Lección 10. Sobre quien han llegado los confines(2T 2025 Alusiones, imágenes y símbolos)
Textos bíblicos:Ap. 6:12-17; Mat. 24:36-44; Gén. 6:1-8; 2 Pe. 2:4-11; Gén. 18:17-32; Dan. 7:9, 10; 1 Corintios 10:11, 12.
Citas
- • ¡Despierta, despierta tú que duermes! Abre tus ojos, ponte en pie, y mira, contempla qué mar de sangre e ira hay aquí. Observa y cree; cree y considera; considera y teme; teme y huye; y date prisa en tu tarea. Tu labor es grande y poderosa; las distracciones son numerosas; tus adversarios son fuertes; tu fuerza es pequeña; tu tiempo es corto; tu responsabilidad es grande. La muerte y el juicio están a la puerta. Por lo tanto, levántate y ponte a hacer tu trabajo, ahora o nunca.John Fox
- • [Dios] enviará a las fuerzas espirituales de maldad, y a los ángeles que transgredieron y se convirtieron en apóstatas, y a los impíos, injustos, desobedientes y blasfemos entre los hombres al fuego eterno.Ireneo
- • El juicio más tremendo de Dios en este mundo es el endurecimiento del corazón de los hombres.John Owen
- • Algunos cristianos han eliminado toda la justicia, el juicio y el odio al pecado de la naturaleza de Dios, y no les queda más que un dios blando.A. W. Tozer
Para debatir
¿Cuál es nuestra perspectiva sobre el juicio del tiempo del fin? ¿Cómo se ve Dios como Juez? ¿Cuál es la mejor manera de presentar los aspectos positivos de los juicios sin recurrir a tácticas de miedo? ¿Cómo se relaciona esto con el concepto de interpretación profética? ¿Y qué tal presentar todo esto en el contexto del gran conflicto? ¿Buenas noticias acerca del juicio?
Resumen bíblico
Apocalipsis 6:12–17 detalla la apertura del sexto sello y las calamidades que siguieron, incluyendo el “juicio del Cordero”. Mateo 24:36–44 se refiere al tiempo desconocido de la venida de Jesús y cómo será como en los días de Noé y el Diluvio. Génesis 6:1–8 describe el plan de Dios para destruir la humanidad, con la excepción de la familia de Noé. 2 Pedro 2:4–11 habla de la destrucción de Sodoma y Gomorra, también descrita en Génesis 18:17–32. Daniel 7:9, 10 es la visión de la corte celestial en juicio. “Todo lo que les sucedió a ellos [los israelitas en el desierto] son ejemplos para nosotros y se escribió para advertirnos a nosotros, que vivimos cerca del fin del tiempo. Así que, si crees que eres lo suficientemente fuerte para mantenerte en pie, ¡ten cuidado de no caer!” (1 Corintios 10:11, 12).
Comentario de la lección
Una vez tuve un sueño sobre el juicio del tiempo del fin, el cual escribí. Vale la pena repetirlo aquí de forma abreviada… Grandes tronos están dispuestos en la galería circular sobre mí. El lugar está lleno de rico color púrpura, filigrana dorada y terciopelo negro: una escena imponente de majestad y poder abrumadores. Una campana pesada resuena con su lúgubre tañido de perdición; un órgano monstruoso hace estallar acordes arremolinados; un enorme gong retumba con un ruido ensordecedor y aterrador. Mi cabeza da vueltas, mi cuerpo tiembla, mi corazón se detiene.
Como un ratón preso del pánico, estoy a punto de morir de susto. Alrededor y sobre mí, esta inmensa maquinaria judicial avanza con toda su implacable dignidad y poder. Quiero que se abra una grieta en el suelo para desaparecer… Entonces, un millón de millones de ojos me observan. Manos señalan acusadoras. Desesperadamente busco una salida, pero en todas partes veo a esos mismos acusadores gritando: “¡Culpable! ¡Culpable!” Los cazadores tienen a su presa para el sacrificio, el acusado tiembla en el banquillo, el criminal se acobarda esperando ser condenado con justicia. Desde lo alto, la gran voz de mando resuena por las cámaras resonantes de este sobrecogedor juicio:
“¡QUE COMIENCE EL JUICIO!”
