Jesús dio instrucciones expresas a sus seguidores para que amen a sus enemigos, los bendigan, les hagan el bien e incluso oren por ellos (Mateo 5:44). Es cierto que es difícil ver ese tipo de amor en muchos pasajes del libro de los Salmos. Pedir la destrucción de los malhechores opresivos, utilizando términos que son de naturaleza extremadamente violenta, hace que sea difícil reconciliarlos con el tipo de amor misericordioso que Jesús nos anima a tener. Véase, por ejemplo, Salmo 58:6-8 y Salmo 137:7-9.
Sin embargo, haz una evaluación honesta de tu propio corazón. ¿Qué tipo de retribución imaginarías y desearías para alguien que torturosamente asesinó a alguien que amas, por ejemplo? ¿Y qué tipo de venganza e indignación surge en nosotros cuando oímos hablar de atrocidades genocidas cometidas por individuos inhumanos y hambrientos de poder?
A lo largo de los salmos encontramos expresiones honestas y conmovedoras del corazón humano. Al final, sin la justicia prometida de Dios, nos quedamos con nuestras emociones más inquietantes y abrumadoras, que incluyen estos pensamientos de retribución violenta que encontramos en los salmos. Sólo Dios es capaz de llevar a cabo las consecuencias del pecado de manera misericordiosa. En el momento que Él elija, derramará Su indignación de una manera que erradicará el mal del universo para siempre.




