Una descripción detallada de los comportamientos que marcan el tipo de hospitalidad que debemos tener se registra en la historia de cuando Abraham fue visitado por unos ángeles en su camino a Sodoma y Gomorra para verla destruida.
Abraham debía haber estado acostumbrado a salir al encuentro de extraños, fueran quienes fueran, cuando se acercaban a su campamento. Amablemente les ofrecería comida, agua y descanso del calor sofocante típico de esa parte del mundo.
Pero Abraham sintió que los viajeros que vio un día acercarse a su tienda tenían una misión divina. Al hacer todo lo posible para mostrar hospitalidad, Abraham esperaba ganarse la confianza suficiente para compartir su misión, cualquiera que fuera. Ellos amablemente respondieron a sus inquisitivas preguntas, motivadas por el amor de Abraham por Lot y su preocupación por aquellos que pronto enfrentarían un desastre masivo.
En varios lugares de la Biblia se nos dice que seamos hospitalarios y amables con los extraños. Es nuestro deber proporcionar alimentos, agua, refugio y otras necesidades de la vida a todos los que se cruzan en nuestro camino, independientemente de su raza, género o religión. Puede ser un gran primer paso para presentarles a nuestro bondadoso Padre celestial; y además, somos bendecidos al volvernos menos egoístas y más parecidos a Dios.




