Hay más en hacer crecer nuestra relación con Dios de lo que quizá pensamos al principio. Pero, al igual que en nuestras relaciones humanas, especialmente en el matrimonio, nuestro amor nunca permanece igual. Cuanto más sabemos sobre una persona, más tendemos a amar y apreciar lo que hace por nosotros y con nosotros. Lo mismo ocurre con nuestra relación con nuestro Padre celestial.
Qué hermoso es pensar que nuestra relación con Dios no tiene fin. A lo largo de la eternidad, nuestro vínculo con Él sobrevive y se vuelve cada vez más valioso para nosotros. En la Ciudad Santa, tendremos el privilegio de estar más cerca de Él que de todas sus demás criaturas. Nuestras alabanzas a Él resonarán por todo el universo.
No esperemos a aprender todo lo que podamos sobre Dios, nuestro billete para salir de este mundo de pecado. Dios anhela darnos la bienvenida en Su reino celestial de paz y felicidad eternas. Algún día, residiremos en una ciudad con forma de cubo, 12.000 estadios en todas direcciones. Una ciudad cuadrada, con espacio de sobra para que Dios y todos sus hijos crezcan nuestra relación entre nosotros.




