Sábado, Noviembre 16
El cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento
Lee para el estudio de esta semana
Juan 5:17, 20, 36-40, 46, 47; 13:18; 17:12; Jeremías 2:13; Zacarías 9:9; Juan 8:12-30.
Para memorizar
“Pero yo tengo un testimonio mayor que el de Juan. Las mismas obras que el Padre me encomendó realizar, esas mismas obras que hago testifican que el Padre me envió” (Juan 5:36).
En el Evangelio de Juan se aprecia todo lo que Jesús dijo e hizo como demostración de que era el Cristo, el Mesías prometido a Israel. Además, vino como un integrante del pueblo del Pacto, como un judío nacido en Belén, tal como lo habían predicho las Escrituras.
Sin embargo, como escribió Juan, “en el mundo estaba, y aunque el mundo fue hecho por él, el mundo no lo reconoció” (Juan 1:10).
¿Estaba en el mundo que él mismo creó, pero el mundo no lo conoció? Es una afirmación asombrosa. Como podemos ver en los cuatro evangelios, muchos no lo reconocieron como quien realmente era aunque deberían haberlo hecho, especialmente en vista de todo lo que Jesús dijo e hizo, y más aún, porque las Escrituras del Antiguo Testamento lo señalaban claramente.
Esta semana veremos otras maneras por las que Juan reveló a Jesús como el Mesías, y también por qué algunos siguieron rechazándolo a pesar de las poderosas evidencias de que era el Cristo.
¿Qué podemos aprender de sus errores?
Domingo, Noviembre 17
Señales, obras y prodigios
Además de los milagros específicos que Juan utilizó para señalar a Jesús como el Mesías, el evangelista también registró el debate más amplio acerca de las señales, las obras y los prodigios hechos por Cristo.
Las señales y los prodigios no eran en sí mismos la demostración de su mesianismo, pues muchos profetas, incluso falsos, también hacían presuntamente milagros. Juan no registró las señales solo porque destacaban a un gran hacedor de milagros; las señales que Juan registró tenían el propósito específico de demostrar que Jesús era el Mesías y que provenía de Dios Padre.
Lee Juan 5:17, 20, y 36 al 38. ¿Cómo describen estos versículos la relación entre Jesús y Dios el Padre, especialmente en el contexto de las señales?
Jesús utilizó las señales para mostrar su estrecha relación con el Padre. Los dos eran uno. Las obras demostraban que “el Padre está en mí y yo en el Padre” (Juan 10:38; ver también Juan 14:10, 11).
El propósito de la venida de Jesús era hacer las obras de aquel que lo envió, para que esas obras demostraran al mundo la procedencia divina de Cristo. Es decir, vino a hacer la obra que el Padre le había encomendado, y las obras que hizo fueron un claro testimonio de que él procedía del Padre.
Sin embargo, como ya hemos visto, a pesar de las poderosas señales y del testimonio de numerosas personas, muchos decidieron no creer.
Los líderes religiosos le preguntaron a Jesús: “ ‘¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente’. Respondió Jesús: ‘Se lo he dicho, y no creen. Las obras que yo hago en nombre de mi Padre testifican de mí’ ” (Juan 10:24, 25).
Si Jesús hubiera dicho directamente que era el Mesías, los líderes religiosos, siempre ávidos por encontrar alguna forma de entramparlo, se habrían abalanzado sobre él. Consciente de esto, Jesús señaló las obras que había hecho. Si Jesús hubiera dicho que era el Cristo, ellos podrían fácilmente haberlo negado. Pero ¿cómo podían negar las señales, las obras y los prodigios? Eran testimonios poderosos de quién era y de su procedencia divina.
¿Cómo podemos evitar tener un corazón duro como el de esos líderes religiosos? ¿De qué maneras podríamos estar luchando contra la obra de Dios?
Lunes, Noviembre 18
La autoridad de las escrituras
Además de los milagros y los testimonios específicos que Juan utilizó para señalar a Jesús como el Mesías, el evangelista también apeló a la autoridad del Antiguo Testamento y a sus profecías que anunciaban la obra de Cristo. El Antiguo Testamento es fundamental no solo para el Evangelio de Juan, sino para todo el Nuevo Testamento. El fundamento presentado por Jesús en favor de quién era, de dónde vino, qué hizo y qué haría fueron las Escrituras, el Antiguo Testamento, en el caso del Evangelio de Juan.
Lee Juan 5:39, 40, 46 y 47. ¿Qué aprendemos aquí acerca de la actitud de Jesús hacia la autoridad de las Escrituras?