Quiero morir… Cierro los ojos y espero a que caiga el hacha. Esperando… esperando… Rogando: “Por favor, terminen con todo. ¡Soy culpable! Confieso. Pero háganlo rápido. No me atormenten más. Por favor…”
No pasa nada. Tras una eternidad de espera, abro los ojos lentamente. Un hombre vestido de blanco me sonríe. Toma mi mano y me lleva fuera.
“Pero ¿qué hay de esto…?” Me vuelvo y señalo la sala del tribunal, los dedos apuntando y los gritos de “¡Culpable!” Pero todo ha desaparecido. “Oh, ya no está. ¿Qué sucedió con el juicio? ¿Acaso no estaba a punto de ser sentenciado? Condenación temible y todo eso. Entonces, ¿qué pasó con esa imagen aterradora del Juicio Final de Dios?”
“No es así”, dice suavemente.
“¿Eh? Vamos, ¿qué pasa con ese texto? ‘Todos tenemos que comparecer ante el tribunal de Dios’ o algo así. Y recuerdo los sermones: ‘Y Dios golpeará sin piedad a todos sus siervos infieles…’”
“No es así”.
“Luego está el lago de fuego y el granizo de azufre y la agonizante quema de los transgresores de la ley. Ese es el juicio, y hay que cumplirlo. ‘En llama de fuego para dar retribución a los que no conocen a Dios.’” Sonrío para mis adentros: ¡Conozco los textos, pero este pobre tipo realmente no conoce su Biblia! “‘Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.’ Para que Dios sea verdaderamente bueno y justo, debe derramar su ira sobre los incrédulos rebeldes y castigar con fiereza a todos los que se niegan a obedecerlo. Es justo. Parte de la recompensa de los justos es librarse de esa quema viva mientras los malvados son castigados.”
El hombre de blanco no necesita decir: “No es así”. Lo veo en sus ojos entristecidos. Suspira: “¿De verdad crees que ese es el juicio del Juez justo? ¿Qué clase de final es ese? ¿Qué razón para ser bueno? Ciertamente, quienes rechacen mi sanidad, mis ofrecimientos de rescate y reconciliación, experimentarán los resultados de seguir su propio camino: la autodestrucción.
El salario del pecado es muerte. Pero yo no soy el Verdugo. No destruyo a nadie—ellos se destruyen a sí mismos. Además, ¿qué clase de persona dice ‘Haz lo que te digo o te quemaré vivo’?”
¡Tiene razón! Sólo un sádico, un dictador, un terrorista. ¿Es Dios realmente así? Pero debe haber un fin. Los buenos deben ser reivindicados al fin. Dios debe ser reconocido como justo. ¡Y los malvados deben recibir su merecido!
El hombre de blanco se vuelve lentamente hacia mí, sabiendo lo que pienso. Mirándome fijamente a los ojos, pregunta con suavidad: “¿Y qué mereces tú?”
Me quedo callado. No parece el momento ni el lugar para enumerar mi historial de buen comportamiento.
Entonces, ¿qué pasa con esta visión llena de terror del juicio? ¿Cómo se supone que debemos ver a Dios como el Juez justo? En el corazón del asunto está la pregunta real: ¿Cómo es Dios? ¿Él quiere amenazarnos, asustarnos para que vayamos a Él? ¿Usa “los sabuesos del infierno” para llevarnos de vuelta a Él en obediencia aterrorizada? ¿Es esta creencia en el juicio como una espada pendiente sobre nuestras cabezas, una amenaza constante que nos hace querer
a Dios porque tenemos tanto miedo de la Alternativa? ¿O es el juicio algo positivo?
¡Es hora de pensar! Seriamente.
Comentarios de Elena de White
Sin Cristo sólo puede haber condenación y una temerosa espera de una ardiente indignación, y la separación final de la presencia de Dios. Pero aquel cuyos ojos han sido abiertos para ver el amor de Cristo, contemplará el carácter de Dios lleno de amor y compasión. Dios no aparecerá como un ser tiránico e implacable, sino como un padre que anhela abrazar a su hijo arrepentido. El pecador clamará con el salmista: «Como un padre se compadece de sus hijos, así el Señor se compadece de los que le temen» (Sal. 103:13). Toda desesperación es barrida del alma cuando Cristo es visto en su verdadero carácter. {1SM 371}
Preparado y escrito por: © Jonathan Gallagher 2025
Traducción: Shelly Barrios De Avila




