Lección 10. Arrepentimiento y perdón
(2T 2026 Creciendo en nuestra relación con Dios)
Textos bíblicos:Isa. 61:10; Ose. 6; Hech. 3:18, 19; Éx. 34:1–10; Rom. 6:23; Mat. 22:1–14; 1 Juan 1:9.
Citas
- Dios no busca retribución, sino arrepentimiento. Lo que sana una relación rota es el amor sincero y la contrición. Frederica Mathewes-Green
- Nada borra el pasado. Hay arrepentimiento, hay expiación y hay perdón. Eso es todo, pero eso es suficiente. Ted Chiang
- El perdón rompe la irreversibilidad del pasado. Es deshacer lo que ha sido hecho. El arrepentimiento y el perdón—los dos grandes dones de la libertad humana—redimen la condición humana de la tragedia. The Koren Sacks Yom Kippur Machzor
- El verdadero arrepentimiento implica un cambio de corazón y no solo un cambio de comportamiento. Ezra Taft Benson
- Todavía hay personas que insisten en que debemos predicar sobre el arrepentimiento. ¡Pues yo no estoy de acuerdo! Creo que deberíamos hacerlo a la manera de Dios: predicar la bondad de Dios y permitir que la bondad de Dios lleve a las personas al arrepentimiento. Joseph Prince
- Cuando era niño solía orar todas las noches por una bicicleta nueva. Luego me di cuenta de que el Señor no trabaja de esa manera, así que robé una y le pedí que me perdonara. Emo Philips
Para debatir
¿Cuál es el problema de enfatizar la idea de que simplemente estamos cubiertos por una vestidura que se encarga de nuestros pecados? ¿Por qué la mayoría de los sistemas de creencias enfatizan la necesidad de perdón en lugar del cambio espiritual? ¿Por qué tantos predicadores usan el miedo en lugar de enfatizar que la bondad de Dios debería llevarnos al arrepentimiento? ¿Qué nos dice esto acerca del carácter de Dios?
Resumen bíblico
Isaías 61:10 habla del profeta “vestido con ropas de salvación”. Oseas 6 es un llamado a volver al Señor para recibir sanidad. “Arrepiéntanse y cambien su manera de vivir, para que sus pecados sean borrados, y el Señor les conceda tiempos de alivio y restauración” (Hechos 3:19). Éxodo 34:1–10 es la auto-revelación de Dios cuando Moisés recibió el segundo conjunto de los Diez Mandamientos. “La paga del pecado es muerte, pero el regalo de Dios es vida eterna en Cristo Jesús nuestro Señor” (Romanos 6:23). Mateo 22:1–14 es la parábola de Jesús sobre el banquete de bodas. “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).
Comentario
Si seguimos a los fariseos y su sistema de cumplimiento de la ley, solo vemos el pecado como quebrantar reglas. Pero es mucho más que eso: es la destrucción de una relación con Dios y el rechazo de los principios fundamentales de la verdad y lo correcto. Cuando regresamos a esa relación correcta con Dios, entonces el pecado deja de ser una preocupación por reglas y pasa a ser algo aborrecible, algo que ni siquiera consideraríamos hacer.
Porque el pecado no es simplemente desobedecer un conjunto de instrucciones, sino desconfiar de Dios, no creerle y rechazarlo. Por lo tanto, solo cuando se restaura una confianza total en nuestro Dios digno de confianza puede restablecerse la armonía del universo de Dios.
Porque es la bondad (o también traducido como “benevolencia”) de Dios la que nos lleva al arrepentimiento (Romanos 2:4), no el miedo al castigo por quebrantar leyes. Si aún tememos, entonces no amamos verdaderamente:
“En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. El que teme no ha sido perfeccionado en el amor” (1 Juan 4:18). La relación correcta depende de conocer a Dios tal como realmente es y de estar de acuerdo con Él en que su camino es completamente correcto—por eso llamamos bueno a Dios. Solo cuando entramos en esa relación de amor con un Dios verdaderamente bueno, que desea sanar y salvar, entonces puede repararse el daño del pecado y refutarse las acusaciones del diablo.
