La vida de oración de Abraham quedó demostrada más tarde en la forma en que intercedió por Lot y los de Sodoma y Gomorra (Génesis 18). Su diálogo con los mensajeros de Dios fue el de amigo a Amigo, un verdadero modelo de lo que deben ser las oraciones. No dudó en compartir sus preocupaciones y apeló con humildad, pasión y persistencia a favor de su sobrino y de los habitantes de las ciudades. Las conversaciones de oración intercesora de Abraham han ayudado a convertirlo en un tipo de Jesús, que intercede por nosotros como nuestro Intercesor en el cielo. Véase Romanos 8:34 y Hebreos 7:25.
Cualquier misión que compartamos con Dios debe ir acompañada de mucha oración sincera guiada por el Espíritu. Sólo el Espíritu Santo puede hacer que nuestros amigos se sientan cerca de Dios. Ninguna palabra ni elocuencia de nuestra parte son suficientes para convertir el alma de cualquier persona que nos importe.




