EL SÁBADO ENSEÑARÉ.
Introducción:
Los temas bíblicos del Gran Conflicto y del Santuario celestial están inseparablemente entrelazados con el tema de la Ley de Dios y de su sábado, que está incluido en la Ley. De hecho, el Gran Conflicto comenzó con las acusaciones falsas de Lucifer contra el carácter de Dios, su Ley y los principios de su gobierno. El ángel rebelde propuso que somos seres autónomos, plenamente capaces de definir el sentido de la vida por nosotros mismos y de moldear nuestras relaciones y la sociedad de la manera que queramos. En última instancia, esta propuesta blasfema constituye el claro deseo de excluir a Dios de nuestra vida, de nuestras relaciones, e incluso del universo. Por esta razón, nuestra insistencia en la validez de la Ley de Dios no es una cuestión de legalismo ni de salvación por las obras, sino que, en la medida en que la Ley de Dios es la expresión de su carácter, esta se sitúa en el centro mismo del Gran Conflicto.
Defender la Ley de Dios es defender el carácter de Dios y su condición de Creador y legítimo Rey del universo, entronizado en su Santuario celestial. Defender la Ley de Dios significa que entendemos que Dios es la única fuente de normas morales y del sentido de la vida. Abandonar a Dios y sus principios de vida nos llevará al caos y a la muerte eterna. Por esta razón, los adventistas del séptimo día proclamamos las siguientes verdades bíblicas:
La inmutabilidad de la Ley de Dios.
El sábado como señal de la Creación y de la realeza de Dios.
El Santuario celestial como sede del gobierno de Dios y de la salvación en el universo.
El movimiento adventista como iglesia remanente, llamada a proclamar la última invitación de Dios a la humanidad para que regrese a su Reino.
La pieza central de la misión de la Iglesia Adventista del Séptimo Día es el mensaje de los tres ángeles de Apocalipsis 14. Este mensaje indica que el Gran Conflicto es una decisión entre dos principios diametralmente opuestos: el del diablo, que lleva a la perdición; y el de Dios, que lleva a la vida.
Temática de la lección:
El estudio de esta semana enfatiza cuatro temas principales:
1. La Ley de Dios, que incluye el sábado, es eterna e inmutable, porque representa el ser de Dios, su carácter, su condición de Creador y Rey del universo, y sus principios para la vida y las relaciones.
2. El Santuario celestial es la sede del gobierno de Dios y de su salvación.
3. El Gran Conflicto comenzó debido a los impulsos de Lucifer de usurpar el estatus y la autoridad de Dios.
4. Hacia el final del Gran Conflicto en la Tierra, Dios llamó a su iglesia remanente y la estableció. Dios comisionó a esta iglesia remanente para que proclamara su llamado final de misericordia a la humanidad, invitándola a aceptarlo como su Creador, Salvador y Señor, quien es la única Fuente y camino de vida.
COMENTARIO
El cristianismo y la Ley de Dios
Muchos cristianos tienen sentimientos encontrados respecto de la Ley de Dios. Por un lado, todos están de acuerdo, en diversos grados, en que la Ley de Dios es buena y necesaria. Incluso Martín Lutero, de quien muchos protestantes piensan que tenía una visión negativa de la Ley, dedicó una parte significativa de su Gran catecismo a comentar la importancia de la Ley de Dios para la vida del cristiano. En el prefacio del Catecismo mayor, Lutero confesó que, siempre que podía, recitaba los Diez Mandamientos, junto con el Padrenuestro, el Credo y los Salmos.
Por otra parte, a lo largo de la historia, los cristianos han encontrado razones y formas no solo para restar importancia a la Ley de Dios, sino también para cambiarla. Durante la época de los primeros cristianos y luego durante el medioevo, a los teólogos les resultó relativamente fácil cambiar el sábado. ¿Por qué? Como en el caso del Santuario, la integración del dualismo y la cosmovisión de la filosofía griega hicieron posible la desestimación del sábado. Si, según la filosofía griega, la esfera celeste carece de espacio, la existencia de un Santuario literal que ocupara espacio en el Cielo carecía de sentido. La ascensión de Jesús al Cielo en un cuerpo humano, material, literal y que se ubica en el espacio también era inaceptable para la filosofía griega.
