Lección 6 Edición Maestros. 4to Trimestre – El enemigo interno – Sábado 08 de Noviembre 2025

EL SÁBADO ENSEÑARÉ…

RESEÑA 

Texto clave: Jeremías 17:10. 

Enfoque del estudio: 1 Pedro 1:4; Josué 7; Salmos 139:1-16; Esdras 10:11; Lucas 12:15; Josué 8:1–29.

Después de una victoria decisiva sobre Jericó, Israel sufre una humillante derrota a manos del aparentemente débil ejército de Hai. Mientras Josué busca una explicación de Dios, se da cuenta de que el resultado de la batalla no solo surge de su incapacidad de consultar a Dios antes de marchar contra Hai. El fracaso no se puede achacar únicamente a la falta de preparación o a una estrategia militar inadecuada. Más bien, hay un enemigo dentro.

No, el enemigo no es un espía que le proporciona al adversario información crucial, sino que es uno de los propios israelitas. Al tomar el botín de Jericó, Acán había quebrantado las reglas de la guerra divina. La derrota que siguió sirvió como un recordatorio vital para Israel, especialmente para Josué, acerca del aspecto espiritual de estas batallas. Además, advirtió a Israel de que Dios no toleraría los pecados de su pueblo, así como no toleraba los pecados de los cananeos, especialmente al considerar la cantidad de luz que tenía Israel.

La transgresión de Acán, en sí misma, es bastante tonta; pero lo más sorprendente es la naturaleza impenitente y persistente de su pecado. La obstinación frívola de Acán impulsa a Dios a tratar con rapidez y de manera drástica su desobediencia. Este triste episodio, justo al comienzo de la conquista, ejemplifica la naturaleza insana del pecado. Esta semana, la historia de Acán nos invita a volver a examinar la terrible naturaleza del pecado.

 

COMENTARIO 

En la Biblia hay diferentes palabras para referirse al pecado. Las palabras más comunes en el Antiguo Testamento son hattah (generalmente traducida como “pecado”), ‘awon (traducida como “iniquidad”) y pesha (traducida como “transgresión”). El uso de estos términos diferentes muestra que el significado del pecado varía desde una desviación de un estándar, quedarse corto o no alcanzar un objetivo, o una rebelión consciente y abierta contra Dios. En Números 15:30, los pecados de esta última categoría se describen en los siguientes términos: “Pero el que peque deliberadamente, sea nativo o extranjero, ofende al Señor. Tal persona será eliminada de la comunidad” (NVI). La imagen de una persona que hace algo “con mano orgullosa” (traducción literal del hebreo “deliberadamente”) describe el acto voluntario y consciente de desobedecer al Señor.

No hay ningún sacrificio posible para quien persiste en este pecado, porque el pecador no manifiesta arrepentimiento por su pecado, ni reconoce su necesidad de un salvador. En Josué 7, Acán actúa “con mano orgullosa”, y como se niega a sentir remordimiento por su pecado, no se puede hacer nada más por él. Cada oportunidad de gracia durante todo el proceso endurece su corazón.

Lo absurdo de la actitud obstinada de Acán, a pesar de haber contemplado la división del Jordán en dos y el derribo milagroso de los muros impenetrables de Jericó, invita al lector a reflexionar sobre la naturaleza del pecado. George Knight señala con perspicacia la diferencia entre “PECADO” en mayúsculas y “pecado” en minúsculas. Mientras que el primero es la fuente, el segundo es el resultado; el primero es la enfermedad, el segundo es el síntoma. Muy a menudo las personas se ocupan solo de este último, que se manifiesta en su comportamiento, sin darse cuenta de que la conducta es un mero reflejo de lo que sucede en el corazón (George Knight, Sin and Salvation: God’s Work for and in Us [Hagerstown, MD: Review and Herald, 2009], pp. 28-51). Esta noción del pecado como enfermedad explica el énfasis de Jesús en el “corazón”, en contraposición a los actos externos de obediencia, en sus diálogos con los líderes religiosos. Sin duda, al tratar cualquier enfermedad es necesario abordar los síntomas, pero el tratamiento no puede detenerse allí si se desea efectuar realmente la curación.

En este contexto, el PECADO, con mayúsculas, es la condición subyacente de los pecadores y, en consecuencia, es la actitud que los define como tales. Esta mentalidad es evidente en el intento de Lucifer de ocupar el lugar de Dios, y también se ve en el esfuerzo humano por ser como Dios en el Jardín del Edén. La actitud fundamental de los pecadores es el vano intento de ocupar el lugar del Creador. Como bien lo expresó Herbert Douglass: “El pecado es el puño cerrado de un ser creado ante su Creador. El pecado es la criatura que desconfía de Dios y lo destituye como Señor de su vida” (Why Jesus Waits [Nampa, ID: Pacific Press, 2002], p. 18).

Curiosamente, la palabra “pecado” no aparece en Génesis 2 y 3, pero la narración muestra que Eva intenta ocupar el lugar de Dios. En Génesis 1, cada día de la Creación usualmente termina con la evaluación de Dios de lo que acababa de crear. La secuencia “Dios vio” (r’h) que lo que había hecho era “bueno” (tov) aparece seis veces. Exactamente la misma secuencia aparece cuando Eva ve (r’h) el fruto del árbol y lo declara bueno (tov). Este uso de las palabras indica que el pecado original es el intento humano de ocupar el lugar de Dios al determinar lo que es bueno. La misma secuencia reaparecerá en Génesis 6 cuando los hijos de Dios vean (r’h) a las hijas de los hombres y las consideren “hermosas”, que es la misma palabra hebrea para “buenas” (tov), en Génesis 1 y 3 (comparar con Génesis 6:1, 2). Una vez más, la humanidad está tratando de ser Dios, con consecuencias desastrosas.

