EL SÁBADO ENSEÑARÉ…
RESEÑA
Texto clave: 1 Juan 1:9. Enfoque del estudio: Gén. 3:7, 21; Éxo. 34:1-10; 1 Juan 1:5-10; Isa. 61:10; Ose. 6.
Esta lección es una respuesta al examen de la naturaleza del pecado que hicimos la semana pasada, cuando consideramos la desesperanza que genera nuestra condición pecaminosa. En esta ocasión consideraremos la respuesta de Dios al problema humano del pecado.
Tras la caída de la humanidad, Dios no permaneció distante ni indiferente a nuestra miseria. En el momento señalado, el Hijo de Dios adoptó la naturaleza humana y descendió para llevar a cabo una operación de rescate. Cristo murió por nuestros pecados, pagando e n la Cruz el alto precio de la justicia por nuestra salvación.
Desde entonces, ha intercedido en el Cielo por nosotros para asegurarnos un lugar con él en su reino. Y ahora, en el tiempo del fin, Jesús nos exhorta a través de su Espíritu a que abandonemos nuestros caminos pecaminosos, que conducen a la muerte, y a que aceptemos su regalo de la vida eterna. La única solución para el problema del pecado es escuchar el llamado al arrepentimiento (Ose. 6).
La semana pasada aprendimos que, como pecadores, estamos en una condición perdida, separados de Cristo, y que, por lo tanto, andamos en tinieblas (1 Juan 1:6). Esta semana aprenderemos cómo salir de las tinieblas y entrar en la maravillosa luz de Dios (1 Juan 1:7). Sin la misericordia de Dios, manifestada en Cristo Jesús, nuestro pecado es imperdonable y somos esclavos de él y de la muerte (Gén. 2:17; Rom. 5:12).
En la lección de esta semana analizaremos cómo permanecer vivos en Cristo y cuán asombroso es el maravilloso don de la gracia divina (Éxo. 34:1-10). Sin este don, estamos, como Adán y Eva en ocasión del pecado original, avergonzados de nuestra desnudez (Gén. 3:7). Esta semana veremos también cómo la gracia de Dios nos cubre, tal como cubrió a Adán y a Eva cuando se arrepintieron (Gén. 3:21; Apoc. 7:13-17; Mat. 22:12).
COMENTARIO
El llamado de Dios al arrepentimiento (Ose. 6). La palabra hebrea shub se refiere a la acción física de “regresar”, aunque también expresa el concepto espiritual del “arrepentimiento”. El verbo shub es clave en el libro de Oseas, donde el arrepentimiento constituye un tema importante a lo largo del documento. Este verbo se refiere al regreso de la esposa del profeta Oseas, la cual se había convertido en prostituta y se había alejado de su esposo (Ose. 2:7). La infidelidad de Gomer a su voto matrimonial representa la infidelidad de Israel a Dios. Por lo tanto, shub es también utilizado para referirse al arrepentimiento (literalmente, al “regreso”) de Israel a Dios (Ose. 3:5).
El verbo shub (“volver”) aparece al principio del capítulo 6 (vers. 1), donde se refiere al arrepentimiento de Israel para con Dios y, nuevamente, al final del capítulo (vers. 11). Esta estructura literaria conocida como “inclusión” funciona como un recurso que conecta el arrepentimiento de Israel con la promesa de su regreso del exilio. La situación personal del profeta con su esposa adúltera es utilizada una vez más como una metáfora viviente para representar la condición similar de Israel respecto de Dios. En este pasaje, el profeta recuerda a Israel su actual condición “despedazada” (Ose. 6:1) debido a que Dios ha destrozado a Israel como un león lo haría con su presa (Ose. 5:14). El profeta promete luego que Dios revivirá a Israel al tercer día, lo cual es una alusión a la resurrección espiritual del pueblo de Dios por parte del Señor.