Del mismo modo, si la esfera celestial es atemporal, un sábado literal, como tiempo sagrado, es irrelevante para Dios y para la religión. Sin embargo, el sábado es un tema demasiado obvio en la Biblia como para dejarlo de lado. Por esta razón, muchos cristianos primitivos y medievales aplicaron a la Biblia el método alegóricointerpretativo, el único que les permitía conciliar las cosmovisiones griega y bíblica. Según este método, el significado más importante de una enseñanza bíblica no es el literal, sino un significado espiritual, trascendente y atemporal. En consecuencia, concluyeron que los cristianos no necesitaban celebrar un sábado literal; en su lugar, podían sustituirlo por su significado espiritual, como un descanso abstracto y eterno en Dios. No es de extrañar, pues, que los cristianos no prestaran especial atención a la Ley de Dios en la época medieval.
Los reformadores protestantes cambiarían esta tendencia al volver a una lectura gramatical, o literal, de la Biblia. Por este motivo, los reformadores otorgaron a los Diez Mandamientos un papel destacado en la vida cristiana e incluso un lugar en los catecismos. Sin embargo, aun en estos documentos, la Ley de Dios se percibía como parcialmente autorizada. Por ejemplo, solo unos párrafos después de destacar la importancia de los Diez Mandamientos para la vida del cristiano, Lutero hace un comentario acerca del mandamiento del sábado. El Gran catecismo de Lutero concluye que el sábado es una ordenanza del Antiguo Testamento y no concierne a los cristianos, que fueron liberados de él por Cristo. A pesar de la reforma teológica que proponía, Lutero no pudo liberarse por completo de la atracción gravitatoria de los presupuestos filosóficos griegos y del modo de pensar cristiano tradicional.
En los tiempos contemporáneos, el dispensacionalismo ha encontrado otra excusa o forma de limitar la importancia de la Ley de Dios para los cristianos. La enseñanza fundamental del dispensacionalismo es que la historia de la salvación se divide en varias dispensaciones o períodos. Sin embargo, esta segmentación no es una simple periodización o división de la historia de la salvación. Más bien, en cada una de estas dispensaciones, Dios establece un pacto distinto con un grupo particular de personas, dándoles una revelación única y una responsabilidad diferente de los que pactaron con Dios antes. Una de las dispensaciones, la Ley, que abarca el período desde el Sinaí hasta la muerte de Jesús, se caracteriza por el pacto y la ley revelados en el Sinaí. Los dispensacionalistas piensan que la Ley fue revelada o “añadida” solamente a Israel, y no a otras personas antes del Sinaí o después de Cristo. Por esta razón, la Ley de Dios y el sábado no son relevantes para los cristianos.
Todas estas formas de rebajar o descartar la Ley de Dios conducirán finalmente al establecimiento de la marca de la bestia, una sustitución de la Ley de Dios por leyes humanas o demoníacas, incluso dentro del marco del cristianismo. Así, el sábado sería reemplazado por un falso día de reposo. La marca de la bestia representa precisamente la intención y el objetivo iniciales de Satanás en el Gran Conflicto: rechazar la autoridad de Dios y su Ley, y reemplazarlas con la autoridad y la ley propias del diablo. Los adventistas del séptimo día creen que Dios les ha encomendado la tarea de proclamar el mensaje de los tres ángeles, que llama a la gente a regresar al Reino de Dios; a aceptar y defender su Ley; a rechazar la marca de Satanás y la autoridad de los poderes de su bestia; y a unirse al pueblo remanente de Dios en el tiempo del fin, que espera el pronto regreso de Cristo (Apoc. 14:6-12). Por esta razón, los adventistas del séptimo día han incluido toda una creencia fundamental acerca de la Ley de Dios:
Los grandes principios de la Ley de Dios están incorporados en los Diez Mandamientos y ejemplificados en la vida de Cristo. Expresan el amor, la voluntad y el propósito de Dios con respecto a la conducta y las relaciones humanas, y son obligatorios para todas las personas en todas las épocas. Estos preceptos constituyen la base del pacto de Dios con su pueblo y son la norma del Juicio divino. Por medio de la obra del Espíritu Santo, señalan el pecado y despiertan el sentido de la necesidad de un Salvador. La salvación es totalmente por la gracia y no por las obras, y su fruto es la obediencia a los Mandamientos. Esta obediencia desarrolla el carácter cristiano y da como resultado una sensación de bienestar. Es evidencia de nuestro amor al Señor y de nuestra preocupación por nuestros semejantes. La obediencia por fe demuestra el poder de Cristo para transformar vidas y, por lo tanto, fortalece el testimonio cristiano (Creencia Fundamental No 19, “La Ley de Dios”, en Creencias de los adventistas del séptimo día, p. 320).
