, p.302} Tener fe en las promesas de Dios, avanzar por fe, seguir hacia adelante sin ser gobernados por las circunstancias, es una lección difícil de aprender. Pero aprender esta lección es una absoluta necesidad para cada hijo de Dios. Siempre se debe albergar la gracia de Dios otorgada por medio de Cristo; porque se nos da como la única manera de aproximarnos a Dios. La fe en las palabras de Dios, pronunciadas por Cristo cuando estaba envuelto en la columna de nube, habría capacitado a los hijos de Israel para dejarnos una historia muy diferente. Su falta de fe en Dios influyó para que su historia fuera muy distinta. Manuscrito 43, 1898. {Mente, Carácter y Personalidad, Tomo 1, p. 177}

Preparado y escrito por © Jonathan Gallagher 2025
Traducción: Shelly Barrios De Avila

IA Para Docentes
0 comments… add one

Leave a Comment

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.