No somos los únicos que nos hemos preguntado dónde está Dios, que se siente abandonado por Él. Jesús mismo se sintió abandonado por su Padre al acercarse a la muerte en la cruz. Junto con el salmista en el Salmo 22:1, sus últimas palabras en el Calvario fueron “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46).
Juan registra que Jesús también dijo en la cruz: “Tengo sed” (Juan 19:28). Quizás hayas sentido la abrumadora necesidad de saciar tu sed física. Es bien sabido que morimos antes por falta de agua que por falta de comida. Muchas veces a lo largo de los Salmos encontramos al pueblo sediento de Dios (Salmo 42:1, 63:1 y 69:3).
Aunque a veces Dios parecía estar en silencio, los salmistas fueron bastante francos acerca de su necesidad de Él. Continuaron buscándolo, examinando sus propios corazones y suplicando el perdón de Dios y la intervención a su favor (Jeremías 29:12, 13).




