Al principio, Isaías, como muchos de nosotros, era dolorosamente consciente de sus propias deficiencias, cuando vio a Dios en su trono en toda su magnífica gloria. Nosotros también, a veces nos sentimos totalmente inadecuados para las tareas que Dios requiere de nosotros, no importa cuán grandes o pequeños puedan ser.
Pero, Dios proporcionó un remedio para la reacio aceptación de su vocación de Isaías. Uno de los ángeles, un serafín (que significa “el ardiente”), tomó un carbón del altar de incienso de Dios y tocó la boca de Isaías con él. Este acto simbólico hizo que Isaías fuera más que dispuesta a representar a Dios y proclamar su salvación a los demás.
Sabiendo que Dios estaría con él, Isaías respondió con entusiasmo que estaba dispuesto a ir a cualquier parte y hacer cualquier cosa que elevara el nombre de Dios en la tierra. Nosotros tampoco deberíamos dudar en servir a Dios cuando nos llama. También tenemos la seguridad de que su espíritu nos permitirá lograr sus propósitos. Dios tiene un papel para cada uno de nosotros para difundir la verdad sobre Dios y permitir que otros experimenten la maravillosa alegría de conocer a su creador.




