El Salmo 91 es uno de los salmos favoritos para leer e incluso memorizar. Habla del Señor como nuestro poderoso Protector. Las muchas imágenes que presenta nos resultan reconfortantes cuando nuestros problemas se multiplican y sentimos que no hay forma de escapar de ellos.
Las imágenes de este salmo fueron especialmente significativas para quienes vivían en esa antigua cultura. En el primer versículo leemos acerca de permanecer a la “sombra del Todopoderoso”. Dondequiera que hace un calor insoportable, encontrar un lugar a la sombra no sólo es un placentero alivio, sino que en su clima y cultura, también era un medio de supervivencia. El Señor guió a los israelitas en el desierto con “una columna de nube”, un bienvenido alivio del calor del día. (Éxodo 13:21).
Otra imagen significativa de encontrar refugio en una “fortaleza” se encuentra en el segundo verso. Cuando los ejércitos de guerra los amenazaron, buscaron un fuerte o una ciudad amurallada que les proporcionara un refugio seguro para sus familias, un lugar donde Dios los protegería de sus enemigos (Salmo 91:2).
Estar cubierto “con Sus plumas” y encontrar protección “bajo las alas” del Todopoderoso (Salmo 91:4) fue una hermosa metáfora de la amorosa protección de Dios. En numerosas ocasiones, los salmistas hablaron de esconderse bajo Sus “alas” (Salmo 17:8), de hacer de ellas su refugio (Salmo 57:1) y regocijarse allí (Salmo 63:7). Incluso Jesús usó esta imagen de alas cuando habló de Jerusalén en Mateo 23:37: “Cómo quise juntar a tus hijos, como la gallina junta a sus polluelos debajo de sus alas”