A lo largo de los evangelios, Jesús señala reiteradamente la autoridad de la Escritura como testigo clave en favor de él. Por ejemplo, utiliza a menudo acontecimientos del Antiguo Testamento para señalarse a sí mismo y lo que hace. Un ejemplo de ello es su alusión al evento registrado en Números 21:5 al 9: “Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado” (Juan 3:14). Aquí, Jesús no solo se refiere al incidente histórico, sino además, al utilizarlo para señalarse a sí mismo, nos da la interpretación autorizada de lo que aquel evento histórico pretendía transmitir.
Jesús no es el único que usa el Antiguo Testamento para establecer este fundamento. Al comienzo del Evangelio de Juan, Felipe dice: “Hemos hallado a aquel de quien escribió Moisés en la ley, y también los profetas; a Jesús, el hijo de José, de Nazaret” (Juan 1:45).
Lee Juan 13:18; 17:12; y 19:24, 28 y 36. ¿Qué enseñan estos textos acerca de la autoridad de las Escrituras tal como la entendían Jesús y Juan? ¿Qué debería decirnos esto acerca del papel crucial que toda la Escritura debe tener también para nuestra fe?
¿Cuáles son las fuerzas que, sutil o abiertamente, operan hoy tratando de socavar nuestra fe en la autoridad de la Biblia? Comparte tu respuesta con la clase el sábado.
Martes, Noviembre 19
Profecías del Antiguo Testamento acerca de Jesús: Parte I
En una discusión con los líderes religiosos acerca de su identidad, Jesús se pronunció en favor de la autoridad de las Escrituras. A primera vista, parecería innecesario que lo hiciera, pues ellos creían en la Biblia. Sin embargo, lo hizo para mostrarles quién era, independientemente de cuán duros fueran sus corazones y de cuánto lucharan contra la convicción impulsada por la evidencia. Por su parte, Juan registra muchas citas directas y alusiones al Antiguo Testamento que señalan a Jesús como el cumplimiento de las promesas mesiánicas bíblicas.
¿Qué relación existe entre los siguientes pasajes del Nuevo Testamento y del Antiguo Testamento? Es decir, ¿cómo utiliza el Nuevo Testamento estos textos para dar testimonio en favor de Jesús?
Juan 1:23; Isaías 40:3
Juan 2:16, 17; Salmo 69:9
Juan 7:38; Jeremías 2:13
Juan 19:36; Números 9:12
No solo Juan, sino también Pedro, Pablo, Mateo, Marcos, Lucas y todos los escritores del Nuevo Testamento subrayan una y otra vez, bajo la inspiración del Espíritu Santo, cómo la vida, la muerte, la resurrección y la ascensión de Jesús de Nazaret al Trono de Dios son el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento.
Y, aunque Jesús estaba continuamente destacando ante los discípulos las Escrituras que predecían su ministerio, ¿cuándo entendieron ellos finalmente que las Escrituras lo señalaban a él? Fue recién después de que murió, resucitó y se les apareció. “Por eso, cuando Jesús resucitó de los muertos, sus discípulos se acordaron de que había dicho esto. Y creyeron en la Escritura y en la palabra de Jesús” (Juan 2:22; ver también Juan 20:9).
Miércoles, Noviembre 20
Profecías del Antiguo Testamento acerca de Jesús: Parte II
Jesús dijo a los líderes religiosos: “Ustedes escudriñan las Escrituras porque piensan que en ellas tienen la vida eterna. ¡Ellas testifican de mí!” (Juan 5:39). ¡Qué increíble afirmación acerca de sí mismo!
Las estimaciones varían, pero algunos estudiosos sostienen que Jesús de Nazaret cumplió cientos de profecías del Antiguo Testamento. Humanamente hablando, las probabilidades de que algo así ocurriera eran insignificantes, equivalentes a encontrar una aguja en un pajar en el primer intento, buscando a tientas y con los ojos vendados. No hay duda: el nacimiento, la vida y la muerte de Cristo fueron predichos por el Antiguo Testamento como evidencias contundentes de su identidad como el Mesías esperado. Juan menciona estos textos del Antiguo Testamento en numerosas ocasiones para dejar en claro quién era Jesús y por qué debemos creer en él y aceptar la salvación que nos ofrece.
¿Qué revela cada uno de los siguientes pasajes del Evangelio de Juan acerca de Jesús como cumplimiento de la profecía mesiánica?
Juan 12:13; Salmo 118:26
Juan 12:14, 15; Zacarías 9:9
Juan 13:18; Salmo 41:9
Juan 19:37; Zacarías 12:10; 13:6
¿Cuán firmemente arraigado estás en lo que crees? Si alguien te preguntara por qué crees en Jesús como el Mesías, ¿qué respuestas darías y adónde estarías dispuesto a ir en defensa de tu fe?
Jueves, Noviembre 21
Desde abajo
En nuestro estudio del Evangelio de Juan, hemos visto hasta aquí que él muestra que Jesús es el Mesías prometido, a quien el pueblo judío había estado esperando con tanto anhelo.
