Los discípulos sintieron muchas emociones confusas esos últimos tres días, desde que Jesús tomó su último aliento en la cruz hasta la maravillosa comprensión de que su Señor había resucitado de la tumba. Hubo un intenso dolor y pérdida de esperanza por perder a su Maestro, pero también temor por cuál sería su destino como Sus seguidores. ¿Serían ellos también perseguidos y castigados por su asociación con Jesús? Luego hubo dudas y confusión cuando las mujeres informaron que Jesús no estaba en la tumba donde había sido sepultado.
Finalmente, cuando Jesús se les apareció en carne, todos se alarmaron, pero luego tuvieron gran alegría al descubrir que tal vez no todo estaba perdido. Cuando Jesús les encargó llevar el mensaje del evangelio de que había resucitado a todo el mundo, sin duda se sintieron abrumados por su enorme tarea. Pero finalmente, felices de saber más plenamente cuál era la verdadera misión del Mesías para la humanidad, los discípulos procedieron a realizar su voluntad y se convirtieron en testigos fieles de la resurrección.




