Asc. Metropolitana MX Lección 4: Por las malas – Sábado 23 de Enero de 2021

Dios había hablado con el Rey Acaz a través de Isaías en el capítulo 7 acerca de “dos talones de fuego humeante”, a los que se les dijo que no temieran. Estos “agitadores” se quemarían rápidamente y ya no serían una amenaza. Estos “tea” se referían a Israel y Siria, cuyos reyes amenazaban con invadir Judá.

Cuando el rey de Judá se negó a pedirle a Dios una señal, Dios le dio una de todas formas (Isaías 7:14). Isaías 7:15, 16 describe el difícil momento que tendría Judá cuando se cumpliera la profecía. La cuajada y la miel eran la dieta de los nómadas, o vagabundos, lo que indicaba que aunque fueran indigentes, tendrían suficiente comida para sobrevivir.

La profecía de Isaías se cumplió probablemente en Acaz alrededor del año 734 A.C. En pocos años, Asiria conquistó tanto Israel como Siria. El soborno y la alianza que Acaz hizo con Asiria no habían sido necesarios.

Dios sabía adónde los llevaría la sed de poder de Asiria. Y sucedería muy rápido… “antes de que el Niño sepa rechazar el mal y elegir el bien”.

Los asirios tomaron la capital de Samaria en el 732 a.C., después de que Oseas, rey de Israel, se rebelara tontamente contra los asirios. Miles de israelitas perdieron su identidad en otras poblaciones, cuando fueron deportados. Isaías predijo que esto sucedería en Isaías 7:8. Dijo que Efraín (la tribu que reside en Samaria) “no sería un pueblo”.

La gente habla sobre todo de las consecuencias imprevistas de las Naciones Unidas, cosas que suceden sin previo aviso y que nos sorprenden. Pero este no fue el caso de Judá. El profeta Isaías había trabajado diligentemente para advertir y prepararles para las consecuencias que les alcanzarían en tan poco tiempo.

La buena noticia era que Siria e Israel ya no serían una amenaza. Pero la mala noticia era que Asiria, de la que habían intentado ser amigos, se convertiría en un enemigo aún más peligroso.

El resto del capítulo 7 ofrece una visión muy descriptiva del resultado de confiar en el hombre (“príncipes”), y no en el Señor (Salmo 118:9). Acaz no sólo rechazó la ayuda de Dios, sino que comenzó a adorar a los falsos dioses de Israel y Siria, porque durante un tiempo pareció que sus dioses habían sido buenos con ellos. Ver 2 Crónicas 28:20-23.

Fíjense en lo que el rey usó como pago (un soborno, como resultó ser) a Asiria. Una de las cosas a las que se renunciaba eran los tesoros de la casa de Dios. Dice en 2 Crónicas 28:22 que en el tiempo de angustia, Acaz se volvió aún más infiel a Dios. Esto puede suceder cuando ponemos nuestra confianza en el hombre y las cosas temporales, que no duran.

Radio Adventista
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