Muchas veces la Biblia menciona el abundante amor y misericordia de Dios. No tiene límite y no tiene fin. No podemos hacer nada para impedir que Él nos ame, ni siquiera nuestro rechazo hacia Él. Tiene una gran compasión por todos en el universo. Además, Dios quiere que todos Sus hijos descarriados tengan vida. Él no quiere que nadie perezca (2 Pedro 3:9) y ha hecho todo lo posible para mostrarnos su amor.
Sin embargo, la naturaleza de Su amor no se basa en la fuerza o el miedo. Él nunca nos obligará a amarlo a cambio. Se debe evitar el miedo al intentar transmitir el amor de Dios. Él nos hace conscientes de las consecuencias de no amarlo, pero nuestra respuesta debe ser a un Dios amoroso, no a un Ser todopoderoso y que provoca miedo al que tememos desobedecer.
Si Dios puede amar incluso al pecador más despreciable, siempre debemos considerar también cómo nos relacionamos con él. Conocer su amor incomparable e ilimitado por todos nos ayuda a amar a los demás en nuestra vida, incluso a aquellos que consideramos despreciables.