En el antiguo Cercano Oriente se creía que una persona fallecida solo podía ser declarada muerta tras tres días de descomposición. La referencia a los “tres días” implica que la resurrección era, por así decirlo, un regreso a la vida. La misma analogía es aplicada en el Nuevo Testamento a la resurrección de Jesucristo “al tercer día, conforme a las Escrituras” (1 Cor. 15:4). Ten en cuenta que, en el antiguo sistema de cómputo inclusivo usado por los judíos, la fracción de un día era contada como un día completo, lo que significa que, por ejemplo, el lapso que va del viernes de tarde, cuando Jesús expiró, hasta las primeras horas del domingo, cuando resucitó, representaban para ellos tres días. El paralelismo entre las dos resurrecciones, la de Israel y la de Cristo, no solo permite una lectura tipológica del pasaje que relaciona la resurrección de Israel (el regreso del cautiverio) con la de Cristo. Desde la perspectiva del Nuevo Testamento, el paralelismo también contiene la lección espiritual de que el arrepentimiento garantizaría la promesa de que Dios “reviviría” a su pueblo, tal como Dios resucitó a su Hijo (1 Cor. 15:20; comparar con 1 Cor. 15:23).
Caminen en la luz de Dios (1 Juan 1:5-10). En Oseas, escuchamos el llamado de Dios al arrepentimiento, a volver a él. En la carta de Juan, escuchamos el llamado de Dios a caminar en su luz. La carta de Juan comienza con una referencia al “principio” (1 Juan 1:1), una alusión al evento de la Creación, “acerca del Verbo de la vida” (1 Juan 1:1). La misma asociación temática se encuentra en el prólogo del Evangelio de Juan, en el que el discípulo amado utiliza las palabras “en el principio” (Juan 1:1), aludiendo así a la primera expresión del Génesis, bere’shit, “en el principio” (Juan 1:1; comparar con Gén. 1:1). En el Evangelio de Juan, la luz y la vida están conectadas: “En él estaba la vida, y esa vida era la luz de los hombres” (Juan 1:4). Del mismo modo, Juan habla en su carta del Dios de la vida (1 Juan 1:1, 2) como el Dios de la luz (1 Juan 1:5). El apóstol utiliza el acontecimiento cósmico de la Creación como argumento para instarnos a caminar en la luz de Dios. Puesto que Dios, el Creador y Fuente de la vida, es “luz”, debemos caminar en su luz (1 Juan 1:7). Otra razón por la que este principio es importante es que, fuera de la luz de Dios, no solo estamos en tinieblas y somos incapaces de ver el camino correcto, sino también somos pecadores y, por lo tanto, necesitamos absolutamente la purificación y el perdón de Cristo (1 Juan 1:9).
Juan insiste, entonces, en el hecho de que todos pecamos. Nadie puede afirmar lo contrario (1 Juan 1:10). En el libro de Eclesiastés encontramos la misma advertencia. Después de mostrar la confusión resultante de la búsqueda humana de la sabiduría (Ecl. 7:10-18), el sabio advierte que es imposible que los hombres la encuentren por sí mismos (Ecl. 7:23). La única certeza que el autor de Eclesiastés ha encontrado en esta vida es que “Dios hizo perfecto al género humano, pero éste se ha buscado demasiadas complicaciones” (Ecl. 7:29, NVI). Por lo tanto, Eclesiastés enfatiza el hecho de que nadie en la Tierra puede merecer la salvación, pues todos somos pecadores (Ecl. 7:20). Por lo tanto, Salomón concluye que la única manera de salir de este problema es a través de Dios (Ecl. 7:18).