Sin embargo, muchos de los líderes religiosos, los guías espirituales del pueblo, eran sus mayores enemigos. ¿Por qué?
Lee Juan 8:12 al 30. ¿Cuál es la dinámica entre Jesús y estos líderes religiosos? ¿Qué textos explican mejor por qué muchos lo rechazaron?
Jesús dice que no lo conocen a él ni al Padre (Juan 8:19). Deberían haber conocido a ambos, pero se engañaban a sí mismos. Estaban tan atrapados en sus propias tradiciones y filosofías que lo rechazaron aun teniéndolo delante, y a pesar de los hechos y las palabras de Jesús que revelaban al Padre.
En segundo lugar, Jesús les dice: “Ustedes son de abajo” (Juan 8:23). En otras palabras, por muy religiosos que fueran, no eran hombres espirituales ni piadosos. Tenían “apariencia de piedad” (2 Tim. 3:5), pero eso era todo. Eran piadosos por fuera, pero incrédulos por dentro.
Esto no era nada nuevo: “Este pueblo se me acerca con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor hacia mí fue enseñado por mandato de hombres” (Isa. 29:13). Este mismo concepto fue repetido por Jesús siglos después, cuando dijo: “En vano me honran, cuando enseñan como doctrinas mandamientos de hombres” (Mar. 7:7). Sus enseñanzas y mandamientos eran “de este mundo” (Juan 8:23) y, como Jesús dijo entonces: “Yo no soy de este mundo” (Juan 8:23). Ya era malo que estos hombres se engañaran a sí mismos, pero la situación empeoró cuando descarriaron a otros. No obstante, y curiosamente, Juan dice que, como resultado del intercambio descrito en estos versículos, “muchos creyeron en él” (Juan 8:30).
A pesar del mal desempeño de los líderes, muchos judíos fueron capaces de descubrir por sí mismos quién era Jesús.
¿Qué lecciones extraes del intercambio de Jesús con los líderes religiosos? ¿Cómo podemos ser “de arriba” y no “de abajo”, y cómo podemos notar la diferencia?
Viernes, Noviembre 22
Para estudiar y meditar
Lee en El Deseado de todas las gentes, de Elena de White, el capítulo “ ‘No se turbe vuestro corazón’ ” (pp. 633-650).
“Cual tesoro de oro, la verdad había sido confiada al pueblo hebreo. El sistema de culto judaico, que llevaba la firma celestial, había sido instituido por Cristo mismo. Las grandes verdades de la redención se hallaban veladas tras los tipos y símbolos. Sin embargo, cuando Cristo vino no reconocieron a Aquel a quien señalaban todos los símbolos. Tenían la Palabra de Dios en su poder; pero las tradiciones que habían pasado de una generación a otra y la interpretación humana de las Escrituras escondieron de su vista la verdad tal cual es en Jesús. El valor espiritual de los sagrados escritos se perdió. El lugar donde estaba atesorado todo el conocimiento les estaba abierto, pero no lo sabían.
“Dios no esconde su verdad de nadie. Por su propia conducta ellos la oscurecen para sí mismos. Cristo dio al pueblo judío abundantes evidencias de que era el Mesías; pero su enseñanza exigía un cambio esencial en sus vidas. Ellos vieron que si recibían a Cristo tenían que abandonar sus doctrinas y tradiciones favoritas y sus prácticas egoístas e impías. Exigía un sacrificio el recibir la verdad invariable y eterna. Por lo tanto, no admitieron la más concluyente evidencia que Dios pudo dar a fin de establecer la fe en Cristo. Profesaban creer en las Escrituras del Antiguo Testamento, y sin embargo rehusaron aceptar el testimonio que contenían con respecto a la vida y el carácter de Cristo. Temían ser convencidos, no fuera que se convirtieran y se vieran impelidos a abandonar sus opiniones preconcebidas. El tesoro del evangelio, el camino, la verdad y la vida estaba entre ellos, pero rechazaron la dádiva más grande que los cielos pudieran conceder” (Elena de White, Palabras de vida del gran Maestro, p. 79).
Preguntas para dialogar:
¿Cómo edifican nuestra fe las profecías cumplidas en la vida de Jesús?
¿Cuáles son los tres o cuatro principales obstáculos que impidieron que los líderes religiosos creyeran en Jesús? ¿Cómo se manifiestan también hoy estos mismos obstáculos?
Haz una autoevaluación para determinar dónde reside hoy tu confianza. ¿Qué pasos puedes dar para fortalecer tu fe?
¿Qué debería enseñarnos tu respuesta a la pregunta final del lunes acerca de la autoridad de las Escrituras? ¿Por qué debemos rechazar cualquier cosa que ponga en duda la autoridad final de las Escrituras?





Que hermosa lección!!! Dios los bendiga.
Excelente lección