La abierta rebelión de Acán contra una orden explícita de Dios es similar al intento original de Lucifer de ocupar el lugar de Dios. En su ceguera, no pudieron darse cuenta de la necedad de su intento. Al final, fueron condenados, no por la incapacidad o la falta de voluntad de Dios para perdonarlos, sino por su insana persistencia en pensar que podían ser Dios, o convertirse en los dueños de su destino, un destino independiente de la Fuente de vida.

Aunque algunos podrían señalar la severidad del castigo de Acán como evidencia del contraste entre el Dios del Antiguo Testamento y el Dios revelado por Jesús en el Nuevo Testamento, la historia de Acán encuentra un paralelo en Hechos 5. En este capítulo, Lucas relata cómo Dios castigó el pecado de Ananías y Safira.

Existen varias similitudes entre estos dos incidentes. En primer lugar, ambas acciones se describen con la misma raíz verbal. En la Septuaginta, la traducción griega más antigua del Antiguo Testamento, se describe a Acán apropiándose (nosfizomai) de cosas dedicadas al Señor. El mismo verbo describe a Ananías y Safira reteniendo (nosfizo) para sí mismos lo que habían dedicado públicamente al Señor. En segundo lugar, en ambos casos, toman de cosas dedicadas a Dios. Una vez que Ananías y Safira dedicaron todas las ganancias de la venta de la tierra a Dios, estas le pertenecían a él. Por esta razón, sus pecados, como los de Acán, involucraron mentira y robo. En tercer lugar, ambos incidentes ocurrieron en un momento crucial para el pueblo de Dios: el comienzo de la conquista y el comienzo de la iglesia.

Tal vez por esta razón su ofensa fue castigada rápidamente. Al comentar sobre el juicio contra Ananías y Safira, Elena de White dice:

La Sabiduría infinita vio que esta manifestación señalada de la ira de Dios era necesaria para impedir que la joven iglesia se desmoralizara. El número de sus miembros aumentaba rápidamente. La iglesia se vería en peligro si, en el rápido aumento de conversos, se añadían hombres y mujeres que, mientras profesaban servir a Dios, adoraban a Mamón (Los hechos de los apóstoles [Florida: ACES, 2009], pp, 61, 62).

Lo mismo podría decirse del castigo de Acán. La idea de que Dios trata el pecado en el Antiguo Testamento con un criterio más duro que en el Nuevo Testamento es sencillamente errónea.

De hecho, Satanás engaña a muchos con la plausible teoría de que el amor de Dios por sus hijos es tan grande que excusará el pecado en ellos; asevera que si bien las amenazas de la Palabra de Dios están para servir a ciertos propósitos en su gobierno moral, nunca se cumplirán literalmente. Pero, en todos sus tratos con los seres que creó, Dios ha mantenido los principios de la justicia mediante la revelación del pecado en su verdadero carácter; demostró que sus verdaderas consecuencias son la miseria y la muerte (Patriarcas y profetas, p. 560)

La historia de Acán nos advierte sobre la naturaleza sombría del pecado, pero también muestra la gracia de Dios. Siglos después, Dios prometió a través del profeta Oseas transformar el valle de Acor, el lugar donde Acán y su familia fueron apedreados y enterrados, en una “puerta de esperanza” (Ose. 2:15). En verdad, él es el Dios de las transformaciones.

 

APLICACIÓN A LA VIDA 

Pecado y salvación 

En el mismo libro mencionado anteriormente en esta lección, George Knight sos- tiene que el pecado y la salvación se definen con la misma palabra: amor. En su opinión, el pecado es dirigir el amor hacia el objeto equivocado, específicamente, el yo. Por el contrario, la salvación también es amor, pero es amor dirigido al objeto adecuado, es decir, Dios.

1. ¿Estás de acuerdo con la explicación de Knight? Explica tu respuesta.

2. En caso afirmativo, proporciona un ejemplo práctico de cómo se aplica este concepto en la vida cotidiana.

La severidad del pecado 

“Un joven impertinente le preguntó a un predicador: ‘Usted dice que las personas no salvas llevan el peso del pecado. Yo no siento nada. ¿Cuánto pesa el pecado? ¿Diez kilos? ¿Ochenta kilos?’ El predicador respondió al joven preguntándole: ‘Si pusieras un peso de cuatrocientos kilos sobre un cadáver, ¿sentiría la carga?’ El joven respondió: ‘No sentiría nada, porque está muerto’. El predicador concluyó: ‘Tu espíritu también está muerto si no siente la carga del pecado o si es indiferente a su carga y se muestra indiferente ante su presencia’. El joven quedó en silencio” (Michael P. Green, 1500 Illustrations for Biblical Preaching [Grand Rapids, MI: Baker Books, 2000], pp. 334, 335).

1. ¿De qué manera el hábito de pasar todos los días “una hora de reflexión en la contemplación de la vida de Cristo”, especialmente en las últimas escenas, como lo propuso Elena de White, nos ayuda a comprender la verdadera naturaleza del pecado? (Ver El Deseado de todas las gentes, p. 63).

2. ¿Cómo se las arregla Satanás hoy para hacer que la gente tome a la ligera el pecado? ¿Cómo podemos evitar esta trampa?

IA Para Docentes
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