Moisés nos reveló el primer indicio del amor de nuestro Padre. Él registró en Génesis que justo después de que la primera pareja pecó, Dios vino a buscarlos en el Jardín. Aunque se escondían de Él, por amor nuestro Padre celestial anhelaba interactuar con ellos como antes.
La Divinidad sabía de antemano que sería importante bajar a su nivel hasta el punto de que Su Hijo accedió a descender hacia ellos disfrazado de humano y recordarles el amor de su Padre.
Trabajando estrechamente juntos, el Padre y el Hijo encontraron una manera de penetrar en sus corazones mostrándoles de primera mano cuánto los amaba su Creador. El sacrificio que el Mesías hizo de sí mismo no dejó ninguna duda de que haría todo lo posible para que ellos volvieran a ser Su compañero y amigo por la eternidad.