Esta creencia fundamental destaca al menos dos aspectos esenciales de la Ley de Dios. En primer lugar, la Ley de Dios es el reflejo del carácter de Dios y de los principios de su Reino (ver Sal. 89:14). Por ello, la Ley se encuentra en el corazón mismo del Santuario celestial, en el Arca del Pacto del Lugar Santísimo (Apoc. 11:19). Por esta razón, la Ley de Dios es eterna y se aplica a todas las personas en todo momento. Debido a que Dios, su naturaleza y su carácter no cambian, su Ley nunca ha cambiado; Jesucristo mismo declaró que él no había venido a cambiar la Ley, sino a cumplirla (Mat. 5:17-19); ¡y nunca dio autoridad a nadie de su pueblo, en ningún período de la historia, para rebajar ni cambiar su Ley, en todo o en parte!
En segundo lugar, la Ley de Dios es el reflejo de la naturaleza de amor y justicia de Dios, que se reflejan en los principios de su Reino. Según Pablo, “el amor es el cumplimiento de la ley” (Rom. 13:10); por esta razón, la Ley no puede oponerse al evangelio ni a la salvación. La Ley no es, ni fue ni nunca será el enemigo. Nuestros enemigos son el pecado y el diablo. La Ley de Dios es “santa, y el mandamiento santo, justo y bueno” (Rom. 7:12). La salvación es por la gracia de Dios y es aceptada y apropiada por la fe. Sin embargo, la salvación es obra del Espíritu Santo, cuyo objetivo es restaurarnos a nuestra condición original de hijos de Dios, que reflejan perfectamente su amor y su justicia.
APLICACIÓN A LA VIDA
Si te encuentras en un país no cristiano, ¿cómo entiende tu religión local el concepto de ley, en general, y de Ley divina, en particular? ¿Cómo podrías explicar la Ley de Dios a tus amigos en el contexto de tu cultura local? Si vives en un país cristiano, ¿qué relación tienen los cristianos de tu país con la Ley de Dios? ¿Cómo puedes compartir con ellos el mensaje adventista de la Ley de Dios?
1. En la mayoría de los países cristianos en la actualidad, podríamos debatir acerca del domingo versus el sábado como el día santo de Dios. Pero ¿y si vives en un país no cristiano? ¿Cómo podrías explicar a tus amigos la verdad con respecto al sábado y el Gran Conflicto? ¿Cómo podrías explicar también la marca de la bestia en un contexto no cristiano?
2. Compara la ley ceremonial con la Ley moral. ¿En qué se parecen y en qué se diferencian? ¿Qué revela cada una de estas leyes acerca de Dios? ¿Qué relación tiene cada una de estas leyes con Jesucristo?
RESEÑA
Texto clave: 1 Tesalonicenses 4:16, 17.
Enfoque del estudio: Mateo 10:28; Eclesiastés 9:5; Isaías 8:19, 20; Juan 11:21-25; 1 Tesalonicenses 4:16, 17; Mateo 24:23-27; Apocalipsis 16:13, 14; 2 Tesalonicenses 2:9-12.