El carácter de Dios (Éxo. 34:1-10). Dios es quien da el primer paso para reconciliarnos con él. Él es quien nos ofrece el perdón. Israel experimentó esta realidad después de adorar el becerro de oro (Éxo. 32:1-6). Este “gran pecado” (Éxo. 32:21) los separó de Dios. Ninguna acción o mérito humano podía cerrar la brecha surgida entre el Cielo y la Tierra. Para simbolizar esta separación, Moisés rompió las tablas de la Ley que acababa de recibir de manos de Dios (Éxo. 32:15, 16). Moisés se presentó entonces ante Dios y le suplicó que perdonara al pueblo por su “gran pecado” (Éxo. 32:31-35). Cuando pidió a Dios que le mostrara su gloria (Éxo. 33:18), el Señor le respondió que le revelaría la gracia de su perdón (Éxo. 33:19). El texto que estamos analizando, Éxodo 34:1 al 10, es el cumplimiento de esa promesa. El enfoque y el énfasis de la declaración de Dios en estos versículos se basan en su gracia, la cual se expresa a través de cinco palabras:
* La palabra “compasivo”, traducción de la expresión hebrea rejem, que significa literalmente “útero”, evoca la intimidad del vínculo existente entre una madre embarazada y la criatura que se encuentra en su vientre.
* La palabra “bondadoso” se refiere a la idea de algo que se concede “gratuitamente” (hebreo jinam).
* “Lento para la ira” (literalmente “de nariz larga”) designa la inmensa paciencia de Dios.
* Los términos “amor y fidelidad” juntos se refieren a la tensión o equilibrio existente entre el amor y la justicia.
En el día del Juicio (Dan. 7:9-15; 8:14), la gracia de Dios asegura su perdón y su misericordia para con su pueblo.
Nueva túnica (Gén. 3:21; Apoc. 7:13-17). La razón por la que Adán y Eva sintieron la vulnerabilidad de su desnudez es que perdieron la vestimenta original de luz que los cubría. Esa vestimenta reflejaba la apariencia divina (ver Sal. 8:5; comparar con Sal. 104:1, 2).
La solución de Adán y Eva al problema de su desnudez fue cubrirse, un error que Pablo denunciará como justicia por obras (Gál. 2:16). Al hacerlo, la pareja humana estaba, de hecho, ocupando el lugar de Dios. Esta usurpación fue reparada más tarde cuando Dios vino a vestirlos (Gén. 3:21). De hecho, el episodio en el que Dios viste a Adán y a Eva es narrado en Génesis 3:7 en términos que recuerdan la confección humana de prendas de vestir. En ambos pasajes se utiliza el mismo verbo en la misma forma, wayya‘asu/waya‘as, “hicieron”/”hizo”. El eco de este verbo en ambos versículos significa que solo Dios tiene el derecho y la capacidad de cubrir a los pecadores. Dios inculcó esta lección a través de la institución de los sacrificios, los cuales prefiguraban la futura muerte sustitutoria de Cristo. El uso que Dios hizo de la piel de un animal implicaba que este había sido sacrificado (Lev. 5:5-10; 7:8). Así, la vestimenta sacrificial, cargada con su promesa mesiánica, sustituyó a las vestimentas hechas por el ser humano.
La historia registrada en Génesis acerca del cambio de vestimentas realizado por Dios tiene un significado tipológico. En sentido figurado, apunta a la futura túnica de justicia que Dios concederá a los salvados (Apoc. 3:5; 3:18; 19:8), quienes asistirán a la cena de las bodas del Cordero (Apoc. 19:9; comparar con Mat. 22:12).
APLICACIÓN A LA VIDA
Orientación para el maestro: ¿Qué relación existe entre el amor y la justicia? Para comenzar a explorar esta profunda pregunta con tu clase, pide a un alumno que lea la breve reflexión acerca de este tema que aparece a continuación. Analicen luego las siguientes preguntas.
* ¿Por qué la justicia sin amor no es justicia? ¿Por qué el amor sin justicia no es amor?
* Pide a tus alumnos que mencionen ejemplos bíblicos, históricos o de la actualidad que ilustren esta verdad. Invítalos a compartir sus hallazgos con la clase.