Así que cuando hablamos de arrepentimiento y perdón, no se trata de ser declarados “no culpables”. Es reconocer la necesidad de cambio y sanidad. Restauración. Cura. Sanidad. Dios rehaciendo su imagen en nosotros. Eso es lo que Dios quiere hacer, no que vayamos a Él y digamos “por favor perdóname” y luego continuemos viviendo de la misma manera. ¡Dios está mucho más interesado en quitar nuestro deseo de pecar que en simplemente quitar pecados específicos!
Por eso, cuando Pedro preguntó a Jesús acerca del perdón, no comprendió el punto. Los judíos decían que se debía perdonar cinco veces. Pedro, al decir siete, pensó que estaba siendo muy generoso. Pero el “setenta veces siete” de Jesús expresa el tipo de actitud que caracteriza el verdadero perdón. Y por eso no debemos limitar el perdón de Dios.
Entonces, ¿qué significa esto para la manera en que vivimos y tratamos a los demás? Debemos recordar que “no recibimos el perdón porque perdonamos, sino que perdonamos porque recibimos el perdón. El fundamento de todo perdón es que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” Elena de White, Signs of the Times, 14 de abril de 1895. Como resultado, debemos “ser bondadosos y compasivos unos con otros, perdonándonos mutuamente, así como Dios en Cristo nos perdonó” (Efesios 4:32).
El deseo de Dios para todos nosotros es que estemos en buena relación unos con otros y en unidad con Él. Para lograrlo, debemos acudir al único que puede ayudarnos. Y en este caso, el perdón no es suficiente. Cuando estamos enfermos y vamos al médico, él no dice: “te perdono”. Él intenta ofrecer una cura. De la misma manera, cuando estamos espiritualmente enfermos, Dios no solo dice: “te perdono”. Él entra en nuestra vida y comienza el proceso de cambio y sanidad,
restaurándonos completamente.
Porque incluso si rechazamos su ayuda y finalmente morimos, como un médico que asiste al funeral de un paciente que rechazó su tratamiento, Dios aún podría decir: “te perdono”—pero estaremos muertos. El perdón nunca puede ser suficiente por sí solo; debe llevarnos a esa unidad con Dios que es la vida eterna.
Porque es Dios quien trata con nuestra culpa, quien perdona toda nuestra maldad y quien nos sana de la enfermedad del pecado. Más allá de declaraciones legales de perdón, Dios restaura la relación rota y nos rehace nuevamente a su imagen.
Comentarios de Elena de White
Jesús conoce las circunstancias que rodean a cada alma. Tú puedes decir: Soy pecador, muy pecador. Puedes serlo; pero cuanto peor seas, tanto más necesitas a Jesús. Él no se aparta de ninguno que llora contrito… Ordena a toda alma temblorosa que cobre aliento. Perdonará libremente a todo aquel que acuda a él en busca de perdón y restauración…{MGD 118.4} En el momento en que pedimos perdón con contrición y sinceridad, Dios perdona. {ST, 4 de septiembre de 1893}
Cristo atrae al pecador mediante la manifestación de su amor en la cruz, y esto ablanda el corazón, impresiona la mente e inspira contrición y arrepentimiento en el alma. {RH, 1 de abril de 1890}. Los preceptos judíos imponían a los hombres el deber de perdonar cinco ofensas, y Pedro pensó que al sugerir siete veces había alcanzado con ello el límite de la paciencia humana. Pero Jesús le hizo comprender que quienes tienen la mente divina y están imbuidos del espíritu divino otorgarán el perdón sin límites.
El plan y fundamento de la salvación es el amor, y es el principio que debe gobernar a la familia humana. Si Cristo limitara su misericordia, su compasión y perdón a un cierto número de pecados, ¡cuán pocos se salvarían! {ATO 41.4} Él [Jesús] presentó a los hombres aquello que era exactamente lo contrario a las representaciones del enemigo acerca del carácter de Dios, y buscó impresionar en ellos el amor paternal del Padre, quien “de tal manera amó al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16). Exhortó a los hombres a la necesidad de la oración, el arrepentimiento, la confesión y el abandono del pecado. {Traducción de Christian Education, p. 74}
Preparado y escrito por: © Jonathan Gallagher 2026
Traducción: Shelly Barrios De Ávila




